Bienvenidos a El Mundo según Cecilia

Ni en broma ni en serio sino que en ambas formas y gracias a la guìa de mi hija Elizabeth, aquì estoy dando a luz a mi cuarta intervenciòn en Internet, siendo mis anteriores websites www.cablenet.com.ni/historyarte , www.cablenet.com.ni/historia/histoper y www.cablenet.com.ni/rubendario .Soy Cecilia, historiadora y profesora de idiomas tan orgullosamente nicaraguense como nuestro rìo San Juan, tengo 48 años y 27 dìas al momento de comenzar este parto, y es un intento por saltarme la barrera de las censuras, derribar el muro de Berlìn de los convencionalismos gazmoños y evitar que mis aportes se vean entorpecidos por la mediocridad. Aquì encontrarèis mis artìculos sobre historia, mis relatos de terror que sacan tinta de la sangre de los campos de guerra de la Nicaragua violenta de los años80, mis pensamientos filosòficos y mi amor incondicional por los animales. Quizàs sea la màxima expresiòn del egocentrismo militante y el sadismo utilitario, pero os prometo que no estarèis indiferente a nada, que ya es algo en este mundo de tedio y aburrimiento. Pasad adelante y gozad, o a como dicen los "cops" en Estados Unidos: Relax and enjoy it!
Cecilia Ruiz de Ríos
31 de octubre de 2007,Managua


lunes, 3 de diciembre de 2007

El embrion de la rodilla


LA BALA PERDIDA
"La bala que me hiera será bala con alma" Salomón de la Selva
Cecilia Ruiz de Ríos
No sé por qué pero desde que nací en Estados Unidos sabía que estaba destinada a vivir uno de los romances más estrambóticos de todos los tiempos. Nada de mi apariencia o configuración me distinguía de tantas miles, millares de otras como yo, no era nada especial, pero desde ese momento recuerdo que me dije que iba a ser especial, memorable, inolvidable. No era un complejo de Mae West susurrando que vinieran a verme alguna vez.Yo tendría que ir a buscar ese destino inescrutable, increíble, único, irrepetible e inescapable. Era una gringa dorada más y punto pero algo me indicaba que estaba destinada a ser una protagonista fuera de serie. Pasé mucho tiempo aburrida, me sentía atada como en una caja de nada, gravitando en espera del suceso, de ese momento mágico en que iba a ser catapultada hacia el evento decisivo y único, esperado y temido a la vez. Comprendí lo que sentían los óvulos gravitando en la maduración de un ovario, o un feto esperando que se rompan las aguas y asomar al mundo. Pero mi fecha de encuentro ya estaba marcada por lo que los árabes llaman kismet, destino, si ud. Quiere fatalidad.
En 1984 conocí al gran amor de mi vida. Andaba con unos pantalones camuflados flojos, una cámara de video al hombro y exhibía un pelo de lianas de varios tonos del caoba. Nos conocimos en Jalapa, Nicaragua, tan lejos de mi sitio de nacimiento en Estados Unidos. La venían siguiendo y como era algo rolliza, le costó subirse a la escalerita que la adentraba al helicóptero militar que la regresaría a ella, otros militares y a 4 corresponsales europeos de vuelta a Managua. Un especie de ruidaje que era el ruido de gatillos, proyectiles silbando y las aspas del helicóptero me desorientaron un poco, pero cuando ya me supe ubicar, el encuentro se había dado.
La mujer se acomodó en el helicóptero junto a un chele francés más hediondo que todas las cebollas del mundo puestas juntas. Este chele la miró con alarma y le dijo que se mirara el pantalón lleno de sangre. Instintivamente la señorita miró a su entrepierna, el sitio más lógico si se es mujer en edad fértil. El francés tuvo la gracia de sonrojarse para decirle que no, no era la regla, sino más abajo. Fue cuando la mujer miró la pata izquierda de su pantalón hecha trizas, y un mar de sangre brotaba de atrás de su rodilla."Pero no sentí nada, merdouze, no sentí nada y me dieron! "recitaba como si estuviera declamando a Walt Whitman o a Guillermo de Aquitania si ése más les gusta.
Era como si estaba indignada que le habían pegado un tiro y ella era tan estúpida como para no haberse dado cuenta. Al lado suyo, un rubio nicaragüense con grados de capitán se sacó un gran pañuelo y le ataron un torniquete fuertemente para evitar que perdiera sangre. El rubio nica le acunó la cabeza entre sus brazos y le dijo,"Ya está,gorda,ya Bat! Ya te llevaremos al hospital militar, pero take it easy,okay?" Era obvio que le costaba sacar palabras tiernas a este hombre, pero era evidente que estaba terriblemente preocupado.Le fue hablando en inglés a lo largo del viaje del helicóptero, y yo iba entendiendo todo lo que le musitaba. Algunas cosas me desgradaban. Quién era él para tocar al amor de mi vida, y ella para dejarse? Yo no sabía que ella y el rubio, a quien llamaban el Rojo Eric eran amigazos desde que eran bebés, y una ráfaga de celos se apoderó de mí.
Una vez en Managua, la mujer fue llevada en una ruidosa ambulancia al hospital. El Rojo Eric se fue con ella. Lejos de los corresponsales extranjeros el hombre dio rienda suelta al llanto."No me perdonaré si te amputan la pata, Bat, tan buenas piernas que tenés, hijueputa, tu padre me matará!"La mujer medio se revolvía en la camilla y tenía una sonrisa rara en la cara, pero no decía nada más que un siseante shut up!A todo esto, una angustia enorme se iba apoderando de mí.
Qué sería de mí? Entrando a manos de los doctores, el Rojo Eric se quedó afuera prometiendo a la mujer que iba a llamar a sus padres. Los galenos procedieron a quitarle las botas y el pantalón a la mujer. La fueron limpiando y les oí decir que iba a ser un caso difícil. No fue hasta a eso de las 7 de la noche, tras incontables exámenes, radiografías, correlinas de los médicos y mucho ajetreo que pude estar en tranquilidad. Los doctores opinaban que debido a lo sucedido, estando el proyectil exactamente en la conjunción donde convergen fémur, huesos de la pierna y la rótula, iba a ser misión imposible hacer extracción alguna. Un hombre de transparentes ojos verdes que fumaba una pipa estaba al lado de la cama de la mujer.
Quedaba descartada la amputación y la extracción. La mujer aprendería a vivir con su proyectil de ahí en adelante. Con el paso de las semanas y los años, el orificio de entrada no dejaría mácula en la pierna perfectamente torneada de ella. Habría dolor con la luna tierna, los aires acondicionados y el frío de diciembre, y alertaría a los sistemas de seguridad de bancos y aeropuerto pues al pasar por ellos, el metal sería detectado.
"Por lo menos no te dio cerca del culo, como a tu tío que estuvo en el Desembarco,"le dijo el padre cuando la fue a sacar del hospital dos días después. Ahí estaba el Rojo Eric, a quien obviamente los padres de la muchacha no lo habían echado preso ni nada por el estilo."Bat, me podrás perdonar? Fui yo quien te llevé en misión,"le dijo el rubio con un asomo de vidriosidad en sus ojos grises."Fuck off, Eric, dejáte de carambadas." le dijo ella mientras yo me retorcía de celos.
A partir de ahí la fui conociendo. Y la comencé a amar con una posesividad viciosa que no creí que fuera capaz de sentir. Estuvo nuevamente de corresponsal de guerra en La Penca y casi se vuelve loca cuando estuvo hablando con un chico llamado Rubén, quien tenía un impacto profundo en el pecho. Bat afirmaba que habló con él toda la noche, pero fue grande su susto al regresar a Managua con el cadáver del recluta y el forense le dijo que llevaba un cerro de horas de muerto. Lloró por horas en el regazo de su padre y el Rojo Eric le dijo que si así se tomaba tan a pecho tantos reclutas muertos en la guerra, iba a pasar solamente con los ojos color tormenta más hinchados que sapos. Cada cierto tiempo la madre la obligaba a pasar consulta con diversos médicos para ver qué se podía hacer. Una vez le mandaron unas pastillas que la hicieron vomitar hasta lo que no había comido en siglos. Yo me sentía culpable de no poder aliviar su dolor. Nunca quise lastimarla, pero la adoraba tanto que no iba a poder soportar que me apartaran de ella.
Tras la muerte de sus padres en una tragedia aérea, se acabó la música de que volviera al médico. El único que podría haberla convencido de visitar más hospitales era el Rojo Eric, pero éste pobre estaba más atribulado que dado a hacer de encargo con sus propias sicosis. Me da la impresión que hasta Bat se cansaba a ratitos de ser su sicoterapeuta sin sueldo, y aunque estaban juntos en la misma unidad militar después que ella optó por ser militar de carrera, Bat nunca gastaba su paciencia. Trataba al Rojo Eric con una dulzura infinita, como una madre a un bebé hiperkinético El Rojo Eric la sentaba en su largo sofá en la oficina, le ponía una guitarra y le pedía que tañera el instrumento. Recordé a Farinelli cantando para disipar la melancolía de Felipe V de España. "Vos sos mi Orfeo y yo las bestias por domar..." decía el Rojo Erik.
Comencé a querer al Rojo Eric Me olvidé que me despertaba unos celos atroces y sin medida. Hablaban en inglés todo el tiempo, y el Rojo Eric le recordaba la vez que Bat le rompió la nariz de un puntapié cuando ambos cursaban secundaria en un colegio carísimo del cual lo único bueno que sacaron fue el idioma de Shakespeare. Otras veces ella le rememoraba cuando ella y un gordo judío lo encontraron en el piso del baño de varones de secundaria, vomitando y temblando de muerte blanca después que el Rojo Eric había consumido marihuana muy verde. Se partían de la risa recordando que quisieron echar presos a ella y al judío tras meter al Rojo Eric a la emergencia de un hospital. Creo que amé más a Bat por ver la alegría que le daba al Rojo Eric con su compañía.
Años después, cuando Bat se salió del ejército sin haber firmado un solo papel, el Rojo Eric seguía dependiendo de ella emocionalmente. Una tarde, ella estaba traduciendo unos documentos confidenciales de una transnacional cuando él la llamó desesperado. Tomando en cuenta que Bat tenía recibos urgentes por pagar de luz, agua y teléfono so amenaza de corte, ella le respondió que no podía abandonar la traducción pues ipso facto de haber finalizado, iban a pagarle de contado y en dólares. El Rojo Eric perdió los estribos y la insultó, gritando que si él se suicidaba iba a ser como si ella le metía el tiro en la cabeza pues no tenía tiempo para él. Bat de seguro ya había escuchado algo parecido en tantos años de amistad, y no hizo más que colgar el auricular. Al día siguiente, el Rojo Eric estaba muerto tras haberse tragado un tiro al mejor estilo Hemingway.Bat esta vez no pudo llorar. Tenía demasiadas otras cosas aque hacer, y el dolor no estaba contemplado en su agenda. Se quedó con una carga de conciencia más pesada que el mundo cargado por Atlas.
El dolor sí tendría que estar metido en su agenda cuando muchos años después le diagnosticaron que estaba diabética. Las neuropatías, esas vergonzantes estelas de dolor que silenciosamente padecen los azucarados, serían peores en su pierna izquierda debido a los antecedentes. Volvió a salir sobre el tapete la extracción del viejo proyectil que databa de 1984. Bat súbitamente quiso saber si era posible que se diera una extracción y fue a parar a un hospital para hacerse el ultrasonido. Reclinada en el diván, volteó sus ojos color tolvanera hacia la pantalla. Era la primera vez que miraba algo parecido. Recordó su embarazo cuando esperaba a sus traviesos gemelos y una oleada de calor maternal la invadió. Ahí estaba, chiquita, reluciente, bien acurrucada. Como un feto. Bat, recordando que ella en una ocasión casi fue abortada, se levantó del diván y abrazó su rodilla.Tenía dolor, pero sonrió."Bajo ninguna circumstancia me saco esta carambada. Sería como si hubiera abortado a mis hijos y yo no soy criminal. Me la quedo.La quiero.No se hable más del asunto."
Por fin pude respirar tranquila. Era amada !Aquí,dentro de Bat, a pesar de su alto conteo de glucosa y sus dolores, tengo el honor de seguir alojada en una preñez amorosa eterna. Cuando muera, seré sepultada con ella en la misma tumba, un privilegio que ni su esposo tendrá pues a él lo echarán en un hoyo aparte, aunque sea al lado de ella. Eso sí, guardadme un secreto! Nunca le diré que la bala de tiro 22 que segó la vida de su amigo el Rojo Eric cuando ella no lo escuchó... era mi propia hermana.

El Romance con un rìo



Juan
Yo sabía que ibas a quedarte conmigo, Manuela Valdivia, de por vida, más atada que en un matrimonio judío ortodoxo, desde esa primera vez en la fraticida década de los ochenta cuando te bajaste de un helicóptero y con unas manos incongruentemente masculinas, me tomaste suavemente y bebiste de mí. Andabas con un uniforme camuflado lodoso, y tras de vos venían varios reclutas del servicio militar gritando. Decían que ya era hora de irse, no capitán, no sea bruta le van a meter su semerendo rafagazo desde la otra orilla, pero nada. Estabas absorta viéndome, un genuino Coup de foudre como decís vos en tu francés de inflecciones parisinas. Flechazo sin retroceso. Más allá, el corresponsal gringo con cara de gorila benévolo y sudor asqueroso sacudía la cabeza. Claro que no te entendía. Yo sí. Estaba tan alegre como vos. Sabía que había logrado una conquista, y no un galanteo fácil. Era un affaire aux trés petit sérieux que iba a durar toda la vida. La tuya y la mía incluida, y eso que ignoro mi edad. Te fuiste, pero solo en cuerpo. Ya sé, ya sé, no me peleés, vos decías que no tenés alma. Pero algo tuyo se quedó conmigo. El helicóptero salió volando y vos en él, ya sintiéndote espeluznantemente incompleta.
Nunca te había pasado nada igual. A vos, tan mundana y pragmática, que recorriste los cuerpos de varios hermanos míos sin más que un breve aleteo que no llegó a ser orgasmo cósmico y definitivo. Ni la música de Bédrich Smétana te hizo sentir mayor cosa, aunque te montaste años atrás en Praga y anduviste en un bote sobre el Moldavia, oyendo el poema sinfónico del mismo nombre de Smétana, y solo alcanzaste a preguntarte por qué alguien quien hizo tan bella obra orquestal tenía que acabar más sordo que una tapia y más loco que una cabra que comió hongos alucinógenos. Te fijás a lo que me refiero? Querés más masa, lorita? Bueno, y la expresión de decepción, otra vez con tu eterna grabadora, oyendo las notas del vals Danubio Azul del mujeriego Juan Straus o las del Vals Ondas del Danubio( estrenado en París en 1889) del rumano Ion Ivanovici, allá en Viena, lamentándote que ni con la música lograbas la ilusión óptica de que el Danubio se viera azul y no café? Lo peor fue cuando un chele te dijo que buena parte de las poblaciones de sus orillas bebían agua de él y que provenía de dos riachuelos –el Brigach y el Breg oriundos de la Selva Negra en Alemania-que se juntaban para armarlo. Casi llorás…este no es el Danubio en el cual Marco Aurelio bañó a su gata Luna durante las Guerras Marcománicas, tampoco donde soñaba la Sissy Emperatriz. Casi le pedís al tipo del barco que te devuelva el dinero. Yo lo hubiera exigido. El que estafa y no te cumple el sueño completo, merece regurgitar el pago. Y doble.
Por eso es que no me asusté de saber que cuando llegaste a San Carlos, estabas tan absorta recordándome que te caíste del helicóptero a poca altura, pero eso fue suficiente para dejarte 2 vértebras lumbares fracturadas. No terminabas de razonar qué te había pasado. Porque vos tenés la maña de querer razonar todo lo que te pasa. Ese racionalismo francés que absorbiste en la teta intelectual de París, ay mujer, estaba destinado a ser tu perdición. Pero no tanto como yo.
En San Carlos estabas tan alelada que creíste hablar con un muerto, según vos pasaste hablando toda la noche con un chavalo que se llamaba Rubén y tenía ojos verdiazules como yo, pero que al llegar a Managua a bordo del mismo helicóptero en que te fuiste vos con tu corresponsal gringo, probó estar más muerto que una piedra. Hasta dijiste que de sus heridas manaba agua celeste, no sangre. Ya estabas obsesionada conmigo, Manuela Valdivia. Por quién en realidad diste alaridos de loba mal tirada, por la muerte del chico en la flor de la juventud, o por haberme dejado?
Era increíble eso que te estaba pasando a vos. Y eso que antes de que vos me conocieras, tuve inmensa competencia. Quién sabe negarse a una noche de otoño, con las flamíferas hojas de los boulevards parisinos cayendo al agua, con las luces de los bateaux-mouches, en el Sena? Olvidás que hasta hay poetas sepultados en sus riberas, y la bella Normandía se peina sus pastizales cabellos enamorando al río con leche y manzanas? El mismo tenía amores con Lutecia, vio nacer en Troyes a su hijo Chrétien, y en Ruán se horrorizó cuando asaron sin sal ni pimienta a la Juana de Arco en 1431. Y qué del azulado pero violento Rin en su desliz del Canal de Alsacia por la fría Estrasburgo, recuerdo asomándote a un puente y preguntándote cuántos se suicidaban ahí? No era para menos, pues la Batalla del bosque de Teutoburgo dejó tres legiones romanas muertas en el año 9 de la era cristiana, y el trauma fue tan grande para Augusto que no quiso meter más las uñas en Germania. No me digás que no sabías que con el Rin pasa lo mismo que conmigo, porque los franceses siempre han tenido jalones de mechas con los alemanes por él. Para 1840 se dio la crisis del Rin dado que el primer ministro francés Thiers hablaba de “la frontera del Rin” y por eso los alemanes compusieron la canción nacionalista La Mirada sobre el Rin y durante la Guerra Franco-Prusiana cuando el bulldog de Otto Von Bismarck arremetió contra el pusilánime Napoleón III y lo deschincacó en Sedán, esta canción fue casi un himno nacional.para los germanos? Cómo competir con el Támesis con su escolta de cisnes, que aunque la vieja cara de chancho de la reina Isabel II diga que son de ella, mío dice el gato cuando ni la cola es de él? Pero no, solo bastó recordar que Amy Johnson estrelló su nave en el estuario del Támesis para que no te gustara más.
Pero yo gané. Con tantas cosas contra mí, me han querido vender como esclavo de los intereses colonialistas, imperialistas y suciamente capitalistas como decís vos. Vi a una pobre bastarda quererse blanquear la tez al hablar siseado como castiza, y luego luchar cegada por su fanatismo de criolla, de española arrimada por el lado de los parientes pobres, y luego supe que se amargó criando chanchos, esperando que el rey español considerara que los patriotismos mal ubicados fueran pagados en abonos suaves. Ni los retoños le sirvieron para mucho a la señora, ya que a través de su rama genealógica la posteridad solo supo joderla y solo salió un mal presidente que incluso ni siquiera sabía ni qué talla de naguas se ponía su bisabuela la Paya que había nacido en Cartagena. Me quisieron manosear muchos hombres, sucios piratas con escorbuto y con manos y piernas menos, imbañables europeos geófagos. Cuando me conociste, aún sabiendo que una prostituta sureña con mala dentadura quería que fuera solo de ella, vos me has pertenecido sin condición. No te imaginás cómo el piojoso de Cristóbal Colón pudo ignorarme en su cuarto viaje en 1502, sin embargo una sonrisa surca como corbeta por la comisura de la mare nostrum tus labios cuando te recuerdo que nada menos que Samuel Langhorne Clemens, más conocido como Mark Twain, estuvo perdidamente enamorado de mí.
Muchas veces te esperé al atardecer, cuando todos los tonos desde el ocre hasta la púrpura real se lían en una breve pero intensa batalla tras mi ventana al Atlántico, pero no viniste. Hasta llegué a creer que te habías olvidado de mí, que es algo por lo que debés disculparme. Entre murmullos yo me repetía “que vuelve vuelve…ella ama a su Juan”. Y no me equivoqué. Un día te aburriste de ser un simple coronel, no quisiste ser combatiente de escritorio ni llegar a general por andar de cepilla del jefe. Tus mellizos ya estaban grandes, casados y con hijos, y tu esposo ya te había cambiado por una mujer más joven. Una noche, mientras hacías planes de estudio para los que estabas convencida que nunca serían guerreros aunque luego los becaran para Sandhurst o West Point, no quisiste quedarte quieta. Te pusiste tu uniforme de gala, con sus medallas, con las botas jungla nuevecitas aunque te sacaran ampollas.
Quiero pensar que solo fue un arranque de impaciencia, un mendrugo de patriotismo encendido como las ascuas que son los ojos del legendario pero inexistente diablo, pero no. Tomaste a 5 jóvenes tan infatuados como vos, dos de ellos pilotos, y no pudiste contenerte. Tu gato triste y azul te quedaría esperando como en la composición de Roberto Carlos, pero yo no me quedé burlado. No sé cómo esa carimbada vieja de helicóptero aguantó el viaje hasta acá, si hacía más ruido que una estufa vieja, pero ese ruido fue música para mí. Te precipitaste sobre una embarcación foránea armada, y a sus ocupantes solo les dio tiempo de decir que cuando uno es chancho le llueve la mierda del cielo, guevón,pura vida. Al caer el helicóptero estalló en una bola sonora de fuego y ellos quedaron vestidos de pura muerte. Las fotos del rescate de tus restos dieron la vuelta al mundo y nunca más se habló de Tribunal de la Haya donde nunca hubo posibilidad, ni de qué le pertenecía a quien ni nada. Vos, al caer sobre mí, habías dicho o Mío o de Nadie. No te equivocaste, hoy soy tuyo. Soy tu Juan, el Juan de la coronel Manuela Valdivia.
Curiosamente, hay quienes dicen que te han visto vagar de noche por tu antigua oficina en el campo de Marte. Llevas puestas las botas jungla y de tus heridas mana un torrente cristalino y aromático. Tu ex marido ahora se siente apabullado, y dice que el patriotismo es el refugio de los cobardes, porque si no lo dice la nueva mujer se le va con otro y lo manda a dormir al sofá. Es espantoso vivir bajo la sombra de alguien de tu talla.
Nunca más se habló de abrirme el vientre para hacer un canal por el cual pasara la carroña del capitalismo y la basura de la globalización, ni hubo más disputas por mí. Quizás porque ya es obvio que sigo siendo tuyo, el Juan de la Manuela. Nadie se imagina que yo te hice este relato para sentirme en tu compañía, porque para todos sigo siendo solo una atracción ecoturística, esa estela de agua azul que llaman Río San Juan y por la cual ningún hombre-aunque no sé si los políticos lo son, e.e.cummings los catalogaba de culos sobre los cuales todo menos un hombre se había sentado -quiso arriesgarse. A veces, cuando he estado recordando por mucho tiempo, mis aguas se tiñen de rojo. Pero esas sobremaquilladas edecanes que ni hablan buen inglés dicen que es solo efecto del atardecer, pero ningún ocaso dura más que unos instantes.

Cecilia Ruiz de Ríos. 7 de febrero del 2006.

Es todo traje de novia una?



LA MORTAJA

La muy desconocida sensación del miedo comenzó a roerle la piel a Gibraltar Brethous de Chatillon una tarde de lluvia en 1986, mientras con infinita paciencia las costureras de la Casa de Modas Reyna Isabell de Castilla le ajustaban las sisas a lo que sería un traje de novia único en su género. Gibraltar identificó la sensación como miedo aunque nunca lo había sentido siendo adulta porque le causaba una impresión de tener una mano de hielo cerrándole el culo y otra haciéndole masajes juguetones a la costilla rota de su costado izquierdo, la misma que le daba punzadas cuando la luna estaba tierna. Creyendo que estaba con un ataque de diarrea, le dijo a Reyna Isabell de Castilla-la diseñadora, y pordiosito que se llama así aunque de nobleza ibérica solo tiene la soberbia y un pavoroso copete rubio-“con permiso que si no voy a cagar me muero” a lo que la ruborizada artista del vestuario replicó que lo hiciera de pie dentro del vestido, porque más costaba volver a encajar de nuevo todo en su lugar que luego mandar el traje a la dry cleaning para que le sacaran la caca. Gibraltar Brethous resolvió aguantarse y casi una hora después, con los nervios a flor de piel y una sensación de mareo, se sentó en el perfumado inodoro de la oficina de la modista. No había nada de malo con su estómago. Pero era la segunda vez en el mes que le bajaba la regla. Alguien pisó mi futura tumba mientras me medía ese traje, alguien golpeó mi lápida imaginaria, es un sapo real en mi jardín imaginario de duendes, se dijo mientras se acomodaba la ropa.No era supersticiosa. Atea, práctica a punto de ser prematuramente pragmática como un estadista sesentón, Gibraltar Brethous a los 26 años ya había visto demasiadas cosas y estaba familiarizada con el correr de la vida mundana. Como la hija menor de un veterano de los campos de concentración nazi, estaba deprovista de prejuicios y miedos tontos. Ella misma había visto el rostro ensangrentado y putrefacto de la guerra, y había regresado de “más allá del dulce abismo”, a como tan eufemísticamente cantaba las cosas Silvio Rodríguez. Además, la vida parecía sonreírle. En noviembre, cuando la estación lluviosa fuera en mengua en Managua, se iba a casar con el hombre más hermoso que había visto. Sus padres iban a lanzar la casa por la ventana, y solo el traje costaría mil dólares con su diseño exclusivo de satén pesado, encaje de bolillo de Venecia, y rebordado a mano con perlas de semilla y lentejuelas tornasoladas. Solo eso es para parecer un toro encohetado, se decía ella riendo. La boda sería en la Iglesia del Carmen, con recepción y cena a la orilla de la piscina en el Hotel Intercontinental, y una orquesta con músicos importados para la ocasión de las sinfónicas de Costa Rica y El Salvador para que la cosa fuera de altura. El novio, Felipe Antonio de Molina y Mercalli, era un capitán del ejército sandinista con ojos de avellana, tez marmórea, graciosos lunares y apostura de príncipe de opereta. Era botarate, alocado, neurasténico como un caniche francés sobreprotegido, lleno de manías y propenso a ser maniático-depresivo, divorciado(aunque nunca se había casado por la iglesia con la primera mujer pues fue una boda a escopeta cargada para legitimar a Lautaro, su unigénito que ya venía en camino...),zalamero y fanático de Frank Kafka. Felipe Antonio juraba estar muriéndose por Gibraltar Brethous, quien invariablemente le contestaba que ella no era cáncer ni SIDA para estarlo matando. El romance había comenzado cuando él cometió el craso y fachento error de invitarla a comer a Los Ranchos una noche y ella se presentó ahí con dos amigas glotonas, el ex prometido de una prima casquivana, y la abuelita que había quedado en silla de ruedas. Tras quedar sin un cinco ni para pagar el pasaje del bus después de la pantagruélica cuenta que le salió en el restaurante a Felipe Antonio, se convenció que Gibraltar Brethous, con su extrañísima mezcla racial y arbol genealógico que remontaba hasta Guillermo de Aquitania el Trovador, Sofía Paleólogo y Brian Boru de Irlanda, era exactamente el tipo de esposa que deseaba y probablemente la madrastra ideal para su bebé rubio Lautaro. La llave dela infatuación dio tres vueltas para Felipe Antonio cuando le presentó a Gibraltar Brethous a su unigénito Lautaro. El niño echó los brazos a la extraña mujer de ojos transparentes y el amor a primera vista se hizo presente por ambos lados. A partir de entonces Gibraltar Brethous jamás dejó de amar a Lautaro de Molina. Por eso es que ahora, pescando un taxi para irse a casa antes que le cayera semerendo balde de lluvia, no se explicaba la sensación de miedo que le mordió los talones mientras se medía el traje con el cual sellaría su felicidad legítima.
La semilla del miedo comenzó a germinar en Gibraltar Brethous. No era algo constante, pero asomaba cuando el trabajo cotidiano disminuía su paso, saludaba desde una ventana semiabierta, se le untaba en los pantalones como el pelaje omnipresente de sus gatos Aníbal y Emilce, le salía en la comida vegetariana que ingería en cantidades navegables, y volvía a desaparecer. Era solamente cuando se medía el traje que la sensación cobraba intensidad mayor. A tal punto que en una de las últimas sesiones de talla, la misma diseñadora Reyna Isabell de Castilla-quien le había cobrado gran afecto a Gibraltar a pesar de ser tan distintas la una de la otra como mujeres-le dijo,”No tenés cara radiante, de novia feliz.” El comentario le pegó como un morterazo en la cara a Gibraltar Brethous.Qué ganas de desbravarse con la modista, confesarle que sentía remordimientos porque este traje cuesta lo que sería preciso para alimentar a buen número de familias pobres que hacen filas por conseguir comida, y es ridículo, Reyna, es el traje más inútil de todos, la envoltura de los puños de ley y tradición que van en mi boda, el empaque fino de la esclava sexual, el traje más costoso pero el que te quiere arrancar con mayor velocidad y sin delicadezas el hombre para ver ya y gozar de lo que pagó con su apellido y promesas vacuas de una fidelidad que no conoce ni en foto. Es la mortaja de mi independencia, la nota final de una marcha fúnebre a mi autodeterminación, seré solo la señora de Molina, la sombra de Felipe Antonio.
Un mes antes de la boda, el traje de novia fue envuelto en papelillos perfumados y depositado en su caja lujosa. El padre de Gibraltar Brethous pagó billete sobre billete los 1000 dólares completos, y el tesoro fue a parar al closet de tres cuerpos de la habitación de su hija. Era el período de incubación de un mes antes de estar destinado a ser lucido en la fastuosa boda. Como que se lo harten las polillas y se mueran de currutaca por haberse pataguineado algo tan costoso,se reía sola Gibraltar Brethous.
El día del cumpleaños de Gibraltar Brethous estaba a un mes exacto de la fecha de la ruidosa boda. Ya que iba a ser el último que celebrara estando soltera, sus padres optaron por agasajarla en grande en la misma piscina del hotel Intercontinental donde se haría el banquete de boda en noviembre. Gibraltar Brethous tenía recuerdos cómicos de dicha piscina pues cuando era una patuda adolescente que figuraba como el mejor cerebro de ciencia y a la vez como campeona de puñetazos de un colegio inefectivamente caro, en ese mismo escenario su primer ex novio-con quien había estado comprometida desde los 8 hasta los 13 años de edad en convenio matrimonial al mejor estilo de los judíos sefarditas-le había roto las narices a Lázaro Amadeo, el gordito cubano que la había acompañado a una fiesta escolar de lujo. Yusef, que así se llamaba el primer novio sin amor de Gibraltar Brethous, había saltado como sapo enfurecido sobre Lázaro Amadeo, acabando ambos en el fondo de la piscina. Tras el escándalo, Yusef había dicho que aunque ya tuviera 3 años de haber roto el compromiso con Gibraltar, los celos seguían intactos. Esta vez sería un asunto elegante y formal, y de seguro que los miembros de la nomenclatura del sandinismo y el ejército le reprocharían a Felipe Antonio por las costumbres “reaccionarias, despilfarradoras y pequeño-burguesas” de su prometida y pronto esposa.
Felipe Antonio jamás enfrentaría reproches de su comité de base o compañeros de armas porque no estuvo en la fiesta de cumpleaños de Gibraltar Brethous. Mientras ella esperaba, él se refocilaba en un vetusto motel en la carretera vieja a León con Maritza, la secretaria que desde hace un mes se le insinuaba allá en su base militar. Que Maritza tuviera esposo, dos hijos y el trasero repleto de celulitis no importaba. La mujer le traía ganas, y Felipe Antonio nunca había sido marica para negarle el cariño a una hija de Eva. Al salir del motel después de comprobar que Maritza creía que ser sexy era solo estar despatarrada en el lecho sin mover ni un dedo mientras Felipe Antonio gruñía y sudaba como animal torturado, el hombre creyó reconocer estacionado ante una pulpería el carro de Jean, el tío paterno de su prometida. Por más que este maje sea cochón no se va a quedar callado que me vio con una mujer en la parrilla de mi moto, tapas y patas le faltarán para irle con el cuecho a Gibraltar, sobre todo que el muy hijueputa considera que la boda de su sobrina conmigo es casarse muy por debajo de su nivel...jodido se me olvidó que el desgraciado vive por aquí en su finca donde cría caballos, pensó Felipe Antonio mientras enrumbaba su moto MZ plateada evitando salir por la carretera. Ya estaba a punto de salir hacia la carretera nuevamente cuando las luces de la moto se apagaron a causa de un mal contacto que Felipe Antonio no había detectado antes. En la súbita oscurana, Felipe Antonio sintió la moto resbalar en el lodo y fue a pegar contra algo grande, gordo y peludo. Ese algo brotó patas-era una inmensa yegua gris de raza Lippizanner-y levantó la moto con sus dos ocupantes por los aires. La moto fue a dar contra una palmera grande, Felipe Antonio pegó contra un cerco y Maritza aterrizó de culo en unas plantas repletas de espinas. Apenas se recuperaban del impacto cuando una patrulla policial apareció por la carretera a pocos metros del sitio del accidente, y al oir los gritos de dolor de Maritza, llegaron a asomarse. A los pocos minutos estaban siendo llevados a la sala de emergencias de un hospital capitalino, donde el ansioso reportero joven que cubría la fuente de hospitales para la página de sucesos salió de su cabeceante tedio para hacer su noticia con ellos. No era de extrañarse que Felipe Antonio no llegara a la fiesta de Gibraltar Brethous, quien ya desde las 9 de la noche al verse plantada, llamó a Angel Martínez, un asesor militar cubano de ojos azules y pelo rojo, para que la acompañara.
Al día siguiente la noticia salió publicada en la página de sucesos de un diario de gran circulación y cuando la leyó Gibraltar Brethous antes de comenzar a redactar un informe para su jefe, se encogió de hombros. Esta vez me enteré, pensó, y las otras veces? Serán 20? No hice mal en llamar a Angel, quien no está nada mal aunque ya tenga 40 años. Maritza García y Felipe Antonio. Bueno saberlo. Siempre sospeché algo. Yo nunca me equivoco. Y no voy a comenzar equivocándome pronto. Hay mucho que hacer.
Cuando un contrito Felipe Antonio por fin llegó a hacerle la visita formal a la casa, Gibraltar Brethous no dio indicio de saber o sospechar nada. Lo recibió con la misma gélida bondad con la cual los azules de todos los tiempos han tratado a aquellos que consideran inferiores pero dignos de aguantar porque al fin y al cabo el mundo da cabida a todos y alguna vez pueden ser de utilidad. Le regaló un libro de poemas de la Bella Cordelera Luisa Labé, en castellano, querido, para mientras aprendés francés. Deberías de poner a Lautaro en un kinder donde le enseñen francés cuando la hora llegue. Solo el cariño por el robusto bebé quedaba intacto, y Gibraltar Brethous gozaba chineándolo, a tal punto que Felipe Antonio la acusaba de estar más enamorada de su hijo que de él.
El 5 de noviembre, fecha fijada para la boda, todo estaba a punto y listo. La iglesia había sido decorada, el padre que los casaría estaba ya con la mano bien untada para poder llevar a cabo la boda mixta, ya que Gibraltar Brethous se había negado a convertirse al cristianismo, conservando la fe hebrea aunque siempre hubiera sido atea. La madre de ella ya estaba en la iglesia, y Gibraltar Brethous llegaría con su padre en el Mercedes Benz negro de su papá. Guillaume Daniel Brethous quiso ayudar a su hija a meterse en el traje de novia. Cuando el padre por fin acabó de ajustar los 66 botones en los ojales de seda a lo largo de la espalda del vestido, la expresión del rostro de Gibraltar Brethous lo asustó. Eran los ojos de un basilisco. Ma bebé, qué pasa? preguntó afligido. Gibraltar Brethous se sentó en la cama con el traje puesto. Es una mortaja, papá. Si hoy me caso mañana mismo me entierran y con esta mortaja cara puesta. No puedo. El acongojado padre le dijo que era como un poco tarde, pero que prefería perder montaje, dinero, todo el engranaje de la boda, pero no perder a su hija. Yo te apoyo . No vas. Tomá estos cien dólares, ya te mando al chofer para que en la Renault te vaya a dejar a la parada del mercado Huembes y te vas directo donde tu tío Henri, quien siempre estuvo en contra de la boda y por eso no vino. Te vas directo a la granja en Rivas y allá te quedás por una semana. Yo llamo a tu jefe. De inmediato, voy a cancelar la boda. Y tendremos el banquete aunque no haya ceremonia. La comida no se puede desperdiciar.
Al ver entrar intempestivamente y sudado al padre de Gibraltar Brethous a la iglesia, Felipe Antonio se percató que ya no tenía futuro, por lo menos, no con ella. Lautaro, enfundado en un tuxedo, comenzó a llorar. El si amaba con locura a la extraña mujer con olor a incienso mezclado con sudor fresco. El niño miró con reproche a Felipe Antonio, como queriendo decirle que era culpa suya. La vergüenza de Felipe Antonio no conoció límites. Preguntó, gritó, aulló. Por qué? Por qué?
Era una venganza magistral, y Felipe Antonio sabía que la misma mujer que le recitaba poemas sobre lunares como estrellas en la constelación de Orión, era capaz de fraguar algo tan macabro como esto. Felipe Antonio jamás olvidaría tamaña afrenta, y aunque unos trece años después se encontraría de nuevo a Gibraltar Brethous, estando ella ya casada con otro y siendo madre de dos niños, el caldo nunca se enfrió en el sentido que por siempre Felipe Antonio quedó con la sensación de haber muerto en vida sin darse cuenta.
Una tarde de abril de 1999, Gibraltar Brethous se había sentado con un enflaquecido Felipe Antonio a tomarse un café en una librería donde ella estaba comprando unas obras de Jean Paul Sartre. Nunca tomo café, pero esta vez voy a necesitarlo y te acompaño, le dijo con una sonrisa que no subía hasta los ojos. Felipe Antonio, ajustándose la camisa de su uniforme militar, la miró fijamente antes de espetarle la pregunta. Me querías, Gibraltar? Gibraltar Brethous tragó gordo, lo miró fijamente y soltó que no. Pero le hice guevo, añadió para consolarlo. Un año y medio después del encuentro, Felipe Antonio le dijo que se iba a Canadá luego que lo soltaran del ejército. Se reuniría allá con Lautaro, quien estudiaba para ser veterinario. Lautaro nunca olvida tu regazo y tu olor a incienso con sudor, y sueña con volver a verte de nuevo, le dijo Felipe Antonio sin percatarse que la mujer-quien no tenía más que dos hijas-extrañaba al varoncito que pudo ser suyo. Un día antes de que se fuera del país, Gibraltar Brethous le llevó a su ex prometido el traje de novia que nunca se puso. Ayúdate, y no es caridad. Allá en el primer mundo el bordado a mano se cotiza muy alto, lo podés vender por unos 6 mil dólares. Felipe Antonio se guardó el orgullo y en la misma maleta que llevaba los pocos recuerdos físicos de su ex prometida, echó cuidadosamente el traje que para Gibraltar Brethous siempre pareció mortaja.
El avión en que iba Felipe Antonio hacia Canadá fue derribado por una bomba puesta por terroristas de Al Qaeda en Nueva York. Entre los restos, encontraron a Felipe Antonio muerto, sin desfiguraciones, incongruentemente intacto con un líquido transparente con olor a incienso y sudor fresco emanando de sus pocas heridas. Llevaba puesto el traje que a Gibraltar Brethous siempre le pareció una mortaja. Al ser entregado el cuerpo sin vida de Felipe Antonio a su hijo Lautaro, el joven estudiante de veterinaria decidió cremarlo con todo y el traje puesto. Lautaro guardó las cenizas en una urna al estilo griego, en su alcoba, para sentir aún el extraño olor a sudor fresco e incienso.

Cecilia Ruiz de Ríos
31 de agosto de 2004.

lunes, 26 de noviembre de 2007

rièndose a mandìbula batiente


LA PERA DE BOXEAR DE DEMOCRITO DE ABDERA

-Lo màs importante que hizo Demòcrito de Abdera no fue hablarnos del àtomo,sino sentir pasiòn galopante por la risa como bálsamo para curar las heridas del destino.
-El aprendizaje es completo cuando no solo el alumno adquiere màs conocimiento sino tambièn cuando el maestro aprende a la par suya.
-Cuando la naturaleza pasa mala noche produce adefesios como los machistas.
-Mi madre me dijo que no me dejaba estudiar bellas artes porque los bohemios me convertirìan en puta. Hoy ya vieja, ni gocè en el lecho ni aprendì a pintar.
-Al aberrado que le gusten los calendarios baratos de garaje y fotos de chetos al aire merece que se lo cojan con alambres de pùas embarrados en chile de palo.
-Os he descargado con aguas de cotidianeidad por el inodoro del olvido.
-Las mejores fotos consideradas porno uno no las posa, pasan inèditas cuando ni càmara tenemos cerca.
-La decepciòn es el amargo purgante que nos tragamos tras habernos empachado de ilusiones estùpidas.
-La mejor castración se la autopractica el hombre cuando no logra amar la perfección de una mujer.
-No puedo recibir disculpas suyas.Ud. sigue siendo una interrogante que no quiero ni siquiera descifrar.
-Yo quiero este tributo de parte suya: ser la mujer a quien màs ha odiado en su vida.
-Las feromonas son los contratistas de los payasos para hacer reir a nuestra lìbido, aunque el resto del cuerpo llore.
-La patanada es el deporte nacional que practican con entusiasmo los hombres en Nicaragua.
-Os habèis fijado que los jardines de las sedes de compañìas que envenenan al medio ambiente son siempre los màs verdes y floridos? Macabra compensación?
-La genuina sabiduría consiste en no querer lucirse lindo en pañales cuando ya nos cabe mejor un bastòn y lentes bifocales.
-El pendejo fue creado por dios para enseñarnos al resto de los humanos cuànta imperfección cabe en una sola persona.
-Era un carajo tan obnoxio que cuando se muriò ni sus propios gusanos se lo querìan comer.

domingo, 25 de noviembre de 2007

lo que no nos dan en las aulas


El recorte del filete: los aspectos inmencionables de libertadores, unificadores y caudillos
Cecilia Ruiz de Ríos

“Al leer el artículo sobre los unificadores de naciones, me parecieron tan perfectos esos señores que me sentí indigno de estar vivo,” me dijo mi alumno Mario con una sonrisa de sorna. “Todo filete originalmente traía pellejo inmasticable,” decía el famoso galo Vatel a quien debemos la crema batida. Miremos entonces los recortes de esos filetes que fueron los grandes independentistas y unificadores.
Julio César sintió una extraña mezcla de amor y odio por el adolescente avernio Vercingétorix, quien como príncipe rubio y osado casi vence a las legiones romanas cuando se fueron a la conquista de las Galias, lo que hoy es Francia. El mostachudo teenager sopapeó duro a los romanos, pero cuando la experiencia de Julio César le jugó una mala pasada durante un sitio, Vercingétorix manchó su nombre de lodo y sangre al ofrecer salida a ancianos, mujeres y niños de su tribu para que fueran a buscar cómo sobrevivir siendo esclavos de los invasores. Este craso error le costó al avernio una asquerosa mácula para la posteridad.
En el siglo III de la era cristiana, una hermosa monarca árabe llamada Zenobia mostró gran valentía al defender su natal Palmyra contra las legiones romanas. Ella personalmente montó su corcel para dirigir sus huestes contra los romanos, quienes perdieron la pacierncia cuando ella osó llamar emperador a su hijo. El emperador Aureliano se enojó y en el año 272 se tomó Palmyra y la valiente y bella reina fue llevada a Roma en cadenas como trofeo de guerra, donde fue exhibida. Tras su exhibición en traje de Eva por las calles de Roma, Zenobia genuflectó, recibió una pen$ioncita de los romanos y hasta se casó con un patricio, olvidando sus ímpetus de guerrera independentista.
Al unificador de las Galias en el medievo, Carlomagno, le ensucian la imagen recordando que como esposo fue tan inestable que se le achacan 4 esposas, incontables amantes, y el hecho que fue un papi tan celoso con sus golosas hijas que se hizo birriondo permitiendo que las chicas no se casaran pero sí que mantuvieran a sus amantes en todo el sentido de la palabra. No sería la única figura de la Edad media que saliera con su reputación averiada debido a conducta personal. El gigantesco y alegre caudillo escocés William Wallace jamás se casó con su amada Marion Braidfute, una heredera con la cual manufacturó una hija. Wallace insistía en estar libre de toda atadura para poder amar y liberar a Escocia de una vez por todas, y aunque en la cinta Braveheart el patanguito Mel Gibson decora el inicio con una boda en el bosque, eso es puro estiércol hollywoodense procesado con melcocha para los que no leen. La tormentosa sexualidad de Ho Chi Mihn (padre del Vietnam modern)con su capacidad para satisfacer a las más exigentes pero sin dar fidelidad a cambio-y la indiferencia del boinudo asmático Ernesto Che Chevara ante sus dos consecutivas esposas e hijos serían otros detalles personales que ensuciarían la imagen que estos revolucionarios quisieron proyectar en el siglo XX. Pero quizás lo peor fue lña vestimenta de dandy inicial, el fracaso como abogado litigante o el gusto por la violencia intrafamiliar que el seudo- santo Mahatma Gandhi de la India quiso ocultar bajo su sonrisa beatífica, pues era experto sopapeador de su esposa Kasturbai y un padre cruel para sus hijos, quienes acabaron dedicados al alcohol, la vida sucia o religiosamente confundidos.
Muchos creen que Vlad Drácula III El Empalador de veras fue vampiro gracias a las sandeces del borracho irlandés Bram Stoker en su novela difamatoria, pero el gran patriota rumano hubiera sido feliz si hubiera tenido en realidad la capacidad de hacerse murciélago o convertirse en niebla para poder atacar a los invasores otomanos. Adorado a como es Vlad por todos aquellos que valoramos la autodeterminación por encima de todas las cosas, el susodicho también tenía su lado oscurita, y entre las cosas que se le reprochan es haber matado tras opípara cena a muchos mendigos y discapacitados, ya que para él no servían para nada.
El borrascoso pasado de pillo salteador de caminos fue un gran impedimento para que muchos tomaran en serio al cosaco Stenka Razin cuando éste quiso formar una república en tiempos en que Pedro I el Grande de Rusia estaba tomando las riendas del poder para modernizar a su reino. Ni el mismo Stenka negaba sus torticerías cuando despojó a muchos de sus pertenencias, y para colmo su ejemplo se repetiría en la robusta y mostachuda figura morena de Doroteo Arango(más conocido como Pancho Villa) cuando en el siglo XX le dio por dar sustos durante la Revolución Mexicana. Tanto fue el atrevimiento del forajido mejicano que hasta se dio el lujazo de meterse por la puerta trasera a territorio estadounidense, asustarle los frijoles a los gringos y morir la típica muerte de un bandolero.
Altote, chiclán, infértil, chintano y muy arrogante, el primer presidente oficial de Estados Unidos Jorge Washington fue figura clave como general dirigiendo a los coloniales en contra de los casacas rojas ingleses para poder independizar a la Yunáit-estáte-quieto. Hasta una Navidad la pasó en combate, muriéndose de frío y probablemente extrañando las medias de seda que usaba para sus soireés. Ni quiso aceptar ayuda de Robert Rogers, experto en guerra de guerrillas y el padre espiritual de los Bopinas Verdes y tropas élites Rangers de los gringos. Pero una vez que saboreó las mieles del poder, Washington sacó las cuentas de cuánto había gastado de su bolsa personal durante la liberación de su país, y pidió con cara de yo- no- fui un reembolso.
La mesticita Rafaela Herrera también languideció por dinero que el rey español a quien tan bien sirvió no le quería dar por haber venido al mundo en la parte mojada de la cobija. Resulta que nuestra linda Payita no era tan nuestra, habiendo nacido de un romance “tras la puerta” de su padre español con una mulatita jadeante allá en Cartagena de Indias en Colombia, y en aquellos entonces ser bastardo era como estar apestado de SIDA hoy en día. Cuando Rafaela era una mocita y su papi murió, tuvo que fajarse las enaguas para repeler el ataque de los piratas por el Río San Juan, defendiendo la provincia de Nicaragua en 1762(cuenten, faltaban 59 años y dos meses para “declararnos independientes”) porque “España tenía mujeres que también la defendieran”. Posteriormente Rafaela jamás tocaría cañón ni mosquete, se casaría para tener una charpa de hijos, esperar angustiada que el rey le pasara una miserable pensión y finalmente se dedicó a criar chanchos para poder medio comer.
A dos campeones de la libertad se les acusa de ofrecer en bandeja el destino de sus vecinos con tal de salvar el pellejo de sus países: al sexy Simón Bolívar de Venezuela, y al patilludo Lájos Kossuth de Hungría. Mi ex teacher Danielle Rocher en su libro Vencedores o Villanos plantea que Simón ofreció lo que sería la independencia aún en ciernes del istmo centroamericano como carne de cañón para el español con tal de liberar a Venezuela, lo cual lo deja muy mal parado en la historia. Al final de su vida, solo, tísico, sin hijos y odiado, Simón amargadamente dijo que “Latinoamérica es un sitio que solo permite emigrar, ya que estos países son ingobernables y propensos al caos.” Sería que entonces habían mandatarios ineptos con consortes ludópata o revueltas en el sector de transporte?
Lajos Kossuth por su parte, aunque es amado en Hungría, es públicamente odiado en Bosnia, y no es para menos. Cuando Kossuth se quería sacar del pelo a los estrujantes Habsburgos que controlaban lo que era Austro-Hungría, quiso desviar la atención de los austríacos hacia el jugoso bocado de Bosnia para que ahí se distrajeran. Los mismos dirigentes húngaros afirmaban que los “salvajes bosnios” debían ser domados a “látigo y bozal” una vez que lograran establecer dominio sobre ellos.