Bienvenidos a El Mundo según Cecilia

Ni en broma ni en serio sino que en ambas formas y gracias a la guìa de mi hija Elizabeth, aquì estoy dando a luz a mi cuarta intervenciòn en Internet, siendo mis anteriores websites www.cablenet.com.ni/historyarte , www.cablenet.com.ni/historia/histoper y www.cablenet.com.ni/rubendario .Soy Cecilia, historiadora y profesora de idiomas tan orgullosamente nicaraguense como nuestro rìo San Juan, tengo 48 años y 27 dìas al momento de comenzar este parto, y es un intento por saltarme la barrera de las censuras, derribar el muro de Berlìn de los convencionalismos gazmoños y evitar que mis aportes se vean entorpecidos por la mediocridad. Aquì encontrarèis mis artìculos sobre historia, mis relatos de terror que sacan tinta de la sangre de los campos de guerra de la Nicaragua violenta de los años80, mis pensamientos filosòficos y mi amor incondicional por los animales. Quizàs sea la màxima expresiòn del egocentrismo militante y el sadismo utilitario, pero os prometo que no estarèis indiferente a nada, que ya es algo en este mundo de tedio y aburrimiento. Pasad adelante y gozad, o a como dicen los "cops" en Estados Unidos: Relax and enjoy it!
Cecilia Ruiz de Ríos
31 de octubre de 2007,Managua


domingo, 25 de noviembre de 2007

La gata se sacude las pulgas y helepates



VV! (Thanksgiving for being me, says the Bitch)

-Es curioso que al aproximarse esa parodia de hermandad que es el Dìa de Acciòn de Gracias de los gringos, me percato cuàn pocas personas agradecen a quienes les tienden la mano.
-Para estas fiestas de noviembre te deseo que seas un hermoso pavo en Estados Unidos, dijo la mujer.
-Stephen King una vez dijo en una obra de ficciòn que no hay suelo màs pedregoso que el corazòn del hombre, pero es la realidad la que se encarga de confirmar dicha frase.
-Dijo el pensador que la ùnica importancia que usted tendrìa serìa el haberle extricado estas perlas de sabiduría.
-Esas carcajadas son los antimotines que despejan las turnas de los malos recuerdos.
-Habìa puesto tanto empeño en odiarle que cuando le tuve ante mì me aliviè: era demasiado chiquito para ,is rencores, me dijo la señora sonriendo-
-El catalizador es aquella sustancia que acelera una reacción quìmica pero es su triste destino no formar parte del producto final: quìmica elemental que ud. Debiò haber aprendido.
-Produjo un precioso bebè: què me importa de donde lo hubo la doña!
-Ponerle chocolate al banano para hacerlo en chocobanano es perjudicial para ambos ingredientes que cada uno por sì solo es bueno. Asì tambièn, hay quienes jamàs debieron de haberse ni saludado.
-Si vas a crear in dinosaurio aseguràte de tener una correa fuerte al sacarlo a pasear.
-NO señorito. No es usted Tarzàn ni yo Jane Ni siquiera la Chita. Yo reina, usted mi bufòn.Gracias!
-El mundo quedò bonito porque dios no delegò en nadie para hacerlo, pero le faltò perfección al mundo precisamente porque dios tampoco consultò con nadie.
-Los enojos son como granos de maìz que si los dejas adentro fermentando andaràs un barril de chicha atuto.
-Yo le agradezco de corazòn que usted sea tan ridìculo pues al hacerme reir esa risa equivale a toneladas de salud.
-El silencio es la ùnica tumba digna para el rencor.
-Cambiar a una pareja que te mata de aburrimiento por otra que te engaña las hormonas es buscarse un distinto tipo de enfado pero sin resolver el problema.
-Los patanes son tan ciegos ante la amabilidad que creen ver solamente cuchillos donde solo hay rosas.
-Los machos son discos duros obsoletos: no registran las memorias flash del genuino afecto cuando la vida les enchufa una.
-Amor de lejos no solo es de pendejos. Igual que los mìticos vampiros es un nosferatu que ni se refleja en el espejo y nos entorpece los reflejos.
-El silencio de los inocentes es lo que les hace culpables!
-Mi galeno me mandò a desparasitar.Cuàntas alimañas seràn químicamente exorcisadas por estas grajeas?
-Las làgrimas femeninas contienen la suficiente sal como para maldecirle siete vidas al hombre que las cause.
-Un sapo real brinca en mi jardìn imaginario y se ilusiona diciendo que soy su charco.
-No puedo deshacerme de vos si no te he adquirido.
-Dijo la reina Semìramis, vosotros temèis apestar a pescado…ay que les garantizo que hay hedores peores asi que no os preocupèis!
-Què se va a terminar….si aùn no hemos ni comenzado?
-Has sido un embarazo ectòpico para el cual me urge un aborto terapèutico, dijo la condesa.
-No preciso palabras cuando ya el silencio lo dijo todo.
-Al pendejo ni dios lo quiere, por eso lo hizo pendejo como castigo.
-Mi chispa de humor es la cura segura para los moretones de los ascos cotidianos.
-Usted està excusado? No, ni perdonado ni disculpado.ES un excusado repletito hasta el copetito.
-El problema de cambiar de rumbo en medio del vuelo es que podrìamos quedar como estampilla al pegar con un farallón de estiércol.
-Mi felicidad no obedece a factores exteriores o de coyuntura.Soy feliz porque siempre hubiera deseado ser yo…y afortunadamente ese deseo se me concediò!
-Claro que soy soberbia. Analìceme frìamente a ver si no tengo razòn: no se pegarìa seis caìdas en un alfiletero con tal de ser alguien como yo?
-Cuànta simonìa precisarìa pagar la iglesia catòlica para la expiaciòn total de todos sus pecados a travès del tiempo?Existirà tanto oro en la pelotita del mundo?
-Mi gata maneja la llave de la sabiduría femenina, nunca le pone atención a un macho màs allà de tres segundos.
-Las excusas y disculpas siempre nos llegan demasiado tarde, cuando ya no nos sirven màs que para enterrarlas en la misma tumba que la afrenta.
-Tenemos algo en comùn, dije.Solo que Sócrates jamàs fue tan lindo como yo.
-Vivieron un amor perfecto sin pleitos porque nunca estuvieron juntos por màs de 4 minutos.
-No hay final triste cuando ni hubo comienzo auspicioso.
-El ùnico amor eterno es el que no existe.
-Yo nunca me equivoco. Los que erran son quienes no me saben interpretar.








jueves, 22 de noviembre de 2007



LA SENDA QUE NO TOME (PEDIRLE AL TIEMPO QUE VUELVA)

Para Félix Rubén García Sarmiento.

“Dos caminos se presentaban ante mí en la bifurcación del bosque, y lamentando que no podía tomar ambos, tomé el menos transitado, y eso ha hecho toda la diferencia.” Robert Lee Frost, La Senda que no tomé.

A veces los humanos andamos tan ciegos y sordos que no nos damos cuenta cuando la vida, el destino, karma, kismet, o dios si aún estás en estado creyente, nos pone una bifurcación en nuestro camino. Yo estaba destinada a ser el Lázaro Spallanzanni nicaragüense, solo que con cara de muñeca criolla y un trasero más rotundo, pero las lágrimas que me hicieron derramar a escondidas cuando tenía 16 años fueron soltadas para nada. Permití que los inquisidores modernos que formaban parte de la directiva de mi colegio caro y represivo me dijeran que yo jugaba a ser dios, que me creía con derecho a alterar toda la naturaleza con mi experimento de rosas injertas, y no me dejaron ni enseñarles que todo el experimento no era nada nuevo pues estaba en un sencillo manual de jardinería del sultán Mehmet II el Conquistador. De esa forma, mi experimento de injertos de rosas que tanta plata, sudor y desvelo me había costado, fue descalificado de la feria de ciencia y tuve que soportar la rimbombante vergüenza de ganar la competencia con un vodka hecho de papas (por supuesto, los jueces se pusieron más bolos que chanchos irlandeses floreados arreados por San Patricio) y para consolación, premio de segundo lugar por haberle curado el acné galopante a mi ex novio Yoni con tratamiento novedoso(el cual consistía en untarle avena mezclada con su propio semen, pero mi papá me advirtió que no mencionara tan escabrosos detalles). Al haber aceptado esos premios, me sentí peor que las putas del Palo de Gato del Mercado Oriental, y así torcí mi futuro de experimentador de la genética. Adiós Goyito Mendel, adiós Spallanzanni, si te he visto, adiós amor, que te vaya bien, que te parta un rayo que te pase un tren. Nunca el laboratorio para mí, no más bombas de contacto hechas inocentemente con elementos robados por la tarde del surtido laboratorio escolar. Esa fue una bifurcación en la senda de mi vida que no supe analizar, y hoy tengo que contentarme con los resultados de haber tomado un camino más transitado que incluye los honores pueriles de que me llamen Khurrem Alden , vice rectora académica de una universidad a la que no le quieren dar ningún porcentaje(qué menos el 6%), y que me digan doctora ya está listo su té negro y la esperan tres alumnos en su despacho.
Me estiro antojándome de ser gato aletargado y feliz. No soy ni lo uno ni lo otro. No solo me equivoqué de camino, prefiriendo escribir sobre ciencia y filosofía que meter las narices en un laboratorio, sino que parece que en todas las sendas por tomar di la vuelta antes o después de tiempo, y por ende tengo moretones, cicatrices y cardenales de los golpes en el cuerpo de un alma que no estoy segura aún tener. Resultaría pavoroso para los miles de estudiantes de esta universidad si me escucharan decir que solo cagada tras cagada he cometido. Y me perdonan el lenguaje poco académico, que me obligaría a espeluznarme en público aunque me regocije en privado si oigo a uno de mis malpagados docentes hablar así delante de los muchachos en el aula. Cómo que cagada tras cagada...podrían algún día, si ruedo tan alto, oir que me llamen señora reptora en lugar de señora vice rectora? Llegué a rastras hasta donde estoy? Cómo es posible, dirían los muchachos quienes aún el día de la matrícula no tenían ni la más china idea qué carrera iban a estudiar, y menos con esos resultados catastróficos en el examen de ubicación? Pero si es La Khurrem Alden, con sus canas prematuras que le dan un aire de marciano en desgracia(ahora los marcianos no son hombrecillos verdes enanos, son como una mujer de mediana edad, premenopáusica con unas hebras de luna y una tos que ningún doctor le quita). La Khurrem Alden, la esposa del rubio y pleitisto Itamar Calderón, el que si no pierde un caso lo enreda, y la mamá de Nurbanu y Kosem Calderón Alden, las espantosas gemelas que solo sacan cien en los exámenes y hablan como siete idiomas, pero solo han tenido un novio por cabeza desde que se bachilleraron, para que tengan una idea lo desquiciadas que están hasta ellas cuando en la variedad está el gusto, las muy pendejas. La Khurrem Alden que tiene un cerro de libros publicados, y de buena editorial, pasta lustrosa.
Fracaso? No jodás, así quiero fracasar yo.
Cómo explicarle a alguien lo jodido que es ser yo, precisamente por haber tomado la senda que no me correspondía? No faltará quien diga, esta mujer hijueputa solo sarna que rascarse le falta, gana un cachipil de reales, tiene marido, hijas, mascotas modelo, y una sesera que no es jugando. Y se queja? Pero toda esta roña viene porque hoy el día está particularmente nublado-medida exacta para buscar un pretexto lacrimoso-y tengo un ratito que me pertenece solo a mí después de contestar como 30 correos electrónicos. Hoy cumplió un año más de muerto Claudio Ahenobarba Granera, que era el trazador de la senda que podría haber sido la mía.
Ajá, la pescamos a la vieja. Tuvo un querido! Itamar tuvo pata de bolsa, ve que vieja más chancha , y se lo tenía tan zorrita, calladita .Mátalas callando, cara seria culo alegre. Ya me imagino a los chavalos murmurando. Yo conocí a Claudio Ahenobarba Granera, con su extraña pinta que lo asemejaba a Oda Nobunaga en versión quemada y su extraño nombre de patricio romano(como si fuera hermano o algo del horrible Nerón, clase de horrible), cuando el sesentón que él era entonces me mandó a llamar para hablar de un alumno que su empresa tenía becado en la universidad. Tras haber resuelto el caso del perennemente ausente Rolando Balmaceda, Claudio me había presentado su colección de libros de mi autoría, primorosamente preservados.
-Ni cuando era escolar guardé con tanta estimación los libros que usé en el colegio. Mis nietos han estudiado con ellos y yo se los he quitado tras cada año escolar para tenerlos conmigo. Son mágicos, Khurrem. Y yo soy su fanático número uno-dijo Claudio. No pude evitar el fijarme que la poca piel colgante que tenía por su barbilla le temblaba al decir esto.
Por primera vez en la vida me quedé sin poder contestar cosa alguna. Era inaudito. Nadie me dejaba con el pico cerrado a mí. Mis padres se quejaban que era una malcriada contestona, y los alumnos en la universidad le temían a una regañada mía a como mi marido le tenía pavor a los sapos. Cuando mi esposo me propuso matrimonio casi cae sentado al contestarle yo que aceptaba para premiarle por su buen gusto.-Errrrrr-balbuceé.
Sudando a mares, Claudio tomó una de mis manos y sentí que la suya estaba tan húmeda y helada como una ranita de estanque.-Quiero editar todos los libros que aún tengás por escribir, dame ese honor.
-Déjeme pensarlo, pero por favor, no se me muera encima del escritorio, le va a dar una embolia-atiné a expresar.
De esa forma, el acuerdo para publicar mis libros sobre filosofía e historia de los descubrimientos científicos dio sus primeros pasos. Esa tarde, al regresar a casa, le conté a mi esposo sobre el asunto, y mirando encima de sus lentes bifocales, solo me dijo:-Aprovechá a ese viejo para que te hagan un contrato más ventajoso que el que ya tenés con el loco de Alvin Centeno, quien además de tener peinado de peluca de puta es un explotador de mierda. No te portés lenta...si no lo echo preso. Acordáte lo que decía el cardenal Richelieu, que en solo un puñado de palabras él podía encontrar 7 cosas por las cuales mandar a alguien a la horca.
Ahí estaba otro lío. El corazón, o los sentimientos, o lo que uds. quieran llamar el asiento de los afectos, estaba inefablemente vinculado al bolsillo en el caso de mi marido. Era incapaz de amar sin un signo de dólar. Era un adorador ciego del capitalismo y sus mieles-hieles. No preguntó nada más sobre Claudio. No le interesaba. Solo era importante si había perspectiva de mayores entradas económicas, fuera a como fuera. No que yo fuera una consorte gastona. Yo era lo más barato en cuestión de costos. Era vegetariana, mis padres habían muerto en un choque de trenes en lo que fue Yugoslavia, detestaba la ropa de marcas caras y no bebía licor ni fumaba. Itamar Calderón era completamente otro asunto. Ruidoso y rimbombante, era una obligación mantener una imagen de ricachón descuidado, y solo hay una palabra que describe sus gustos y no es en español: ayúdenme, es jaded. Jaded sería con el gusto hastiado por tantos excesos. El amor apasionado por el lujo incluía que las mellizas se vistieran como princesas, gastaran en obsequios costosos para los novios, y fueran al salón de belleza para hacerse la manicura que podían realizarse en casa. El amor por el lujo incluía que cuando Itamar tenía un asuntillo fuera de casa, debía ciertas atenciones a la concubina de turno, como proporcionarle perfume, pagarle el taxi de regreso a casa y dinerito para tonteritas, como poner los clasificados personales en La Prensa en los cuales decía la chica de turno Gracias Divino Niño por haberme conseguido un hombre de reales. La inercia que tanto mencionaba Sir Isaac Newton en su Principia operaba de maravillas en mi caso. Atolondrada, como adormilada, sencillamente nunca hallaba las energías o la determinación para huir de semejante situación en medio de una familia disfuncional. Siempre estaba demasiado ocupada haciendo otras cosas , preferiblemente hacer dinero que era la razón por la cual Itamar Calderón se llenaba la boca al decir Mi Esposssssssssssssssssa (siempre con un siseo muy castizo, olé). La mitad de una cama yerma, una cuarta parte de una mesa con plato y cubiertos, costaba a lo largo un dineral y no solo en metálico, sino que en costo emocional. A pesar de tanta aridez, jamás se me hubiera ocurrido buscar solaz fuera del tálamo nupcial y algunos conocedores del horror detrás del albayalde blanqueado de mi rostro público, me preguntaban por qué? Pues razonaba que si no podía lidiar con un hombre legalmente adquirido con mi obediencia y fidelidad, que a vista de todos lucía perfecto, cómo iba a tener apetito para lidiar con otro macho-perfecto o imperfecto-fuera de casa? No tenía aguante para tanto! Detestaba a los hombres por la capacidad enorme de infligir daño, pero tampoco me gustaban las mujeres. En resumen, como decía el dictador Tacho Somoza, estamos todos ustedes jodidos!
Tratando de ignorar las ausencias vespertinas inexplicadas de mi esposo o las pataletas de las mellizas(mamáaaaaaaaaaaaa, ya casi no pasás en casa! Aunque para qué me querían no sé, si siempre fueron las cómplices incondicionales de su padre), reuní todos los materiales publicables que tenía a mano. Efectivamente salían varios libros de ahí, solo era cuestión de corregir y montarles fotos. Sin fijarme en tanto detalle de cuánto devengaría por la edición de mis libros bajo la batuta de Claudio Granera, firmé el contrato al día siguiente de la propuesta que él me hiciera. Era un ambiente tan distinto al de la universidad estatal donde estaba de vice rectora académica. En la universidad no lograba ni escucharme a mí misma pensar. Claudio Granera me asignó una oficina para que trabajara el material, y había tanto silencio. Demasiado! Pronto se me ocurrió rellenar tanto silencio con mi música, la que nunca oía en casa porque Itamar prefería escuchar La Banda del Carro Rojo o las llorangas melosas de Camilo Sesto, y las niñas se morían por Britney Spears y las gárgaras de gato ahogado de Shakira.
Vivaldi, Dvorák, Bartók, Stravinsky, Giuliani, por fin. Iba tarde de por medio, y más que trabajo era algo relajante. En una ocasión estaba agobiada con tantas láminas de aves y flores para un texto científico, y Claudio Granera ofreció clasificar todo durante el fin de semana mientras yo daba clases en el sabatino de la universidad. Al devolverme el material clasificado solo había 2 errores entre 700 láminas, era increíble.-Yo también me frustré como científico, mi papá necesitaba un abogado para que lo sacara del tabo cada vez que agarraba sus bolencas y se lo llevaba preso la zaranda. Pero tuve chance de aprenderme las clasificaciones de reino para debajo de Carlos Linneo, los experimentos de Mendel, y la tabla periódica de Mendeleiev, y luego como la dejó Henry Moseley. Qué frustrante que Moseley se murió tan joven en la Primera Guerra Mundial, verdad?
Estaba impresionada. Normalmente los editores que había conocido editaban sin leer los libros que producían, eran solo cifras de utilidades, porcentajes y tiraje.
-Leíste Principia de Newton?-pregunté.
-Sí, y leyéndolo y viendo cuánto laboró, no me asusta que murió virgen-dijo Claudio ruborizándose. Era pasmoso que un hombre mayor de 60 años aún supiera sonrojarse.
-También leí el Manual de Jardinería de Mehmet II el Conquistador-me dijo con malicia.
Ay, Claudio, sacá la manota de la llaga! Un incómodo silencio me devoró la lengua. Quien diga que el tiempo cura todas las heridas es tan mentiroso que deberían de fusilarlo en una plaza pública. Hay caldos que nunca se enfrían. Respiré profundo para calmarme.-Mis hijas virtieron una leche condensada encime del viejo librito que tenía en casa. Eso fue hace 6 años. Cuando lloré por la pérdida ellas se desternillaron de la risa, y dijeron que era mejor que se hubiera estropeado el libro porque yo podía tener la tentación de recrear mi experimento escolar, y eso no les convenía, porque yo debía estar en la cocina haciendo pastelillos y no hurgando entre las rosas en un jardín-mencioné.
-De quién sacaron esos genes tan crueles?-espetó Claudio.
-Adivina adivinador-riposté, y con esa respuesta abrí las compuertas de una enorme represa de resentimientos. No todos los rencores que había pastoreado a lo largo de tantos años saltaron de golpe, sería mentirosa y pecaría de indiscreta, infidente, los trapos familiares se lavan en casa, primero la familia, omertá bambina dirían los sicilianos. Esa tarde no entraríamos en detalles Claudio y yo. Había demasiado que hacer con el primer libro que saldría con el sello de su editorial. Pero los puntos se habían salido de la piel, la herida estaba abierta y comenzaba a sangrar de nuevo. Como dicen demagógicamente las fundaciones seudobenéficas, una herida, una quemadura siempre duele. Duele para siempre, aunque uno no ande gritando ayayay y sobándose en público porque hay que tener pudor. Comencé a tenerle miedo a mi propio dolor acumulado desde la adolescencia, empeorado por la farsa de una imagen de felicidad a la medida.
Con el correr de los días, la misma aridez, el vacío emocional que sentía yo iba encontrando alivio en saber que Claudio Granera también estaba horriblemente apabullado por su vida aparentemente perfecta. Sus hijos ya estaban casados, tenían hijos propios, y él vivía con su esposa Manuela en una casa enorme y digna de fotografiar para la sección de decoración de Vanidades. Era el gerente amable, accesible, y sus trabajadores le adoraban. Ganaba buen dinero. Una tarde me dijo que quienes olíamos a incienso éramos maravillosos, pero no estábamos felices al momento de soltar ese aroma mezclado con nuestro sudor. El olor a incienso, en un ser humano, era evidencia innegable de sufrimiento, como las canas, afirmó con seguridad Claudio, quien ya tenía el pelo casi gris, como del color de los pastes de alambre con los cuales yo fregaba las pailas de acero tras hacer una sopa de cebolla.
Sonrió apenas, como queriendo decirme que no tenía una explicación lógica ni científica.-Hay cosas que no se pueden explicar aún con fórmulas, Khurrem. Yo había leído tus obras, escuchado comentarios de quienes fueron tus estudiantes, y ya sentía que te conocía. No hay fórmula química que explique el fanatismo que siento por la profesora Khurrem Alden, no es solo la acción atrevida de feromonas. Khurrem Alden para mí nunca se equivoca, aunque en tu vida hayas cometido la trastada de escoger otro camino que no es el que deseabas, y al casarte sacaste el acta matrimonial como licencia que autorice que te hagan todo el daño posible sin que el malhechor vaya a cadena perpetua por lo que hace.
Y te lo digo porque yo soy el experto en infelicidad. Nací como una máquina diseñada exclusivamente para hacer el ridículo. Si no llego a dormir Manuela se relame del gusto.

Claudio y yo gradualmente nos fuimos convirtiendo en el mutuo depositario de secretos y rencores, magulladuras emocionales y golpes en el alma, como diría Francoise Sagan en sus novelas. Nunca me faltaron los bates de chocolate Babe Ruth, la Fanta Uva, los chiles jalapeños rellenos de cuajada y las pasas rubias al lado de la computadora, y los llevaba personalmente Claudio Granera. El día de mi cumpleaños, mientras horas atrás mi esposo me había regalado el disgusto de recibir a una furcia llamada Gaudi en casa temblando de nervios al creer que la mujerzuela venía a increparle el estar casado aún, arribé a una oficina que se asemejaba súbitamente a un funeral de un mafioso o un político, lo cual viene a ser lo mismo.-Alagranputa y quién se murió?-espeté.
Sandra, la secretaria a la entrada de la oficina, dijo asombrada:-Pues usted, no es hoy su cumpleaños, doña Curri?
Curri, nunca me pudo llamar por mi nombre de reina turca, un poco más y me decía chanchito curro. Gladiolas, girasoles, rosas(Oro de Ofir, Filadelfia, Belleza Americana, triunfos y Príncipe Negro), tulipanes, rododendros, margaritas, campanillas azulejas, juanitas, jalacates, calas pálidas, geranios, pensamientos, Santa Marthas, San Josés radiantes de sol, chinarrosas, hasta moraditas de catapanzas, flores por doquier. Tenía ganas de lanzar un estridente chillido como mono en celo y columpiarme de las canastas y arreglos.-Y de donde sacaron tantas flores, Sandrita?
-Pues don Claudio limpió todas las floristerías de Managua, desde temprano tiene a la Rita ordenando las flores. Y hablando del rey de Roma, él que se asoma! Buenas, don Claudio.
-No sabía qué flores preferías, mujer, y no quise equivocarme. Felicidades, ya viene el queque, las gaseosas, el sorbete y no sé si pudieron conseguir mariachis-me dijo Claudio echándome un brazo encima del hombro.-Para colmo, mañana sale a la venta tu primer libro con sello de acá.
Yo estaba en lucha a brazo partido con las ganas enormes de llorar. Las mellizas ni se habían acordado de mi natalicio, y mi esposo, tras pasar el susto de verse visitado en casa por su amante, acabó balbuceando cualquier galimatía sobre un libro que me iba a dar pero que tenía que irlo a traer. Solamente Enrique de Navarra, el gato angora perteneciente a mi esposo, me había restregado la cola con más ahínco que de costumbre. Una vez que alguien tomó fotos y acabó la fiesta de mi cumpleaños-algo que nunca esperé tener porque si bien mis piñatas eran famosas en la vieja Managua, ya adulta jamás celebré y mas bien llegué a deplorar el haber nacido-Claudio se quedó conmigo en su oficina. –Lástima que tu papa y tu mama estén muertos. Me hubiera gustado agradecerles personalmente por el gran acierto de haberte hecho.
Esas eran las cosas que me hacían perder el equilibrio momentáneamente, hasta llegar a pensar que había la posibilidad que yo fuera como las ofertas, dos en uno. Tendría dos caras yo? Una detestable, despreciable, o inductora de una indiferencia antártica, que no era bienvenida en casa más que los días de pago, y otra amable, deseable que era la que Claudio veía..? -Qué es lo bueno de que yo haya nacido, Claudio?
-Solo la pregunta es necia! No te das cuenta de la alegría que has traído? Que no te aprecien por otro lado incluso aumenta mi felicidad, porque solo yo soy el único proveedor de gentilezas, de todo eso que siempre has merecido y que vos misma te has denegado al escoger la senda equivocada? Recordás aquella cita de Juan Alejandro de Normandía que dice “amo hasta a tus enemigos pues ellos propician que corras raudo a mis brazos”?
-Claudio, Claudio Ahenobarba-barba de bronce y ni siquiera tenés barba. Me abrumás. Aparte de mi padre nadie me ha abrumado así. Me dejás pendeja, echando baba o leche de sapo, no sé. Nunca he tenido poesía para decir las cosas. Y aunque te parezcás al unificador japonés Oda Nobunaga, y por ende no seás un adonis, quiero pedirte que me des por lo menos una de las fotos donde salís conmigo en el relajito que armaste hoy con mi cumpleaños. Y voy a ponerle alfileres para garantizar que sigás siendo mi fan. Aunque me da miedo.
-Khurrem, pase lo que pase no te olvidés que siempre hay regreso, que la senda se puede desandar. Dijo Toño Machado “caminante no hay camino, se hace camino al andar, golpe a golpe, verso a verso-dijo reclinándose en su silla negra ejecutiva.
Súbitamente una sombra pareció cruzar frente a Claudio. Un escalofrío doloroso subió por mi columna vertebral Y Claudio me miró atónito, con la piel de los antebrazos hecha carne de gallina, erizo:-Viste? Alguien caminó sobre mi tumba.Clase de horrible! Yo sé que lo sentiste vos también! Hasta se me pararon los pelos!
-Cuales pelos si sos más lampiño que un culo de botella de Coca Cola-le riposté sin pensar.
-Vos ya no te componés, Khurrem Alden. Pero no lo hagás, así estás...hecha a la medida-me dijo tratando de olvidar el escalofrío súbito que nos ensombreció la tarde momentáneamente. Tenía una expresión radiante en los ojos, como si el sol se le hubiera metido tras las negras pupilas. Pero noté que seguía con la piel eriza del miedo.

En casa todo seguía igual. Itamar insistió en darme un regalo que yo ya no quería. Confites en el infierno, hubiera dicho mi madre, quien fue obscenamente feliz con mi padre. También Itamar y las gemelas hostigaron hasta que Enrique de Navarra fue llevado al más elegante consultorio de veterinario-el de un venezolano que odiaba a Hugo Chávez y pensaba que Pérez Jiménez era lo máximo aunque lo hubieran derrocado por tirano-para perder sus cojones bajo anestesia exquisita y sábanas perfumadas, creo que con Miss Dior. de Christian Dior. Yo me preguntaba para qué habían decidido esterilizar al pobre miácido si con solo la atmósfera que se respiraba en casa era suficiente para neutralizarle la guevera o los ovarios a cualquiera, independientemente de que la cama donde yo dormía a menudo apestaba a ozono cuando estando yo ausente mi maridito se refocilaba con sus paramours en la tarde. No sé si era la responsabilidad recién adquirida de saber que alguien me consideraba infalible, como el dogma católico que dice que el papa nunca se equivoca, tuviera un efecto benéfico en mi gestión en la universidad. Perdí el color de implacable, de inflexible, de irritable que siempre tenía la razón. Le echaron ablandador a la mano de piedra de la Khurrem Alden. Ya sonríe, será que la van a despedir y como los funcionarios del estado solo sonríen cuando ya van para la calle y no serán más ministros? Ya no es prima hermana de Dios la vieja hijueputa! Y no me vas a creer, cuando vino la orquestita chilindrujera esa que dicen que son de cámara y malmataron en su propia versión el Saludo de Amor de un inglés que se llama Elgar, la tal Khurrem Alden puso los ojos vidriosos, pordiosito que la vi con estos ojos que son alérgicos a la marbellina barata!
Pero también, no te le acerqués por detrás! Ayer el profe de física que nos da clase a nosotros la abordó por la espalda y la mujer pegó brinco, casi le pega con la sombrilla negra esa de Batman que anda ahora en la temporada lluviosa. Le tiene miedo a algo! Anda así desde su último cumpleaños. Será que cree que fue el último cumpleaños y que se va a morir ella? Bueno todos nos vamos a morir.
La salida al mercado del primer título publicado bajo el sello de la editorial de Claudio Granera fue un éxito. El libro se agotó en menos de una semana. Inmediatamente Claudio me habló de sacar una segunda edición, pues el Ministerio de Educación lo había incluido en la lista de textos de rigor para el próximo año escolar. Aunque no hubo lanzamiento oficial del libro pues a mí me ha repugnado siempre utilizar la salida de un libro para servir daiquiris y aparentar lo que uno no es, de los periódicos solicitaron fotos mías, preferiblemente con el editor. Tanto las fotos de mi fiestecilla vespertina de cumpleaños como las que un fotógrafo peludo tomó –de carácter oficial- con Claudio mostraron una inquietante característica: Claudio no salía ni en sombra en las fotos! Como si no existiera. Estábamos espeluznados. –Chocho, cierto que no soy lindo pero que la cámara no registre mi figura, que ignore mi presencia, eso es grave! Ni que fuera vampiro o fantasma, que dicen que no se ven ni en foto ni en espejo-exclamó Claudio indignado.
-Drácula era lindo, pero no era vampiro, Claudio. Y aunque tengás cara de plátano arrastrado, deberías salir en la foto. A lo mejor la película está vencida-le dije.
-Vos no perdés chance de darme un piñazo en la torre, no? Qué consuelo tener una cara que dan ganas de mirar en el espejo del gabinete al afeitarse, o al maquillarse, perdón. Pero va a ser necesario que pueda salir en fotos yo, y no solo para los anuncios y los periódicos-comentó Claudio.
-Para qué querés quebrar más cámaras?
-Para la boda, Khurrem.
-Cual boda?
-Sentáte ahí en el sofá, vení, mejor sentada para que no caigás como sapo del tercer piso. La boda es nuestra boda. Ya inicié los trámites del divorcio unilateral para despedirme de Manuela. Te vas a casar conmigo, y será prudente que vos también vayás haciendo lo mismo con Itamar. Si querés a tus mellizas, yo las acepto que vivan con nosotros. Pero hay que agilizar los trámites. Quiero casarme con todas las de ley, porque yo sé que yo soy la senda que el destino te depara.
No. No era yo. No podía ser yo la que estaba sentada ahí en el sofá mullido de la oficina de Claudio Granera oyendo semejante sarta de disparates. En días anteriores, el asesor legal de la editorial había tenido una encerrona con Claudio, pero yo creía que era para discutir sobre los derechos de autor de los que firmarían contrato de publicación de unos libros de álgebra. Y Manuela? Había envejecido con él, había perdido la cintura-si acaso la tuvo alguna vez-pariendo a los 5 hijos que manufacturaron juntos, solo se había rebelado al no cargar el apellido del esposo, pero en todo había sido una esposa obediente y sumisa, mujer de su casa, que le había aguantado su fama de don Juan Tenorio con cuanta secretaria, afanadora, técnico o corrector de pruebas pasara por delante con naguas. Me indignaba. Y si fuera que Itamar venía a mí y me dijera que no, no podía vivir más sin la atrevida y golosa Gaudi o la chichona cubana estilista que se vino de Camaguey porque decía que en Cuba Fidel no permitía abrir la boca ni para sacarse las cordales donde el dentista y por ende dicha operación se hacía por el culo? Le haría carta de despido...por este medio le informo que ya no necesito sus pellejosos y canosos servicios de cocinera-lavandera-radiador calentador de cama y anfitriona, ni amansalocos que me aguantaba gritos cuando me mataba la cruda porque ya casi no bebo desde que me escapó de dar pasón.
Le ruego pasar por mi despacho para su preaviso, y ajustar una pensión que le dé para que coma la lora copete amarillo que nos queda pero una pensión de monto inferior a la que el cuchillero seguro social nicaragüense le pasa a los viejitos que quedaron birecos con el lomo torcido tras tantos años de trabajar sin que nadie les dijera gracias. Atentamente y esperando que ud. entienda que preciso un modelo nuevo que parezca Lamborghini y que haya equivocado su senda para rectificársela yo, me suscribo, Claudio Ahenobarba Granera.
-Pero es que...yo estoy casada!-apenas atiné a balbucear muerta de vergüenza.-Y nunca te he puesto una mano encima, ni vos a mí, y...
-Eso se remedia a como yo digo. Te puedo prestar a mi asesor legal para que agilice tu trámite. Si querés voy a hablar con tu marido.
Cómo? Iba a hacer como Augusto César cuando se fue donde el papá de Tiberio y le exigió que se divorciara de Livia, quien por cierto estaba pipona en esos instantes? A qué extremo estaban las cosas? Y me preguntaba yo misma si yo tenía la culpa, le dí cuerda yo a este señor? Nunca lo había tocado. No sé que me daba la idea de ponerle una mano encima. Sería como vencer el miedo a tocar una araña picacaballo? La primera vez que había tocado un papalote negro me había quedado rascando por media hora. La curiosidad científica me tomó por asalto. Cómo sería pasarle una mano encima a Claudio Granera? A pesar de ser una cuarentona, mi tez aún carecía de arrugas o manchas cafecitas de esas que tan vulgarmente gritan vejez. Lo había tenido lo suficientemente cerca como para saber que era aseado, que olía rico y no solo porque se untaba más colonia que una puta del Moulin Rouge. Olía a almendras. Pero no! Detuve ese tren antes de que partiera! No puedo estar pensando eso! Aún el solo pensarlo es infidelidad. Todos los prejuicios, los resabios de mi crianza judía ortodoxa salieron a bailar en traje de gala. –No hablemos más del asunto por hoy, Claudio. Me has dejado pendeja. Tregua, por favor.
Por qué no le dije que no de una forma definitiva? Cualquier mujer honesta lo hubiera hecho, hubiese dicho mi madre con el ceño fruncido. Pero era mi forma de comprar tiempo para reunir mis fuerzas y asestar un rotundo NO sin dejar cabos sueltos. Por qué me costaba tanto soltar la negativa en estos momentos? Claudio Granera me miró fijamente, con los ojos radiantes, se sonrojó-tenía acaso algún mecanismo para hacerlos? Sabías que ese rubor me conmovía?-y sonrió.-Tenés razón. Hablamos mañana. Pero consúltalo con la almohada.
Esa noche no importó que Enrique de Navarra se subiera arriba de la mesa y volteara el fresco de pitahaya encima de mi nueva blusa negra, las gemelas se trenzaron a gritos en un pleito por quién ganaría las elecciones presidenciales y mi marido estaba tan hambriento que solo devoraba como si fuese el último día que iba a haber comida en el mundo, elogiando la sazón del pollo en salsa que hice. No tenía ganas de pelear, ni de abrir siquiera la boca, ni para comer.
Esto era ridículo. Al igual que el hombre casado que mantiene a la sucursal, a la otra, la concubina, la mujerzuela tras la puerta, esperando, jadeando por ser esposa sin posibilidad de lograrlo, yo era animal de costumbre. Ya estaba habituada a los gruñidos de fiera domada de mi marido, a las pulgosidades extrañas de mis gemelas tan idénticas que hasta que tuvieron opiniones políticas no las podía distinguir bien(alrededor de los 5 años de edad), a la malacrianza de mis mascotas, al presupuesto de la casa, al teléfono que a veces sonaba tan intensamente que me parecía verlo levantarse en el aire. No podría vivir sin los pelos flamíferos de Enrique de Navarra, todo me ataba a casa, desde el gato rubicundo hasta mi costumbre de ser una misántropa de fin de semana. Uno no cambiaba así como así, la dirección de mi vida estaba trazada por la mismita vuelta que di antes, después o quién sabe a qué tiempo. Estaba atada a mis prejuicios, pero aunque no lo quisiera confesar, eran parte de mi composición química.
Nunca hubiera creído que al decir Claudio” mañana” el destino diera tales volteretas que no hubiera el futuro que estaba por plantilla. Al día siguiente de la súbita propuesta de matrimonio, cuando creí que aún no podía salir airosamente del aprieto, un accidente aparentemente insignificante iba a torcer el curso de los acontecimientos. Claudio estaba inspeccionando los contenidos de unas viejas cajas de madera en su bodega cuando casi sin percatarse se abrió la palma de la mano izquierda con un clavo sarroso. Cuando entré a su oficina, lo encontré solo, mirando la mano que emitía pulsaciones de sangre. Estaba como alelado. Tomé su mano entre las mías y busqué un pañuelo en mi cartera. En cuestión de segundos la tela del pañuelo estaba empapada en sangre. No había forma de parar la hemorragia. Busqué al chofer de Claudio y sosteniendo su mano por el trayecto lo llevé a un hospital privado. Me había dejado el vestido empapado en sangre, y mientras se lo llevaban a emergencia se me ocurrió probar la sangre que había hecho un charquito en mi falda. Madrecita, qué estaba haciendo? Estaba loca? Como para noticia: Khurrem Alden se vuelve vampiro. La versión nica de Erzébet Báthory, la condesa de sangre que aterrorizó a Hungría a finales del siglo XVI! Una hora más luego, Claudio salió con la mano vendada, pero se negó a tomar reposo. Volvió a su oficina. Pero en la tarde la mano estaba espantosamente hinchada, y él se negaba a ir de nuevo al galeno. Decía que nadie se moría de una mano cortada, y que de antitetánica nada, que solo agua le inyectaban a uno los siverguenzas médicos, y uno quedaba creído que estaba inmune. Bah, chochadas!
Al día siguiente Claudio llegó a la oficina pero se desmayó durante una reunión de la junta directiva. Lo mandaron a casa. Una vez en casa parecía estar dispuesto a reírse de todo con unas carcajadas huecas, estridentes y un rictus extraño en torno a la boca. Sentía escalofríos, se echó varias sábanas encima y dijo que la luz le molestaba horrores, que le apagaran esa chochada de la lámpara de noche al lado de su lecho. Al entrar la noche comenzó a experimentar rigidez de los miembros y apenas lo llevaron al mismo hospital privado donde le zurcieron la mano, comenzó a convulsionar. Cuando las convulsiones cesaron, dijo tener un regusto como a pimienta amarga en el cielo de la boca. Decidieron dejarlo internado. Manuela, su esposa, lo dejó a medianoche aduciendo cansancio. Le creo. No era fácil un matrimonio de tantos años, y para colmo que el hombre se enfermara cuando había decidido echar por la borda tantas cosas en común.
Yo no sabía qué decir. Estaba atontada. Tétano. Eran todos los síntomas de un galopante tétano. Recordé el caso de un agricultor y poeta jinotepino quien a inicios de la década del 60 murió de tétano porque su joven esposa-quien era lesbiana y se había casado con él por interés nomás- lo había dejado abandonado a su suerte sin proveerle cuidados médicos. Al comprobarse que la sádica mujer lo había dejado morir esperando heredar su enorme granja, la familia del agricultor la había echado a ella y a la hija recién nacida de ambos a la calle, amenazando con sacar el caso a luz pública y con llevarla a la policía. Pero era imposible que la cosa pasara a más en estos tiempos. La medicina estaba demasiado avanzada! Una cosa era que yo me negara a casarme con Claudio y otra que no me preocupara por su estado de salud. Pero había un nuevo libro que promover, sacar a las librerías, y con o sin Claudio yo iba a seguir con su labor. Dos días después de ser internado en el hospital, saqué tiempo para irlo a ver. Terminé temprano en el despacho con el rector universitario, sudé copiosamente al ver que los estudiantes nuevamente iban a las calles a protestar para reclamar el desembolso final del 6 por ciento correspondiente al año en curso y entré silenciosamente al largo pasillo de hospital que llevaba al cuarto donde estaba Claudio.
No había nadie con él. Estaba tendido en una cama que dominaba el cuarto pintado en colores oscuros. Las ventanas estaban tapadas con cortinas oscuras. Recordé que no se podía dejar entrar luz, o el paciente podría convulsionar. En la semipenumbra pude distinguir su rostro macilento, con un rictus extraño, y el cuerpo gastado y enflaquecido. Una ardorosa lágrima me brotó sin quererlo. Era horrible sentir lástima por alguien que decía amarte con locura. De repente, Claudio se despertó.
-Tardaste en venir, Khurrem, pero sabía que vendrías-me dijo en una voz ronca y débil, mascullando cada sílaba como si tuviera la mandíbula trabada.
-No podía dejar de venir. El libro ya está en los supermercados y librerías.
-Voy a morirme, Khurrem, verdad? Y sin haberte puesto ni una mano encima, es lo peor. Resignándome a que estés fuera de mi alcance, pero bueno...así es la vida, o la muerte.
-No seás loco, Claudio. Vos no te podés morir. No podés dejar este mundo.
-Te haría falta, Khurrem? Sí, verdad? Porque nadie puede negarse consistentemente a tanto amor. Solo que seás de piedra, y aunque cabe la posibilidad, tanto le cae el agua al guijarro que lo hace perfecto.
-Esa cita no es tuya, es de Rabindranath Tagore!
-Mi erudita Khurrem, ocurrente y con memoria fotográfica hasta en las situaciones más horribles.
Tomé la mano vendada entre las mías y la besé.-No te murás, Claudio!
-Te vas a quedar conmigo? Te casarás conmigo después de todo?
-Claudio, primero pensá en vos. Después, todo viene detrás. Y a propósito, ya me voy que tengo una clase que dar, hoy debo sustituir a una de mis profesoras y los alumnos me estarán esperando. Te vendré a ver mañana, Claudio.
Claudio pareció estirarse en la cama y con dificultad se sentó.-Siempre te vas! Siempre la máquina al servicio de los demás! Y tu propia vida, Khurrem? Y la mía? Siempre fría y cortés! Ya me voy. Vos vas a cagar con un plan, y si te tardás más de 3 minutos con cronómetro en mano, es tragedia. Tu agenda se desmorona. Hasta el inodoro puede salir corriendo, porque todo es por plan. Tanta eficiencia y no tenés corazón! No sé para qué me molesto en sentir algo por vos, si no tenés sangre sino horchata en las venas! Andáte a la santísima verga, eximia vice rectora! Largo de aquí-aulló Claudio con la cara enrojecida. Asió un vaso con agua y me lo lanzó encima.-Prefiero morirme sin vos que aguantar tanta amabilidad hipócrita! Sos un témpano de hielo! Pero te juro pordiosito que regresaré del abismo, a hacerte cumplir la palabra que espero de vos! Aunque tenga que vengarme, me vendré a llevar a Enrique de Navarra si es preciso, y lamentarás no haber querido aceptarme. Alguien sí lo hará, ya verás! Fueeeeeeera!A la mieeeeeeeeerda!
Salí huyendo y llamé a la enfermera que lo viniera a ver, le dije que estaba como loco. Me temblaban las piernas y me escapé de caer. Me había lanzado una maldición! Yo que no creía en nada ni en nadie, yo con mi capacidad analítica científica, iba muriéndome de miedo. Tenía que buscar cómo serenarme para no decir disparates al dar la clase. Me monté como zombie al primer taxi que pasó y le dije:-Lléveme a la universidad, doncito, veloz!
-Y al cual de tantas, señora, solo universidades de garage son como 25 y las de los chavalos rechivueltos del 6 por ciento son como 5. Entonces?
Le di la dirección y sonrió a medias.-Lleva tremendo pedo atuto, no? Llore si le hace bien, conmigo no hay falla-me dijo el grueso y sudoroso chofer. El temblor de mis extremidades cesó, me compuse el rostro con mis aperos de maquillaje y ya. Aún tenía escalofríos pero pude recuperar la compostura. Era urgente si iba a dar clase.
Bueno, para no cansarles el cuento, esa fue la última vez que vi con vida a Claudio Ahenobarba Granera. Les juro que no creí que se muriera, a pesar del deterioro físico que mostraba. A la mañana siguiente, di mi clase normalmente y saqué a los chicos a un receso a eso de las once de la mañana. Fui a tomarme una gaseosa y cuando regresé, uno de los alumnos me dijo que un señor con pinta de japonés, de jeans y camisa a cuadros había entrado al aula a buscarme y al no encontrarme se largó enojado y refunfuñando que nunca estaba. Esa tarde no fui a la editorial ni pasé por el hospital. Mi suegro estaba de visita y todo el fin de semana estuve ocupada con la interpretación de mi rol de esposa modélica y anfitriona complaciente. La imagen de Claudio tendido en su cama me perseguía. No fue hasta el lunes en la mañana, cuando entré a mi espaciosa oficina de la universidad, que miré el paquete de periódicos. En primera plana de uno de los diarios estaba una foto de Claudio en la que se parecía un poco al almirante Yamamoto que deschincacó a Pearl Habor en 1941. Tras leer la nota-que era un obituario- me quedé helada. Y ni mi secretaria ni la afanadora pudieron conmigo. Daba gritos como coyote mal tirado, me revolqué en el piso de dolor. Me estaba muriendo. No podía ser posible! Me ahogaba el remordimiento, la impotencia! El sepelio había sido el día anterior y yo no me había dado cuenta. Claudio había muerto tres días atrás a las once de la mañana...huy! Precisamente a la hora que mi alumno me dijo que vio a un señor de jeans salir del aula de clases. Me había recordado al momento de irse de este valle de lágrimas?
Lo peor fue cuando regresé a la editorial. Dado que se había hecho contrato por dos años, aún tenía obligaciones con la editorial. Ernesto Mendoza, el nuevo mandamás, me recibió con mucha amabilidad.-Lo vamos a echar de menos, Doctora Alden. Verdad?
-Más de lo que ud. se imagina, don Ernesto. Pero ni modo. La vida sigue adelante, y hay mucho que hacer aún.
Los compromisos entre la editorial y yo continuaron, y no me pude quejar del apoyo que me dieron. Pero ver la oficina vacía de Claudio- la cual por quién sabe qué motivo Ernesto Mendoza se negó a ocupar-era una espina cotidiana en el costado. Mis hijas- con afán de convertirse en filósofas embrionarias- me repetían que aunque no fuera sano y que cualquier siquiatra me diría que era enfermizo y morboso mantener a Claudio vivo en mi mente, si yo me sentía bien haciéndolo que me sintiera tranquila, y que ellas estaban para escucharme si quisiera evocar y hablar de él. Quizás lo hicieron porque mis mellizas sentían que mi esposo estaba demasiado distanciado de mi dolor, y litigaba un caso mayor de una empresa acusada de fraude y casi no paraba en la casa. Mi suegro, en otra visita, dejó a un lado su rostro adusto y me recordó que los dioses eran extraños, que mandaban sufrimiento por gusto. Me lo dijo mientras yo chineaba a Enrique de Navarra, secándolo tras un improvisado baño de burbujas.- Ay, Khurremcita, que los dioses ya hayan terminado con vos! No les gusta que los humanos sean tan eficientes, o tan amados, o tan suerteros! Y vos que tenés tanto que dar, sos la persona perfecta para alborotarles los celos a los dioses, mi muchachita.
Qué sabía mi suegro? Sonreía apenas mientras saboreaba su copa de vino rosado. Era la primera vez que me hubiera dejado entrever que yo le importaba. Más sabe el diablo por viejo que por diablo, pendeja, me dije. Pero sentí un atemorizador escalofrío. Alguien corrió sobre mi tumba, y esta vez fue sobre la mía porque Claudio ya se está pudriendo en el cementerio en la suya.
En las noches, soñaba con Claudio. Lo veía levantarse de su tumba, caminando como zombie todo lleno de lodo, hojas secas y sangre coagulada, con el rostro de Oda Nobunaga luciendo un tono violáceo que no se consigue ni en las mejores sombras de ojos de Esteé Lauder. Como yo sueño musicalizado y con créditos al final, era uno de los movimientos-el más macabro- de la Sinfonía Fantástica de Berlioz. Hasta el ruidaje de los trombones y la tuba de la orquesta que interpretaba el tema me sonaban tan reales, como ventosidades siniestras de dinosaurios imaginarios. Me despertaba dando gritos, y mi pobre esposo me reconfortaba mientras me recordaba que era consecuencia de haberme despachado tres nacatamales, con dos barras grandes de pan, media libra de mantequilla sin sal, encurtidos y casi un litro de gaseosa para la cena.
6 meses después de la súbita muerte de Claudio, el adorado gato Enrique de Navarra se murió de un fulminante ataque cardíaco mientras perseguía una mariposa negra en el traspatio de la casa. Mi esposo y las mellizas lo lloraron a mares, y yo no me quedé atrás. Lo peor fue que el veterinario que lo había visto tres días antes del paro cardíaco hasta hizo el chiste que el pobre miácido había muerto de un pedo atravesado. Me dio tanta ira que me fui al Colegio de Veterinarios y grité tanto que quedé ronca, acusando al tipo de malpraxis médica, pero como no conseguí que le quitaran la licencia para ejercer lo denuncié a la Dirección General de Ingresos aduciendo que no daba facturas y evadía al fisco. Eso sí funcionó, y los fedatarios del gobierno le cerraron la clínica por evasión fiscal por 2 meses.
Enterramos al bello Enrique de Navarra en una enorme maceta de barro y le sembramos una rosa Príncipe Negro, pero en un descuido los zompopos se hartaron la plantita y mas bien pasamos vergüenza ante el fracaso de lo que creímos era un buen mausoleo para el gato más lindo del mundo. En mi fuero interno, recordaba las palabras de mi suegro. Y las de Claudio, agitado en su cama porque veía llegar la muerte y yo no me quedaba a su lado un rato más. Me había amenazado. Me iba a quitar al gato. Lo dijo explícitamente. Se conformaría con eso? Y si quería más? Me pesqué a mí misma con estos pensamientos y sentí una ola de rubor abochornado subirme al rostro. Me autorregañé, por supuesto...Khurrem Alden, es imposible que vos, una científica seria, que sabe que muerto es muerto y basta y no porque lo dijo Stephen King en Cementerio de Mascotas, esté pensando semejantes disparates. Claudio murió, mejor admití que lo querías un poco, que nadie te había adorado así, que no dejó de encandilarte tanta idolatría, que tu ego lo absorbía todo con sed de caminante del desierto, y a lo mejor esa veneración que Claudio te daba era tu taza de té y no te diste cuenta pero el muerto al hoyo y el vivo al bollo. Aunque te duela que el gato ya no salga a recibirte no vas a pensar que el pobre Claudio vino a traerlo para llevárselo delivery express a un dios que estás casi segura que no existe y aún si existiera puede crear por sí solo cuantos gatos le de la gana para estarlos tocando, no? Es duro perder a dos seres queridos, uno tras otro, pero ya. Hay que seguir adelante. Este año las mellizas acaban los estudios universitarios, está su graduación, y hay tantas cosas por preparar. Que Itamar se vaya a dar cuenta de lo que pasó sería buscarme clavos por gusto. Infidelidad mental con un muerto? De eso te puede acusar? Como para morirse de la risa. Hay tanto que hacer en la universidad, y vos de pendeja masturbándote con tanto dolor.
Quisiera poderles brindar un final feliz, pero si bien es cierto que el papel aguanta cualquier tontería que uno quiera ponerle encima, manchando para siempre la memoria del árbol que algún día fue esa hoja de papel, Claudio Ahenobarba Granera siguió estando presente en cada día de mi vida. Sería bonito decir que Itamar se compuso completamente, y que pasó a ser un esposo a como receta el doctor. Con el correr de los años se hizo más posesivo, y disimuló mejor sus aventuras. En mis momentos de optimismo, pienso que dejó de tenerlas por completo. Yo nunca volví a pensar que me había tragado el cielo de un bocado, y me resigné a que la senda que había tomado era la que al fin y al cabo conocía mejor, y ya era demasiado tarde para desandarla. Siempre leo al poeta gringo Robert Frost y un suspiro que disfrazo de estornudo me sale volando involuntariamente.
Mi sentido del humor me ha hecho tragar gotas muy amargas que me ha servido la copa de la vida. Jamás olvidaré la humillación, la pena y el dolor que sentí cuando creí poder tener amor en manos de un hombre que me prometió sacarme de la concha blindada donde él insistía que yo vivía, y solo resultó que era un catedrático que envidiaba mi posición y apenas quería involucrarme en un escándalo para evitar que llegara más alto en la escalera académica de mi universidad. Talvez pensó, si la conocen por adúltera no la querrán para elegirla rectora, y los padres de familia hasta pueden pedir su cabeza. Qué pavor siento cuando pienso que casi mordí el anzuelo, probando así que al mejor mono se le puede caer el zapote, y que la envidia que siente un macho por una hembra casi perfecta lleva unos visos de odio y rencor como para levantar hasta a un muerto. Aferrándome al recuerdo de la veneración que me profesaba Claudio pude salir airosa de ese trance del cual mi esposo tampoco se dio cuenta pues ya lo habían puesto de juez en la corte y no tenía ojos para nadie ni nada.
Un día abrí la gaveta y hallé las fotos de mi cumpleaños cuando Claudio repletó mi oficina de flores. Un reflejo de tristeza se desperezó. Y uno se cree que los mató el tiempo y la ausencia, cantaba Serrat, pero su tren compró boleto de ida y vuelta. Ustedes recordarán que en esas fotos originalmente no había salido su imagen. Quizás ahora que ya está muerto y se lo golosinearon los gusanos, la imagen quedó pulida y fue grata sorpresa al ver las fotos de nuevo que Claudio sí estaba plasmado en el satinado papel. A qué fenómeno se debió eso, no sé. Como científica me gustaría saberlo. Pero si pienso con el corazón que Claudio dijo que yo no tenía, no quiero explicaciones. A veces cuando paso por una pileta donde están los gansos de la universidad, creo ver el rostro de Claudio flotando en las aguas tranquilas. Pero eso no me causa aspaviento. Mejor silbo el Saludo de Amor de Elgar, pues prefiero creer que esa momentánea y deliciosa alucinación, esa jugarreta de mis sentidos, esa broma de mi nostalgia es el saludo de Claudio desde saber dónde que ahora gravita. Se supone que ya estoy en paz, y no estoy para esos aspavientos. Soy la rectora, tengo varios libros más por sacar con mi contrato renovado, y en el escándalo está el pecado. O viceversa. Mejor me preocupo que mi hija Nurbanu dejó a su novio de tantos años, y me ha dicho que un seductor hombre de ojos rasgados, un macho que se parece al shogún Iyeyasu Tokugawa cuando éste estaba joven, la anda siguiendo, prometiéndole el amor más completo que jamás se haya imaginado. Demasiada coincidencia, no? Si acaso es lo que yo sospecho, que Claudio después de todo sigue existiendo en algo más allá de mi memoria y este relato, regresará de alguna forma, y así no tendré que arrepentirme de haber escogido mi senda y no tendré que pedirle al tiempo que vuelva.

Cecilia Ruiz de Ríos

18 de enero, 2005, Día del Escritor. Efemérides del nacimiento de Félix Rubén(Darío).

algo


Sicopompos (ALGO)

Para José II de Habsburgo y Lorena, fundador de la dinastía gatuna que rige mi casa.

¨Todos los factores estaban ahí: fuiste vos quien decidió engavetar toda tu andadura de detective práctica, nadie más que vos quien obvió sus instintos básicos de investigadora, ninguna otra más que vos quien creyó a pesar de tu experiencia de vida que todo cuento tiene final feliz. Traías el kismet para el final de nuestro encuentro desde los genes de tu antepasado loco quien desenterró a su tercera mujer para coronarla, o desde que huíste espantada ante el brioso ímpetu amoroso de aquel argelino quien a pesar de ser descendiente de Abderrhamán III jamás pudo inspirarte otra cosa que un nacatamal sentimental de asco con lástima. Ya esto era historia antigua, y no encuentro yo ahora piso ni techo para este edificio de culpas que me dejás caer encima. No señora mía, no acepto que me echés el muerto de tus calambres cotidianos, los espasmos dolorosos de volverte más sabia, las neuropatías que te trae el parecerte cada vez más a tu amado Nicolás Maquiavelo a quien tanto admirás. Todas las circunstancias fueron como sicopompos, avisando de mi inminente partida, pero a vos no te dio la regalada gana reconocerlos como tales. Vamos a ser analíticos, a como vos afirmás que te gusta ser, aunque yo creo que jamás en la historia del mundo ha habido alguien como yo que pueda desmenuzar esta escala de enredos y desencuentros entre vos y yo.
Cuando te conocí, a pocas horas de mi arribo a este valle de lágrimas, tenías ya la vida complicada porque estabas casada y eras madre de una niña prodigio. Te habías solidificado en tu aspecto de matrona a prueba de tentaciones, y apenas tendrías tiempo y espacio para mí. Curioso que fue tu esposo quien me aceptó primero. Vos misma solías decir que el que demasiada belleza anda encima, suele cojear lamentablemente del otro pie. Cierto. La mayor parte de los bellos son estúpidos, pero en mi caso el talón de Aquiles era mi quebradiza salud. Si hubiera sido estúpido no estuvieras escribiendo esto por órdenes mías. Y bien, yo pasaría más tiempo hospitalizado que andando, pero cuando estaba bien yo lograba hacerte reír como nadie. Habías hallado a la yunta perfecta sin tener que casarte con ella. Amor ideal, aunque parezca mentira. Predestinados a un eterno affaire au trés petit sérieux. Te llevabas bien hasta con mi madre, quien a menudo te piropeaba por tu buen gusto por las faldas largas, modestamente cubriendo tus piernas con una pléyade colores cuyos nombres solo vos los sabías en francés.
El primer sicopompo apareciò arriba del árbol de mango en forma de un aleteo invisible pero que sonaba un poco como el inicio de uno de los movimientos del poema sinfónico El Mar de Claudio Debussy. Nunca supiste qué era, yo quise saberlo mientras me quedé esperando que regresara mi mamá, porque no me percataba de lo súbito que es el zarpazo que da la garra translúcida de la muerte. Lloraste por mi madre muerta, fuiste a su sepelio, pero nunca le echaste tierra encima del jardín fértil de tu memoria. Ahí sigue en capilla ardiente, de cuerpo presente, porque ustedes los ateos por no creer en una vida luego de la muerte están condenados a no tener consuelo y a dejar insepultas las ascuas de sus muertos. Por eso te repito lo que decía el general Tacho Somoza Debayle, estamos jodidos todos ustedes! El palo de mango sería un sicopompo más, porque cuando te mudaste de casa ahí estaba otro palo de mango, y ahí estaría anidado mi kismet de partida.
A veces, en las noches cortas en que tu columna rota comienza a bailar al ritmo de esa atrocidad llamada El Gato Volador de Mr.Chombo, te preguntás si la geografía hubiera cambiado el final del asunto. Yo insisto, no es para consolarte, fijáte que no. Todo hubiera sido igual. Un día, mucho antes que gritaras al verme echar una enorme cucarachota aleteante encima del delicioso kimchi que preparabas para la Nochebuena, pero después que capturases una mirada gélida en la pupila oscura de tu esposo, tu hija dijo haber visto algo en el palo de mango del traspatio. Algo, con unos ojos como carbones encendidos y forma difusa, pero ella sospechaba que era redondo y tenía pelo pero no nombre.
Este algo sería un sicopompo más en la larga cadena de peldaños hacia la despedida. Antes de mudarte de casa, a los árabes les dio por vengarse del largo intervencionismo gringo y les zamparon dos aviones en las torres gemelas de Nueva Cork, y creíste ver la cara del diablo en la humareda de uno de los edificios antes que la torre colapsara. Lloraste a solas allá en tu aula de clases por los perros de rescate que fallecieron en cumplimiento del deber. Vos poco llorás por los humanos, quienes marchan a la guerra porque son estúpidos como ellos solos, sobre todo los hombres. Poco más de 40 días después del atentado del 11 de septiembre del 2001 te habías tenido que servir un tazón de lágrimas cuando tu socio murió de un pedo atravesado, sí, lo siento, eso fue, aunque el acta de defunción dijera que fue un ridículo dengue hemorrágico, pero la realidad es que Tiberio se murió con un pedo atravesado en el corazón después de pelearse con vos y hasta haberte lanzado un vaso de agua allá en el hospital, preso de la desesperación porque vos nunca tuviste tiempo para él, ni para nadie. Murió tan arrecho que luego soñabas que él venía, te rascaba tus malolientes pies de iguana y te amenazaba que iba a matarte a alguien que mucho quisieras para desquitarse que nunca le diste ni un pellizco de atención.
Entre una y otra cosa estaba mi mala salud, los sobresaltos constantes para mantenerme vivo, las prisas en fin de semana permitiendo que el lépero del galeno con ojos de chulo y voracidad de lobo te dejara sin un centavo ni para el destartalado bus, el miedo constante, la mirada fija en mi caja torácica(estás durmiendo amor, o no respirás apenas, criatura?), y siempre en las noches sin luna, la sombra, ese algo peludo, de ojos encendidos y con olor acre en el árbol de mango del patio, ese hálito a presentimiento de lo fatal sin poder hacer nada para espantarlo y lanzarlo lejos a que fuera a joder a otro lado.
Una cosa tenés que reconocerme, sin embargo, a pesar de tanto que te hice sufrir. Yo te enseñé a amar sin egoísmos, a valorar los pocos momentos alegres que da la vida, aunque estuvieran rodeados de penas que eran campeonas en natación. Me perdonaste desmanes, como cuando en arrebatos de rabia rompía todos tus perfumes-y no seás fachenda diciendo que todos eran franceses-o te arruinaba algún vestido cuando ya estabas emperifollada para salir. Te desternillaste de la risa cuando casi rompo la pantalla de tu televisor mientras mirabas un especial de la II Guerra Mundial y le di un puñetazo al cañón de sepa judas cuantos milímetros que apuntaba amenazante desde el nunca jamás. Lo peor fue cuando me cagué en tu lavamanos, no lo hice por ofenderte, no sería la única vez que un macho hiciera algo semejante, vos misma contaste que el Che Guevara siendo cipote se cagó arriba de un piano (y no faltan los derechistas que digan que luego embarró de ñaña a toda Cuba) pero ustedes las hembras, qué cosas no le aguantan al macho cuando están locas por él? Ni a tu esposo le aguantaste las cosas que soportaste conmigo, pero ahí estabas, y solo mirabas a este pelirrojo y la sonrisa te partía la cara redonda como un machete destapa una jugosa sandía en verano.
Pero estaba el algo, ese algo sin nombre, en el palo de mango. Cómo le llamaste al algo…Azrael, el Jinn, el Dybbuk o el Desolado?Como que desolé, Desolé,madame, il est mort! Madame s´est meurt, madame s´est meurt gritaron las criadas cuando se palmó la infiel cuñada de Luis XIV en plena juventud, empachada y tras habérselas pegado a su maricón marido Felipe. El Triste, como la canción del bolo José José?
Nunca te dignaste aponerle nombre, ni cuando un 20 de abril, antes que pudieras probar bocado y salir a darle clase a un gordiflón koreano con cara de piña y total inmunidad en cuanto al aprendizaje, esa silueta siniestra se me metió en el cuerpo y no quiso salir. Me fui dando gritos, porque ya estaba enamorado de la vida, y entusiasmado con las travesuras que te iba a hacer. No alcancé a recibir ayuda médica, me morí camino a una clìnica, en el semáforo frente a un asqueroso mall capitalista, en el lento semáforo que luego la alcaldía convirtió en rotonda con una escalera de escultura para justificar el saqueo del erario. No morí en tus brazos, sino que mi último aliento lo absorbió tu esposo al quedar yo en su regazo. No había más que hacer. Quisieron plantar una rosa roja encima de mi tumba pero hasta para eso fuiste un fracaso, pues la mata por la que hizo viaje tu familia entera a un vivero en la carretera vieja a León la descachimbó a mordiscos una voraz perra que tenías y el resto fue comido para la cena por un agresivo ejército de zompopos más efectivos que los soldados aliados del Desembarco de Normandía donde estuvo tu papá y tres hermanos suyos más.
El algo siguió apareciendo nuevamente a ratos en el palo de mango, y cuando mi viuda murió en una efemérides más de la Noche de los Cuchillos largos, quisiste pensar que ese sicopompo del dolor reaparecía para echarte a llorar de nuevo. Nunca creíste que venía por vos. Desde el momento en que estoy usando tus manos y un teclado electrónico para escribir este relato a través de vos, es obvio que no te has muerto. Pero te esperaba un calvario de sufrimientos, y a veces me echás la culpa de haber quedado diabética a los 43 años. No es justo. Tu genética y tu muela voraz trituradora de millardos de caramelos mientras estudiabas tienen la culpa, no yo. Y no fue que Tiberio viniese por mí para vengarse de tu indiferencia, nadie te quitó a este macho que aún te ama. Al morirme, pasé a ser únicamente de tu propiedad, aunque Abraham Lincoln haya emancipado a los esclavos en 1864 y el zar Alejandro II haya soltado a los siervos en Rusia en 1861. Sigo siendo esclavo de tu prodigiosa memoria historiadora, sigo siendo el sirviente de esa máquina del tiempo en la cual me atrapaste, y si de veras confesás todo por escrito, no olvidés poner que en la noche, cuando ya tu esposo duerme como olla de nacatamales roncando a tu lado, yo llego y sentís que algo-pero no el algo del palo de mango- pasó por tu costado dejando una sensación tibia de pelo rojo y un ligero ronroneo. Porque en realidad nunca me he ido, y aunque sintás un nudo de garganta como si te comiste un burro muy gordo con todo y albarda y se te pegó en el gaznate, cuando leés a Tagore (¨el niño se ha ido, ya no está su cuerpecito…¨) o cantás sin que te oigan el Angelito de la Violeta Parra(a dònde se fue su gracia, a dònde fue su dulzura, por qué se cae su cuerpo, como una fruta madura?¨), yo sigo siempre al pie de ese cañón que has sido para mí desde que nací.
El algo de aquel palo de mango y otros sicopompos que te anunciaron que yo sería breve en la realidad pero eterno en el recuerdo quedaron a la zaga, desperdigados pero latentes. Solamente la pequeña dosis de glibenclamida y metformina en la mañana te recuerdan que la diabetes vive en tu organismo, pero yo no te la di. Hoy gravito en la nada y te uso de escritor fantasma. Es lo menos que podrías hacer por mí, y desde la foto que adorna el pasillo, donde estoy espléndido en el trono de alegría casera que yo ayudé a construir, te sugiero nada más que sigás adelante, mujer. Y tengo de buena fuente, a como dicen los buenos periodistas y no los mercenarios de la información y las ventajas sucias, que algún día nos volveremos a encontrar. Si de alguien jamás podrás escapar es de mí, tu gato pelirrojo y peludo que solo vivió 13 meses, 13 días y casi 7 horas, tu gato del imperial nombre de José II de Habsburgo, quien no quiere que lo ridiculicés llamándole angel de la guarda porque algo estará siempre escuchándote y con los sicopompos del adiós nunca se juega. Pero para mientras vas aprendiendo con qué cosas se juegan y con cuáles otras no, aquí estoy. No soy un fantasma pues no existen. Mirá más de cerca, me tenés cargado. Si, regresé dentro del cuerpo de tu gato al que le pusiste mi mismo nombre, retorné en la forma de mi propio bisnieto, porque la gran desgracia tuya es que creás adicción, peor que la Cocacola que ya dejaste. ¨


Cecilia Ruiz de Ríos, 16 de febrero del 2006.


NOSTALGIA DE MUERTE
Cecilia Ruiz de
Ríos


Tras tantos años de no verla, así de
sopetón, me la topo en cualquier esquina de
la casualidad, y ahí está, intacta o si posible
mejor que el recuerdo, como descrita con
amor por un Mario Benedetti, y quiero decir
que en alguna parte debí de haberlo leído
pero es verdad, tuve que echar doble nudo a
mis emociones para que no salieran a su
encuentro a lamerle la cara como can
agradecido.

Los nudos nofueron muy fuertes pues antes
de morderme la lengua le dije que había
conservado sus poemas atados, sin que las
cucarachas a los ratones pudieran roer sus
bordes, y para cerciorarme que me creyera
le cité aquel pasaje donde ella comparó los
numerosos lunares de canela sobre mi tez
blanca como las constelaciones de un cielo
de diciembre, poniéndome a la altura de un
cinturón de Orión o las Siete Cabritas.

Y todo esto a pleno sol, con un calor de los
mil diablos, y con agenda apretada por cada
lado. Le dije que mi vida estaba como para
una telenovela, y ella me dijo que la suya
también. Fue cuando me di cuenta los
efectos de tanto como de marxismo y tantas
dosis de practicalidad que engulló a través
de los años.

Era la misma solo que con más años muy
bien disimulados. Hablamos de todo y de
nada, a como suele suceder cuando uno
quiere hacer un puente improvisado sobre el
río de la distancia o un cauce urbano de
olvido engavetado, atando lianas de
momentos compartidos hace años, tratando
de armar si no un Golden Gate Bridge o el
Puente de Londres por lo menos un
quitamiedos que nos de la sensación que
estamos asiendo algo firme, que hay por
donde pasar ante tanta indiferencia ficticia
acumulada, y salió a relucir hasta literatura
australiana del Banjo Patterson que ella me
leía, y le recité en mi mal inglés las únicas
líneas que se me pegaron de la popular rima
del confín del mundo sobre el vago Clancy
(in my wild erratic fancy visions come to me
of Clancy...) y de nuevo, a como lo hacía en
1984 me dijo que yo le recordaba al mentado
Clancy, y de nuevo me regañó por nunca
haber podido aprenderme aunque fuera la
versión castellana de la Rima del Anciano
Marinero de Samuel Taylor Coleridge...

Esto de los reencuentros, señores, no es
solo alivio. Alivio de saber que uno está vivo
y la contraparte nunca olvidada-viva también,
quizás un poco rasguñada, o un tanto
todavía con pulsos locos como antes. No es
solo alivio de que la vida no ha podido acabar
con uno, sino que también hay un regusto
bien sabroso a dolor.

Nos preguntamos qué hubiera sido si cada
quien no hubiera hecho toda la diferencia al
tomar el otro camino de la bifurcación, y que
me perdone el gringo Robert Frost por ésta.
Es saber que Serrat tiene razón cuando
canta que uno cree que los mató el tiempo y
la ausencia, pero su tren tomo boleto de ida
y vuelta...todas aquellas pequeñas cosas de
un tiempo de rosas (aunque aclaro que la
década pasada no fue muy de rosa para
muchos y que esos mismos escapan de
devolver el almuerzo de la arrechura cuando
se acuerdan de las filas y las confiscaciones
y la partida del hijo a la montaña...)

Y mientras hablaba con ella a la sombra de
un laurel de la India, sentados en una
banquita mientras un enorme pijul hace
glorioso intentos por cagarse encima de mi
mollera, los temas normales salen a flotar,
que la situación del país, que la corrupción
estatal, que el desempleo, y me voy fijando
en cada detalle, las piernas sin várices, las
manos huesudas de siempre, la mirada de
tormenta a punto de soltarse, mientras yo sé
que ella bebe a sorbo lento mis recién
estrenadas patas de gallo alrededor de mis
ojos color chocolate que siempre admiró, me
pasa la mano por el lunar de la mano, con
aquella espeluznante confianza, me busco
con disimulo canas en el cabello y sonríe
internamente al no encontrarlas porque ella
siempre ha pensado que las canas son el
termómetro visible del sufrimiento humano.

A quemarropa la sacudo con la pregunta que
me pica la lengua. Le pregunto si entonces,
año atrás, me quería. Es increíble ver a esta
señora que no le daría miedo olofatear el
azufre del diablo palidecer y quedarse
tartamuda por un rato.

Después de buscarse un asidero en el
acantilado por donde la he lanzado sin
querer, se pega como pulga en gato peludo
a una liana de excusas freudianas y me
suelta un discursito sobre las fijaciones
edípicas antes de darme un sí a media agua
que más bien me deja como cúcala que le
botaron el palo a sus pies. Me siento
vulnerable, ríanse, el señor se siente
chimado, triste con ganas de reír, el jodedor
de la fiesta, el que nunca le faltan los chiles
verdes o sencillamente morados, el
bacanalero que llega triunfante tras una
noche de desvelo a trabajar como burro de
carga.

Pero tengo que conformarme con algo tras
haber lanzado esa pregunta. No quiero que
me vea vulnerable. No quiero que se de
cuenta que a mis 37 años, me siento como
que ya vi de todo y no me gustó. Quisiera
sacar un borrador del aire y eliminar las
ganas de sincerarme por una vez en la vida,
si es que vida se le puede llamar a mi
existencia ajetreada.

El tiempo como siempre interfiere y tiene
que regresarse a su vida de siempre, a
seguir siendo la misma soberana del deber
cotidiano, a su mundo donde la conocen
pero no la ven.

Esa noche cuando llego a casa, pienso en
que puede ser verdad lo que me dijo sobre
los hijos citando a Khalil Gibran. Quiero
asirme un poco a su memoria y busco en el
cajón los poemas que me hizo cuando
nunca sospeché que yo podría ser musa de
alguien. Los encuentro en los papeles
amarillentos, junto a mi certificado de
bachiller y las notas de mi primer año en la
universidad.

Estoy por cerrar el cajón cuando un papel
sellado me llama la atención. La sentencia
de divorcio de mi único fracasado
matrimonio, por cierto una boda que no fue
con ella? No. Pero no puedo morirme del
susto. Nadie se muere dos veces y el papel
que tengo en mis manos es mi propio
certificado de defunción, que data de unos
años atrás. Es cuando me percato que la he
estado recordando tan cotidianamente que
no me ha dado tiempo de enterarme que ya
estoy muerto.
8 de abril de 1999

el gran bulldog inglès



EL INCOMPARABLE Y CHIMBARON WINSTON
Cecilia Ruiz de Ríos

"Yo no te comprendo. Churchill es tu colega y nunca le has hecho un artículo...será envidia, teacher?" me preguntó con una ceja alzada mi alumno estrella Ricardo.
Winston Leonard Spencer Churchill al debutar en este valle de lágrimas un 30 de noviembre de 1874 no tenía a quien salir bobo. Su padre era Lord Randolph Churchill, un político de sangre azul y mostacho de morsa que amaba leer.Su mamá era la bellísima, erudita y lujuriosa Jennie Jerome,la hija del editor del New York Times.En su niñez estuvo en manos de criadas, pero Jennie sacaba tiempo entre su apretada agenda social y sexual(fue querida del rey Eduardo VII)para llevarlo al zoo y en una de esas lo retrató a lomos del celebérrimo elefante Jumbo antes que este animalito de Dios fuera vendido al empresario circense gringo Phineas T. Barnum. El gordito Winston sería amante de los animales y los chicos toda su vida, pero como alumno era un real desastre. Tenía problemas de dislexia, su padre y maestros lo agarraban a sopapo limpio.Era excelente solo en gramática, historia y ciencias naturales, pero los libros de matemáticas le daban ganas de vomitar. Cuando se graduó en 1895 de la academia militar, era subteniente en el Cuarto Regimiento de Húsares de la Reina, y como miembro de éste le tocaría ir a Cuba, India y Sudán. Tres años más tarde se afilió al Partido Conservador, y 1899 lo encuentra de travieso a Africa del Sur en plan de corresponsal de guerra para el Morning Post. Ahí habría de saborear el tabo para luego escapar hacia Inglaterra.
Jennie como madre fue excelente, y además se destacó como su cómplice incondicional. En 1900, Winston ya es diputado por Oldham en la cámara de los comunes. En 1914 lo nombran lord del Almirantazgo, cargo desde el cual acomete la modernización del ejército inglés. Pero al estallar la I Guerra Mundial, el destino le reservaba un trago amargo. En la batalla de Galípoli contra los turcos, varios de los buques ingleses se ven hundidos por las minas turcas y todos le echan el muerto a Winston. Esta humillación habría de marcarlo tanto que ni Clemmie, su adorada esposa con quien se ha casado locamente enamorado, logra quitarle la mocepa de encima. No es para menos, pues sale del gabinete en desgracia. Winston supo adivinar que Hitler en Alemania sería toda una amenaza y advirtió al gobierno inglés para que no se fiaran de él. En 1931, Winston visita la tierra de su madre, y sube al Empire State Building resoplando como foca. 7 años más tarde, cuando Neville Chamberlain es el primer ministro inglés, Churchill le advierte que no le despegue un ojo a Hitler. Neville se va a la conferencia de Munich y regresa repleto del atole de tontos que le ha dado Hitler. Neville ha acordado con Hitler que solo se coma una parte de Checoslovaquia, pero cuando el 1o. de septiembre de 1939 Hitler le cae encima a Polonia, Neville queda haciendo el bulto, el cuadro y el ridículo ante los ingleses. Neville pone a Winston como Lord del Almirantazgo.Al caer Noruega ante los nazis, Neville está en aprietos. Se va donde el rey Jorge a Buckingham a presentar su renuncia. El atribulado rey pregunta a quién deben nombrar como Primer Ministro y Neville señala a Winston, quien toma su cargo el 10 de mayo de 1940.Hitler ya tiene tropas en Francia. La Luftwaffe nazi hace estragos contra los Aliados, y la Royal Air Force de Inglaterra lucha como gato panza arriba. Hitler lanza en verano la Batalla de Inglaterra, echando a su fuerza aérea a bombardear Londres. Churchill y su gabinete sesionan bajo tierra en un refugio, y tras cada bombardeo personalmente va a ver los daños. Winston una vez bajó a un peligroso sótano para salvar a una camada de gatitos y su madre de un edificio derribado, y se los llevó a casa a Clemmie. Churchill, con su mano haciendo la V de la victoria y sus discursos optimistas animaba al pueblo inglés a no desmayar en la lucha. En agosto de 1940 Winston abordó el buque Príncipe de Gales para ir a reunirse en el Atlántico Norte con el presidente gringo Franklin Delano Roosevelt. Por 4 días, FDR y Winston sesionaron, y fue el inicio de una cálida amistad. 4 meses luego, Estados Unidos habría de entrar a la II Guerra Mundial tras el ataque de Pearl Harbor, unificando planes con Winston para formar un sólido frente aliado. El 26 de diciembre de 1941 Winston compareció ante el congreso gringo prometiendo darle una lección a los japoneses. En 1942 los ingleses aún estaban débiles en el frente de guerra de Africa del Norte. Rommel los tenía sofocados. El pueblo comenzaba a cuestionar a Winston, pero esta vez el parlamento se negó a censurarlo. En agosto del 42 se dio la primera reunión entre Winston y Stalin, y los dos se miraban feo. Winston hasta le dijo a Stalin que sus puros apestaban, y cuando perdió la paciencia Winston le aulló"Y donde estabas tú cuando los aviones nazis, llenos de petróleo ruso, nos deschincacaban Londres?" Finalmente Rusia se sumó a los Aliados.Winston puso al mando del 8vo. ejército inglés al veterano de Dunquerque, el flaco general bernard Law Montgomery, y en la Batalla del Alamein, tras casi una semana de combates, los ingleses pudieron ganar. No volverían a perder. En noviembre de 1943 Winston, FDR y Stalin se sentaron juntos en la Conferencia de Teherán. Se acordó que Inglaterra sería la punta de lanza para atacar desde ahí a Francia e ir penetrando. Winston estaba como gallina comprada porque andaba con faringitis y no podía hablar...pero aún así se fue a Túnez para hablar con el general Ike Eisenhower, con quien armarían el Desembarco de Normandía. En Túnez, Winston casi se muere e Inglaterra entera oró por su salud. Regresó con libras menos pero desbordante de entusiasmo a Londres, hablando maravillas de la sulfa. Eisenhower, considerando la edad de Winston, no quiso permitirle que estuviera en uno de los buques para el desembarco, pero chimbarón a como era el señor, se precisó una prohibición del rey inglés para que Winston se quedara en tierra. Posteriormente visitará a los soldados en el frente de guerra, convirtiéndose en todo un ídolo para las tropas aliadas. El 8 de mayo de 1945 se firma la paz en Europa. El 17 de junio de 1945 Winston interrumpe su participación en la conferencia de Potsdam para saber si fue reelecto Primer Ministro, pero las elecciones las pierde a manos de un pueblo malagradecido. Winston regresaría al cargo hasta en 1951, pasando este intervalo en casa pintando, escribiendo sobre historia, chineando bebés, jugando con sus mascotas y romanceando con Clemmie, dado que su matrimonio siempre fue un divertido y eterno noviazgo. Cuando ganó el Premio Nóbel de Literatura en 1953, se carcajeó afirmando que jamás lo hubiera ganado en la categoría de Paz.Tuvo tiempo para acuñar la frase Cortina de Hierro para denominar al bloque prosoviético y en 1954, al cumplir 80 años, le regalaron un libro y un retrato suyo que le pareció espantoso. La reina Elizabeth II lo hizo caballero de la Orden de la Jarretera, y un 24 de enero de 1965 se fue de este mundo en uno de los funerales más apoteósicos del siglo, dejándonos una huella tierna en el corazón a los millones que le admiramos porque fue un perfecto esposo, gran padre, estupendo historiador, gran humorista, buen pintor y el mejor estadista de la pelotita del mundo.