Bienvenidos a El Mundo según Cecilia

Ni en broma ni en serio sino que en ambas formas y gracias a la guìa de mi hija Elizabeth, aquì estoy dando a luz a mi cuarta intervenciòn en Internet, siendo mis anteriores websites www.cablenet.com.ni/historyarte , www.cablenet.com.ni/historia/histoper y www.cablenet.com.ni/rubendario .Soy Cecilia, historiadora y profesora de idiomas tan orgullosamente nicaraguense como nuestro rìo San Juan, tengo 48 años y 27 dìas al momento de comenzar este parto, y es un intento por saltarme la barrera de las censuras, derribar el muro de Berlìn de los convencionalismos gazmoños y evitar que mis aportes se vean entorpecidos por la mediocridad. Aquì encontrarèis mis artìculos sobre historia, mis relatos de terror que sacan tinta de la sangre de los campos de guerra de la Nicaragua violenta de los años80, mis pensamientos filosòficos y mi amor incondicional por los animales. Quizàs sea la màxima expresiòn del egocentrismo militante y el sadismo utilitario, pero os prometo que no estarèis indiferente a nada, que ya es algo en este mundo de tedio y aburrimiento. Pasad adelante y gozad, o a como dicen los "cops" en Estados Unidos: Relax and enjoy it!
Cecilia Ruiz de Ríos
31 de octubre de 2007,Managua

viernes, 27 de enero de 2012

UN CUENTO SOBRE FRUNZE


OJOS DE LAGO BAIKAL(MIKHAIL)
Me diras que soy un cerdo asqueroso que solo en eso pienso, pero ay que ganas de sonarte una palmada enorme en el trasero mientras dormias, a pierna suelta, en el estrecho camarote donde roncan los doctores que están de turno. Ahora faltas a dormir a tu nido sin problema, ya que quedaste sola para alivio tuyo, aunque nunca lo manifestaste ante nadie. No quiero despertarte, por eso me alarma que al entrar yo en tu mente tus ojos se agitan màs, sin abrir los pàrpados. El REM sube y no quiero ver esos ojos de alienígena, casi blanco oscuro, que hacen que te llamen la Satànica Doctora NO. Me anido en tu brillante cerebro de cirujana, admiro lo bien que te conservas a tu edad, y me pregunto por què a pesar de que devoras libros a razón de 10 por semana, nunca has encontrado información de por què se siente uno tan solo después de la muerte, o en otras ocasiones parecidas como un estado de catalepsia. Pero bueno, vamos a lo que me interesa. Tenes razón que los hombres somos egoístas y solo nosotros queremos tocar y sonar la guitarra. Mirà que hasta me he molestado en aprender tu extraño papiamento que llamas nicañol, de por sì que el español es una lengua harto complicada, como para hablar con dios si hubiera uno.Arjann Khan, no te despertès que sino me voy. Segui soñando conmigo, porque es de la única forma que podràs entenderme.
En los libros me encontràs fácilmente. Incluso hay una entidad muy respetada que lleva mi nombre allà en Rusia, donde me desarrollè pero siempre fui un turkestano. Desde mi nacimiento un 2 de febrero ya venia para mandar. Mi papi era un medico moldavo, y a mi mami que era rusa la manejaba al bote y al meado desde mi cuna. Siempre supe lo que querìa, y emanaba un sudor con olor a leche acanelada que junto con mis ojos claros y pelo oscuro obraba maravillas para conquistar. Pero ya sabia que me tendría que fajar para luchar y subir. Nacì bajo el régimen del zar Alejandro III, un grandulòn ofuscado, odioso y represivo cuyo hijo Nicolàs II sería el ultimo zar, muy pusilánime por cierto, de Rusia. Fue en el año antes de entrar a estudiar a la universidad politécnica de San Petersburgo cuando sucedió el encuentro del que te voy a detallar mucho, pero no te despertès, por favor.
Esa mañana había reprobado un examen. Me dio vergüenza, extremo bochorno. Yo siempre sacaba las mejores notas, y ese dia no me sentí cómodo dentro de mi piel aduraznada.No podría soportar fracasar. Yo ya tenía mi ideología formada aunque te parezca mentira, siendo un adolescente, pero no me vas a decir que vos desde chiquita no sabìas a lo que ibas, por lo menos profesionalmente, porque en lo del matrimonio te salió la venada careta y quizás solo cuando viste el cràneo destrozado de tu marido a la par de la moto donde iba con otra mujer, cuando viste su encéfalo perforado y desparramado fue que tuviste una idea vaga de què albergaba bajo su cada vez màs ralo cabello castaño. Pues yo me dije tras ese examen fallido que yo no volverìa jamás a pasar por semejante vergüenza, la humillación de un papel manchado de rojo por el profesor. Habian varios cosacos, uno de ellos que clamaba ser descendiente del famoso bandolero convertido en republicano Stenka Razin, quien osò desafiar a nada menos que al zar Pedro El Grande.Ellos decían que un pacto con el diablo era manera segura de garantizar que todo marchara sobre rieles, aunque el pago al final del asunto era caro. Te quitaba luego el diablo la mejor parte de tu cuerpo. Tratar directamente con el uñudo no me parecía muy excitante. Me dormí acariciando la idea, sin estar muy convencido. Yo siempre dormía boca abajo, y fue a eso de la medianoche que me percatè que estaba dispuesto sexualmente. Prendì el candil, siempre dormía con un candil en la mesa de noche. Fue cuando vi unas volutas de humo saliendo de debajo de mi cama.
No eran del candil. Una mujer morena, de ojos de color indefinido, y vestida con un traje de tul blanco, como niebla ajustada a su cuerpo, se arrimò a mi cama. De donde había salido? Pero yo estaba cachondo, alborotado como dicen ustedes los nicas, y teniendo hambre, quien dejarìa escapar al manjar servido? No había estado con una mujer en buen rato. Mira`, nunca fui obsesionado por el sexo, pero esta mujer tenía algo especial. Si no te ofendès te voy a decir que asì debiste haber sido cuando estabas veintiañera y cometiste el atropello contra vos misma de casarte con ese mequetrefe infiel que sepultaste hace 6 meses. Yo no hubiera enterrado a mi esposa si ella hubiese muerto durante un asuntillo con otro, por mì que se la hubieran comido los cuervos. Te pasaste de generosa, pero bueno, no vine a regañarte. Gocè a como nunca lo había hecho, era mi talla perfecta. Descubrì músculos que no sabìa que los tenía, y sensaciones que dejan atrás cualquier imaginación calenturienta. No podía detenerme. No podía contenerme. No tengo palabras para describir las emociones que tuve. Nunca jamàs volvió el sexo a ser igual para mì. Una vez que la energía se agotò, y quedamos tendidos y sudoroses en mi estrecha litera, la mujer me dijo que era un súcubo, una emisaria del demonio, una vampiresa sexual que se nutre de la lìbido de los hombres, y que sabiendo que yo ansiaba éxito pero no querìa tratar directamente con el diablo, ella fungìa como agente. Cuando hubiera escalado a las cimas del poder con que yo soñaba, cobrarìa el demonio con la mejor parte de mi cuerpo. Para eso faltaba mucho. Presto, le preguntè cuando la volverìa a ver. Me dije que el pacto se firmaba una sola vez, nada mas. Me dormi en sus brazos, inusitadamente feliz y en paz. Se dan cuenta ustedes cuanta paz traen tras la agitación?Y cuanto desasosiego, porque cuando despertè ya no estaba. Mi cama estaba hecha una sopa de sudor y semen, y un dolor tenue en los genitales me indicaba que algo había pasado. Estaba desconcertado. No desayunè y me fui corriendo a clases, pues debido al desvelo de la noche, no había dormido. Estaba pàlido y ojeroso. Habìa sido un sueño demasiado real, o una realidad con gusto a sueño? La confusión reinaba en mi cabeza, y no sabìa què hacer. Si le contaba a mis compañeros o profesores se iban a reir de mì. Mikhail el Cachondo, ya me imaginaba con ese apodo y las burlas. No, era preferible guardarme el secreto. El profesor cuyo examen reprobè me abordò después de clase. Me mostrò el examen que tanto bochorno me había causado. No tenía errores ni màculas, era un 98, cierto, no era un cien. No podía creer lo que estaba viendo. Creì que por làstima me había corregido las respuesta malas, y había sobreescrito una buena nota encima de la tinta roja. No, no había ni huella de borrones ni nada. Yo le dije que honestamente sabìa que había fallado, pero èl me mirò de forma extraña. Me preguntò de donde sacaba yo que había reprobado. Me enseñò mis notas de la clase.
Promedio de 100. Y eso? Me sentì tentado de decirle que habìa hecho el pacto con el Diablo, pero sabìa que el viejo maestro se iba a reir de mi. Solo me dijo que me notaba cansado, que pensara un poco mas en mi. Que para tamaña excelencia tampoco había que dañar la salud Me sentí aun màs perdido, completamente desorientado. Con decirte que hasta el apetito, esa característica gigantesca y feliz por lo que me hacían bromas, lo perdí. Ni una buena sopa de borscht me animaba, estaba jodido en resumen.Estudiè a regañadientes, me dormí sin cenar y el sueño no venìa. Còmo podía llamarla si ni su nombre sabìa? Era atroz, había conocido íntimamente a la mujer mas exquisita del mundo, fuera real o fantasìa, y ni el nombre le sabìa. Parecìa un chiste cruel. El cansancio me venció y pasada la medianoche me dormí.
Te estoy aburriendo, Arjann Khan, jefe de cirugía de este hospital?Tus ojos parecen querer brotar a través de los pàrpados, no te quitaste la sombra de ojos que anduviste en el dìa, malo malo malo. Pero màs malo soy yo, no te dejo dormir bien, dejàme que recoja la almohada que botaste al piso y ponértela entre tus rodillas. Y esto?Sabe alguien que dormís con un peluche de Dinoperro de los Picapiedras? Era un juguete de infancia de tu hijo mayor, quien ya es un sensato ingeniero quien se morirìa de vergüenza si se entera que su madre, la cirujana màs brillante de Nicaragua, duerme abrazando un peluche. Yo lo encuentro tierno y encantador, Arjann Khan, hija de un fedayín pakistano que vivió lo suficiente como para lograr engendrar un ser tan peculiar como vos.
Nada volvió a ser igual en mi vida tras perder a esa mujer. Estàte claro que me casè después, hice una familia mientras iba subiendo como la espuma en las filas del partido comunista. Fui haciéndome un bolchevique de renombre, logrè que Vladimir Ilitch Ulianov, Lenin, me amara casi tanto como a sus gatos que es decir bastante. Lev Davidovich Bronski, fundador del ejército rojo y mi antecesor, también me abrió su extraño corazón.Organicè a los obreros textiles, pendientes que el régimen del zar Nicolàs II-ee Cachudo, a como le llamaban pues se rumoraba que mientras el starets Rasputin se le montaba a su mujer la zarina alemana Alejandra de Hesse, èl observaba-y me fui dando a conocer entre los obreros. Sabìan que mis métodos eran poco ortodoxos, pero siempre tenía una solución ingeniosa a mano.Me arrestaron y pasè 10 años congelándome el culo en prisiones de la Siberia, pues solo eso recetaba el desgraciado del zar. Estuve destinado a ser ejecutado por un tiempo, pero luego me hicieron trabajar como esclavo en los campos siberianos. Tras escaparme a Chita, logrè dirigir un periódico de los bolcheviques ahí.Tuve otros cargos en el movimiento y tras 1918 estuve de comisario en Byelorusia, y luego Moscù. Acabè siendo nombrado en 1925 el Comisario del Pueblo Para asuntos militares y Navales de la Uniòn Soviètica, nombrado casi 9 meses antes de que las Parcas me echaran el ojo. Previo a esto había desempeñado numerosos cargos militares, teniendo el chance de mostrarme como buen estratega. Sì, ya sè, me vas a decir que me estoy bañando en aguas de rosas, pero es apenas la verdad, para que entendàs còmo tanto poder me hizo pagar con la mejor parte de mi cuerpo.
Cuando Lenin comenzó a tener problemas de salud, està demás mencionarte que muchos me consideraron a mì como la sucesión lógica, por encima de mi mentor Trotsky y el iracundo Josè Stalin. Yo siempre daba soluciones, fueran convencionales o no, y eso era lo que precisaba mi país adoptivo, Rusia, porque nunca dejè de ser turkestano. Al morir Lenin tras un derrame cerebral en 1924, las cosas salieron de tal forma que yo quedè a cargo del ejército rojo mientras Trotsky hizo maletas para salir de Rusia a como vos decís, como cucaracha mal atomizada.Era obvio que el viejo cabro judío no cortaba rosas con Stalin, y a pesar que Stalin era un patan mediocre con malos hígados, bueno, siempre me respetò. Hasta que lo usaron de instrumento para cobrar mi deuda pendiente.
Toda mi vida fui un gran gastrónomo. Si había que comer, cuanto lo gozaba, si no había ni modo, bistec de aire con salsa de vientos.Nunca tuve ganas de ser ricachon, ni conquistar el poder para mi beneficio. Pero una buena mesa era un momento agradable, y asì fui comenzando a padecer del estòmago. Comìa a destiempo, no siempre lo que me gustaba, pero enfin, còmo le vas a rechazar a un campesino que se quita el bocado de la boca y te manda una humilde sopa de repollo, porque te estima, porque te admira? Comenzò todo por una sencilla gastritis, y luego pasè a las ulceraciones. A veces pasaba rato sin sentir dolores ni tener acidez y nausea, pero de repente el mal sacaba las zarpas y como gato furioso, me las hundìa en la barriga. Quizàs eso era parte de lo que me mantenía mi silueta hasta los 40 años que lleguè, cuando otros ya estaban como vos los llamàs, timborros y embarazados sin feto adentro, solo grasa. Yo sabìa que Stalkin era màs rencoroso que vos, que es decir bastante, y jamàs me perdonarìa sinceramente que cuando hubo luchas por el poder yo favorecì a Zinoviev y no a èl, pero nunca creì que aprovechara un espantoso ataque de la ùlcera para acabar conmigo. Siempre me le había corrido a la cirugía, prefiriendo tragar màs pastillas que una gallina. Pero en 1925 a mi barriga le agarrò bien feo. Vomitè sangre y para colmo, por accidente, encima de la chaqueta de Stalin. Me hospitalizaron y tanto Stalin como Anastasio Mikoyan me vinieron a convencer que me sometiera al bisturí. Fui amable con ellos aunque me sobraba la gana de echarlos de mi habitación y decirles que era mi maldito asunto y fuera las narices de mi barriga, que era mi panza y no la del pueblo, jodido. Una vez que se hubieron ido, me quedè con mi dolor en la cama.Me estaba durmiendo ya después de tomar mi medicamento cuando la vi. La misma mujer parecida a vos, intacta, casi transparente, y me saludò desde atrás de la cortina que estaba cerca de mi cama. Tantos años sin verla, me sonriò con tristeza y se despojò de la vestimenta de neblina que andaba puesta. Una enfermera pasò por mi cama a unos metros y no la vio. Solo yo la podía ver, por cuenta.Metiò una mano tan càlida como la de cualquier persona normal y la metió debajo de mi pijama.La reposò ahí.Ni el dolor de mi estòmago pudo detenerme, estaba débil pero aùn respondìa mi lìbido. El saludo a la bandera del erotismo. Considerarìa mi esposa, si se llegase a enterar, que esto era el peor tipo de infidelidad?Algùn dìa se te ocurrió vengarte de tu esposo, quien te las pegaba hasta con las sirvientas, te sacaba dinero de la cartera cuando su salario de juez suplente no le daba para mantener al establo de lujosas queridas, tomar a otro hombre y ponerle los cachos?No lo hiciste sencillamente porque tenìas los escrùpulos que el santòn de tu padre ex fedayìn te habia inculcado, y aun cuando la muerte te presentò flamantemente su infidelidad al morir èl y su amante cuando un bus se pasò llevando su moto, te diste a la tarea de sepultarlo.No merecìa ni eso, aunque fuera el padre de tus hijos, y ellos ya lo detestaban por los ultrajes que te propinaba. Te remojo esto para que entendàs que los escrùpulos deben ser respetados, llevados como cadena alrededor del cuello. Yo morì por culpa dn que mi hizo Stalin, quien nunca me perdonò el apoyo que le di al camarada Zinoviev. Stalin quien luego me hacìa muestras físicas de afecto, atusándose el bigote mientras con la otra mano me tomaba el mentón y me miraba a los ojos, musitando, “ojos del fondo del lago Baikal.”
Mis ojos del lago Baikal se nublaron cuando la neblina del vestido de aquella mujer tan parecida a vos entrò en mi organismo. Era como ir bajando a las aguas del balneario turco de Pammukkale, irse hundiendo poco a poco en un pusilánime sopor del cual supo de alguna forma que no iba a regresar a la superficie. Era una dosis enorme de cloroformo, y se suponía que era una operación sencilla de la cual miles de rusos habían despertado con la barriga bien reparada.La impotencia de sentirte como faisán cazado por los perros, el cuerno que anuncia tu derrota, tu salida de la vida, saber que te están descuartizando sin que podàs decir ni pìo. Dicen que nunca cerrè mis ojos de lago Baikal.Eso aterrorizò a los cuatro médicos de la intervención y a unos años de mi muerte, dicen que uno por uno me los lleguè a llevar en venganza. Ni te confirmo ni te niego esa especie, hacè con ella lo que te de la gana. Los flamantes Martynov, Grekov, Rozanov y Gete todos murieron de muertes aparentemente naturales, pero no corrieron lejos. Opinà lo que se te antoje.
Me sepultaron en ese odioso edificio tan sòlido a como nunca ha sido gobierno alguno de Rusia, el Kremlin. A la necrópolis fui a dar físicamente, pero ya ves que crucè mar y tierra para venir a tu lado a contarte esta saga que ningún historiador se atreve a revelar en su totalidad. Ni el glasnost ni la perestroika del cabeza chorreada de Gorbachov pudo apartar tantas telarañas sobre mi vida y muerte. Hasta los cochinos del zar, su esposa fornicadora e inutiles hijos han sido confirmados como santos de la iglesia ortodoxa rusa en la que nunca creì, y yo sigo aquí muerto de rabia, preso de mi resentimiento, furioso por la inutilidad de morirme con los cuadritos de mis mùsculos abdominales intactos salvo la espantosa herida de mi muerte, habiendome ido antes de tiempo a los 40 años. Aun si vos te murieras ahorita atus 52 años que ni aparentas, no morirìas arrecha por tanto desperdicio de una vida fructifera?Lo curioso es que ustedes los cirujanos abren pieles, destripan cuerpos, sacan piezas de organismos como si solo fuera el material de construcciòn de un edificio, a ver quitèmosle el porche y pongamos un balcòn. No, Arjann Khan, la pròxima vez que alguien yazca en tu mesa de operaciones, y veas su vientre abierto, o el corazòn latiendo sin saber a quien ama ese ser que tenès a tu merced, recordàs algo en nombre mìo: es una persona, un ser viviente, un animal con sentimientos.Espera a, a su trabajo, a su gatopera a la entrada de la casa.Perdona si te hablo asì, pero se siente uno tan solo y triste por estos lados del màs allà, que no es el puente del arcoiris de nuestras mascotas hacia el cielo, es un ser y no ser, un desear y no poder, una memoria de las cèlulas que fueron nosotros mismos y que ya no son. Estoy convencido que eras vos quien me visitaste en mi primera juventud, y luego en el hospital. Me dejaste un hàlito a girasoles de Ucrania, como los que adornan la pelìcula con la Sofìa Loren y Marcello Mastroianni, la viste verdad?Te sabes el tema en el violonchelo que tocas en casa cuando no estàs abriendo cuerpos con licencia para matar o para prolongar la vida.Siempre te emocionò, porque sabìas que estabas destinada a conocerme aunque fuera en sueños, a mì, a Mikahil Vasilievich Frunze, el turkestano que tuve en sus manos el poder militar de la hoy ex Union Sovietica pero que nunca abusò de dicho poder. No vine como general a verte, vine como el animalito descuartizado que fui, al que tu hijo el capitàn admira y que sueña ir a estudiar a la academia que lleva mi nombre. Yo no querìa ser un monumento ni una academia,solo querìa vivir.No me fue concedido la gracia de llegar a la vejez, de irme a una dacha quizàs con un bastòn, pero un viejo feliz que le contase a los nietos que undìa hizo un trato macabro con la mujer màs deliciosa del mundo. Yo que me vanagloriè de mi masculinidad, y mi mejor parte del cuerpo estaba en mi estòmago. De palmarse de la risa, doctora durmiente.No querìa venir a clavarte mi cimitarra en el muslo para que te estès quieta en el sopor, ni agitar las cortinas de tu dormitorio. El alba ya se acerca, e igual que los vampiros de los cuentos de miedo, me tengo que ir con la luz antes que ella acabe conmigo. No quiero dejarte, quiero botar al suelo tu Dinoperro gastado que huele a tu perfume francès Arpege,y acurrucarme con vos y confirmar que sos la mujer que me dio los mejores momentos de la vida, y el traicionero poder. Quiero salir de tu cabeza sin darte una embolia o que te despertès gritando, con suavidad. Voy pasando por tus ojos de tormenta, las ligeras patas de gallo por tus pàrpados, la casi imperceptible grasa debajo de tu mentòn afilado, por los senos que se niegan a caer aunque diste de mamar a tres hijos,las manos dolientes de cirujano, los inicios de juanetes.Y ya estoy fuera. Te contemplo en todo tu esplendor y considero cuàn estùpido fue tu esposo, cambiar semejante monumento por carne barata de ignorantes.Te reacomodo al Dinoperro y tus ojos bajo los pàrpados se van aquietando. No quiero que me mirès, cuando te despertès con una sonrisa, solo quiero que recordès que te visitò Mikhail Vasilievich Frunze, no un general ni dirigente, sino el hombre de los ojos del lago Baikal a quien Stalin traperamente, con mucho disimulo,le arrancò la vida. Es tu lecciòn màs importante como cirujano, pero ya la estrella mañanera me hace de señas que se acaba el tiempo, y me voy para quedarme siempre con vos.
Tuyo, Mikhail Vasilievich Frunze, general de tus sueños.
5 de noviembre de 2011