Bienvenidos a El Mundo según Cecilia

Ni en broma ni en serio sino que en ambas formas y gracias a la guìa de mi hija Elizabeth, aquì estoy dando a luz a mi cuarta intervenciòn en Internet, siendo mis anteriores websites www.cablenet.com.ni/historyarte , www.cablenet.com.ni/historia/histoper y www.cablenet.com.ni/rubendario .Soy Cecilia, historiadora y profesora de idiomas tan orgullosamente nicaraguense como nuestro rìo San Juan, tengo 48 años y 27 dìas al momento de comenzar este parto, y es un intento por saltarme la barrera de las censuras, derribar el muro de Berlìn de los convencionalismos gazmoños y evitar que mis aportes se vean entorpecidos por la mediocridad. Aquì encontrarèis mis artìculos sobre historia, mis relatos de terror que sacan tinta de la sangre de los campos de guerra de la Nicaragua violenta de los años80, mis pensamientos filosòficos y mi amor incondicional por los animales. Quizàs sea la màxima expresiòn del egocentrismo militante y el sadismo utilitario, pero os prometo que no estarèis indiferente a nada, que ya es algo en este mundo de tedio y aburrimiento. Pasad adelante y gozad, o a como dicen los "cops" en Estados Unidos: Relax and enjoy it!
Cecilia Ruiz de Ríos
31 de octubre de 2007,Managua


domingo, 13 de abril de 2008

Cuales muchachos?


AY MIS MUCHACHOS, EXPRESION HISTORICA, HISTERICA O AMBAS?
Cecilia Ruiz de Ríos
Es muy común la expresión de Ay mis Muchachos en cualquier parte, pero a través de la historia esa frasecita ha significado muy diversas cosas para quien la interjecta. Dicha con exasperación o con ira, con cariño o muertos de risa, aquellos que la han usado pertenecen a todo tipo de ralea y color.
Sócrates, gran filósofo griego, quien afirmaba “solo saber que no sabía nada”, era literalmente perseguido por hordas de sus alumnos, a los cuales él llamaba “mis muchachos.” A la cabeza de ellos marchaba su sucesor y predilecto Platón. Mucho lloraron y rabiaron los muchachos cuando el increíble y feo Sócrates obedeció el mandato de apurar una copita de cicuta sin vaso ni pastilla para acabar con su vida por órdenes del corrupto estado. Para el emperador romano Tiberio sus “muchachos” era la tremenda cantidad de prostitutos y prostitutas juveniles que lo esperaban en la isla de Capri para armar orgiásticas samotanas. Entre ellos se destacaba el glotón Vitelio, quien fue brevemente emperador también. Los agresivos hunos eran los amados muchachos del sanguinolento Atila, y con ellos se fue a querer saquear Roma solo para encontrarse que el papa León I no lo dejó pasar.
San Patricio, pelirrojo, alegre y bromista cristianizador de la bella Irlanda, es uno de los santos más populares de la Iglesia Católica, y cuando estaba vivo gozaba de igual popularidad por su trato afable y justo. Llamaba “sus muchachos” a los diligentes monjes que lo idolatraban. Para el incomparable San Francisco de Asís al pasar de la riqueza a la pobreza sus muchachos fueron las criaturas, todos los animales a quienes veneró tanto que hoy es el santo patrono de ellos, y considerado el primer santo ecologista de la historia. El dinámico San Juan Bosco llamó “sus muchachos” a sus seguidores, mayormente adolescentes, mientras que San Pedro Claver, protector de los negros que venían en cadenas al Nuevo Mundo por el tráfico de esclavos de los “catoliquísimos”españoles, llamaba “sus muchachos” a los negros a quienes sirvió con humildad. Para la heroica y analfabeta Juana de Arco “sus muchachos”eran las tropas con las que salvó a Francia del yugo inglés.
Durante la Edad Media, Maximiliano I de Austria llamó “sus muchachos” a los niños con los cuales fundó el celebérrimo y aún existente coro “Los Niños Cantores de Viena”. Sin embargo, “los muchachos” del gran trovador francés Guillermo de Aquitania tenían más pelos y patas que los canoros infantes vieneses, ya que Guillermo tenía muchísimos gatos a los que trataba como niños, entre ellos el velitre y viajero Gateau.
Entre los grandes nombres del imperio otomano, dos príncipes quienes eran hijos del sultán Bayaceto II denominaban sus muchachos a dos cosas muy distintas. El gordinflón, borracho, sádico y pederasta Ahmed(quien por suerte nunca llegó a reinar) llamaba “mis muchachos mariposas” a sus chicos castrados designados para el placer, pero su hermano mayor, el dulce, talentoso y genial Korkut apodaba “sus muchachos” a los músicos con los cuales tocaba sus nuevas obras. Selim I, hermano menor de Korkut y Ahmed y considerado como excelente aunque adusto sultán, llamó “mis muchachos” a los exóticos derviches danzantes de la orden de los Mevlevi(ataviados de blanco, ungían a cada nuevo sultán en una ceremonia extraña de coronación). Solimán el Magnífico, sabio y multitalentoso hijo de Selim I, llamó “mis muchachos” a los soldados élite genízaros, quienes eran la escolta personal de los sultanes.
“Los muchachos” del zar Pedro I el Grande de Rusia eran sus constructores holandeses de barcos, pero la misma palabra la usó el rey galo Enrique III para designar a sus favoritos masculinos, entre los que iba el bardo Juan Alejandro de Normandía. El gran monarca africano Shaka Zulú tenía tres rubicundos y peludos “muchachos” quienes para colmo estaban designados como coroneles del grupo élite Fasimba: Kalampopo, Khazilimpopo, y Limpopo. Lógicamente que estos coroneles no eran criticados por el hecho de no ir a las guerras: eran enormes miácidos abisinios y los genuinos escoltas de cama del fiero monarca.
Willa Cather, gran escritora y periodista empírica norteamericana, llamaba “mis muchachos” a las chicas con las cuales tenía relaciones amorosas, ya que la famosa autora de “O Pioneros” y “Mi Antonia” era lesbiana. El explorador noruego Roald Amundsen logró alcanzar el polo sur en la Antártida gracias a “sus muchachos”(los perros de trineo¡) y el monje austríaco Gregor Mendel llamaba “ mis muchachos” a las plantas de guisantes con las cuales descubrió las leyes de la genética. Para el chacal Adolfo Hitler los muchachos eran sus juventudes hitlerianas, entre quienes estaba el actual Benedicto XVI cuando solo era el anónimo entonces Joseph Ratzinger. Hoy para el nuevo papa sus “muchachos” parecen ser los dos gatos que son su viva adoración...Benito “Il Duce” Mussolini llamó muchachos a sus fascistas, pero para el novelista nipón “sus muchachos” fueron los integrantes del ejército privado (Tatenokai)que él fundó para glorificar las tradiciones del Bushido en el Japón. Estos “muchacos”, muy jóvenes por cierto, usaban un espantoso uniforme marrón que los hacía ver como costales de papas con patas.
En Nicaragua, el pueblo al inicio le llamó “los muchachos” a los combatientes insurreccionales, pero luego el escritor y político Sergio Ramírez Mercado amargó el término con una obra que suena como el tango de Carlos Gardel y donde “los muchachos” no salen muy fotogénicos que digamos. Pero pocas personas espetaron “ay mis muchachos” con tanta gracia y ternura que la presidenta Violeta Barrios viuda de Chamorro, aunque algunos de sus “muchachos ministros” la hicieron quedar muy mal por sus desmane$ pero sus otros “muchachos”presidentes centroamericanos no hicieron tanto daño.

Qué feo más bien hecho!


AY ME DIERON CAMBIOLIN! LAS HORRIPILANTES DECEPCIONES DE LA HISTORIA
Cecilia Ruiz de Ríos
Han habido algunos tortazos que la vida me pegó que figuran como decepciones que nadie quisiera haber tenido, pero la realidad es que en cuanto a decepciones, estoy en tremenda compañía de prominentes personajes históricos.
Entre las peores decepciones que se llevó el guapo y único macedonio Alejandro Magno estuvo la de la vida en común con su primera esposa, la bactriana Roxana con quien se casó bastante infatuado contraviniendo los consejos sabios de sus asesores. Aunque la tal mujercita no era tan espantosa como la fofa trompuda y soez que aparece en esa sarta de mentiras caras que es la cinta Alexander del gringuito Oliver Stone, la muchacha que hechizó al conquistador con sus contoneos no tenía ni conversación interesante ni sabía hacer nada. No es de extrañarse que pronto el rubio Alejandro estuviera de nuevo en brazos de su fiel Hefestión. Las decepciones amorosas estuvieron a la orden del día y la noche de todos los tiempos, pues víctimas de ellas fueron personajes como Leonor de Aquitania y su segundo y joven marido Enrique II de Plantagenet( con quien se casó charchaleando de pasión), Ana Isabella Capeto y su amariposado Eduardo II(quien pasó la noche con Piers Gaveston y no con ella, propiciando que la francesita se vengara de él destronándolo y matándolo para que pagara por los desaires), el glotonazo Enrique VIII y su quinta esposa Catalina Howard (quien resultó más p...que las gallinas, colmándolo de cachos hasta que la mandó a decapitar) y la cincuentona reina virgen inglesa Elizabeth Tudor con su gran favorito Robert de 19 años( el chavalo se le puso insolente y tuvo que firmar la orden para que lo decapitaran y fuera a necear al otro mundo). Enorme fue el desencanto de la libidinosa y oscura Domitila Marquesa de Dos Santos cuando su amante el emperador Pedro del Brasil hizo venir de Europa a la bella y lujuriosa Amelia de Leuchtenberg para contraer segundas nupcias, dejando plantada a su concubina quien esperaba una boda con ella y se diera el milagro que Pedrito pagara por lo que se comió gratis. Otra que quiso boda pero le fue denegada fue la altiva princesa bávara Elena de Possenhoffen, hermana mayor de la futura Sissi Emperatriz. Resdulta que Elena esperaba casarse con su guapo y adusto primo Francisco José I de Habsburgo pero tuvo la sal de que el altivo hombre prefiriese la sencillez y dulzura de Sissi, la hermana menor de Elena. Maximiliano de Habsburgo, cuñado de Sissi y futuro emperador artificial de México, propinó tremenda decepción a su esposa Carlota cuando regresó de un crucero por el Brasil infectado de sífilis, propiciando que la furiosa Carlota le recetara camas separadas por el resto de la vida. Pero pocos lloraron tan amargamente de decepción amorosa a como lo hizo el genial nipón homosexual Yukio Mishima, quien estaba locamente enamorado del pesista lituano Jagiello Nusov. Mishima había conocido a su rubio Cromagnon en un gimnasio neoyorkino, y cuando el joven lituano se aburrió de los celos del novelista y no pudo sacarle más reale$, se le evaporó en aire tibio.
No todas las decepciones de la historia fueron de naturaleza amorosa, aunque sí la mayoría. Sin embargo, algunas personalidades pasaron bochornos espantosos debido a las ineptitudes de sus hijos, y en ese sentido el trono mugalo de la India vio al fundador Babar arrancarse los pelos de ira al ver lo cuaco que era su sucesor, el gentil Humayún. Luego Akbar, hijo de Humayún, casi se vio destronado por su odioso y vicioso hijo Jehangir, quien no disimulaba su impaciencia esperando que su papi estirase la pata para reinar él. El no poder pescar vivo a un enemigo fue el triste destino de varios prominentes romanos. Escipión Africano se escapó de morir de una pataleta en medio de la segunda guerra Púnica al saber que tras la derrota en Zama de su archienemigo Aníbal el Cartaginés, el hermoso general se tragó una pócima de veneno para no ser exhibido como trofeo en Roma. Paulino Suetonio en Bretaña se llevaría otro disgusto similar cuando la pelirroja reina de los Iceni, la famosa Boadicea, tras casi derrotarlo en varias batallas, prefirió almorzar veneno antes de caer en garras de las legiones romanas. Las políticas de sucesión dejaron a sus cuantos resentidos, y fue grande la decepción de Guillermo el Conquistador cuando el mojigato Eduardo el Confesor de Inglaterra se murió dejando el trono a Harold II. Ni corto ni perezoso Guillermo se fue con sus huestes a derrocar a Harold, a quien mató de un flechazo en el ojo en la Batalla de Hastings un 14 de octubre de 1066. Por lo menos la decepción iracunda de Guillermo el Conquistador sirvió para que Inglaterra terminara de civilizarse con la infusión de cultura francesa...Enrique III de Valois, último rey galo de esa triste dinastía, antes de ser coronado en Francia fue electo rey de Polonia, trono que recibió con desgano. Apenas supo que su hermano mayor Carlos IX había muerto escupiendo los pulmones de sonora tisis, dejó vestidos y alborotados a los polacos para salir rumbo a su coronación como monarca de Francia. No sé por qué los reyes son pasto y para tanta decepción. Carlos III de España consideraba un memo de cuidado a su sonso y gordo hijo Carlos IV, quien era tan imbécil que no se enteraba que su mujer Ma. Luisa lo colmaba de cachos. Carlos III siempre lo llamó El Asno Ciego por su estupidez, pero por lo menos Carlos IV, una vez coronado rey, no decepcionó a los animales y fundó la academia veterinaria de Madrid. Otro monarca que decepcionó mucho fue el trompudo y feo nipón Hirohito, quien tras tantos años de darle atole con el dedo a los japoneses fingiendo ser tan inmortal que no iba ni al inodoro, tuvo que admitirles que era mortal después que los gringos rindieron al Japón en la Segunda Guerra Mundial. Napoleón Bonaparte, a pesar de haber nacido muy plebeyo, fue un emperador que supo sentir y causar decepciones. Cuando llegó a Viena, no pudo estrechar la mano de su compositor favorito Francisco José Haydn porque éste venía precisamente de estirar los tenis poco antes de la llegada a Viena del Pétit General (y dudo mucho que de estar vivo, Papa Haydn hubiera querido ensuciarse la mano estrechando la de Napo). Las ambiciones desmedidas del Corso también originaron una gran decepción en el compositor germano Luis Van Beethoven, quien le había dedicado su famosa Tercera Sinfonía “La Heroica”. Cuando el mechudo músico se enteró que Napo se había autocoronado emperador, le quitó la dedicatoria ala obra en medio de una pataleta. No sería la única dedicatoria arrancada a una obra musicval grandiosa. Pedro Ilitch Tchaikovsky con tanto cariño dedicó su famoso Ier. Concierto para piano y orquesta a su amigazo el pianista Antón Rubinstein, pero cuando Rubinstein le criticó la obra tildándola de vocinglera y ruidosa, el amariposado Tchaikovsky lloró de la ira, casi cachetea a Rubinstein y mejor dedicó la obra al pianista germano Hans Von Bulow, quien fue el que la estrenó. Harry Truman se encargó de romperle los sueños locos de grandeza al megalómano militar Douglas MacArthur cuando éste soñó expandir la Guerra de Korea hasta hacerla una III Guerra Mundial. Resulta que MacArthur le había prometido al odioso chino Chiang Kai Shek que una vez concluido el conflicto de Korea, ellos dos personalmente iban a ir a sacar a patadas de su taburete al comunista Mao Tse Tung. Truman destituyó a MacArthur, quien era el comandante en jefe de las fuerzas deschincacadoras de Korea, y así el generalote y el chino furioso se quedaron vestidos y alborotados mientras Mao en Beijing se orinaba de la risa. La política también hizo que uno de nuestros grandes caudillos latinoamericanos muriera rechinando los dientes dela ira y decepción tras haber sacrificado su vida por la independencia de su país: Simón Bolívar. El gran Libertador murió convencido que en Iberoamérica no vale la pena matarse por ideales, y que lo único sano era emigrar o no meterse en política en estos países ingobernables. Apenas de acuerdo con él. Pero quizás una de las más mortales decepciones fue la de nuestro propio Augusto Nicolás Calderón Sandino al haber confiado en que Somoza García fuera masón(no lo era) y por eso se vino a Managua un fatídico 21 de febrero solo para morir por órdenes del hombre a quien el masón y donjuanesco Franklin Delano Roosevelt llamó “es un hjp pero es nuestro hjp”. Los gringos posteriormente seguirían tratando de imitar a Mary Shelley al crear Frankenstein, y entre los monigotes que más han decepcionado a los yanquitos manipuladores han sido sus propios Made in USA Monsters Ossama Bin Laden y Saddam Hussein., probando que en efecto, sí...hay cambiolines y decepciones que matan!

El costal de corazones rotos


Historias de Amor sin final Feliz
Cecilia Ruiz de Ríos
Hoy que se conmemora otro Día de los Enamorados recordando a San Valentín, quien casaba soldados romanos aún cuando el emperador lo tenía prohibido, recordaremos a algunas parejas de la historia que aunque se amaron mucho, fueron opíparamente infelices.
En la Edad media, era común que cualquier compromiso de boda se viniera a pique por cualquier motivo. No sería excepción el de la bella princesa Isabella de Angulema con su adorado Hugo de Lusignan. Aymé, el papi de Isabella, era todo un negociante y decidió mercadear a su hija al mejor postor cuando el rey inglés Juan sin Tierra se enamoró violentamente de la muchacha. Isabella y Juan vivieron como perros y gatos y se fueron mutuamente infieles hasta la saciedad, pero cuando Juan murió Isabella decidió reanudar el romance con su recordado Hugo. Para poder tener acceso a él, hizo la comedia de que iba a casarlo con su hijita preadolescente Juana, pero al final de cuentas Isabella se quedó con el mandado de Hugo y se casó con él, dejando a su propia hija vestida y alborotada. Isabella tuvo varios hijos más con Hugo, pero al final de cuentas acabó trastornada y encerrada en un convento tras haber intentado acabar con la vida del rey francés de turno. La concuña de Isabella, Berenguela de Navarra, protagonizaría otra triste historia de amor. resulta que la bella princesa fue matrimoniada con Ricardo Corazón de León(hermano mayor del Juan de Isabella), pero dado que este rey inglés era maricón de remate, Berenguela estaba destinada a suspirar sola. Ricardo nunca la tomó en cuenta para nada y al final de cuentas la dejó botada como cualquier cosa. Sin embargo Berenguela, quien ganaba campeonatos por masoquista, le fue eternamente fiel y a la muerte de Ricardo se metió a un convento.
La hermosísima e infame Lucrecia Borgia sería otra mujer que lloraría amargas lágrimas por amor. Si bien su primer matrimonio fue de conveniencia, Lucre experimentó un flechazo violento cuando le presentaron al que sería su segundo consorte, Alfonso. A pesar de que su padre el papa Alejandro VI había escogido a Alfonso sin consultarla, se juntaron el hambre con las ganas de comer y Lucre se enamoró como adolescente de su segundo marido, con quien tuvo un hijo. El final triste de esta historia de amor fue que César, el criminal y sifilítico hermano de Lucre, acabó asesinando al guapo Alfonso, dejando a Lucre aúllando de dolor como loba mal tirada.
No siempre fueron mujeres las que lloraron por amor. Pedro I de Portugal, apodado El Cruel, fue un rey que lloró amargas lágrimas cuando su propio padre mandó a asesinar a la mujer de su vida, su segunda consorte Inés de Castro. Inés fue atrozmente eliminada delante de sus chiquillos, dejando a su regio consorte como papalote sin cola e hirviendo de deseos de venganza. La muerte de Inés ocasionó que Pedro se alzara contra su padre, pero cuando a Pedro le tocó ceñirse la corona de Portugal, quiso reivindicar el recuerdo de su amada Inés. La hizo desenterrar, la vistió con ricos ropajes y anillo de sello, y obligó a sus nobles a que le rindieran pleitesía. El gran sultán otomano Solimán habría de derramar baldes de llanto por haberse enamorado de la intrigante y rubia rusita Roxelana, a quien él llamaba Khurrem. Khurrem no solo abortó uno de sus hijos al saber que Solimán había devaneado con otra, sino que hizo asesinar al heredero al trono que Solimán había
manufacturado con su primera mujer, Mahi Debran Gulbehar. Al poderoso monarca mugalo Sha Jehan también le tocaría sollozar abundantemente por amor, pero no por algún desmán de su idolatrada segunda esposa, Mumtaz Mahal. Resulta que la pobre mujer se murió de parto al producir al décimocuarto hijo, y fue tan grande el disgusto que se llevó Sha Jehan que de ahí en adelante fue solo una sombra de lo que fue, y apenas alcanzó a construirle el Taj Mahal como tumba del amor.
Felipe II de Borbón, duque de Orléans y regente de Francia tras la muerte del Rey Sol Luis XIV, sería inmensamente infeliz tras romper con su amante Ma. Teresa de Parabére, quien indudablemente fue el amor de su vida. Felipe estaba casado sin amor con su prima Ma. Francisca, hija espuria de Luis XIV y su amante Athenaís de Montespán, cuando conoció a Ma. Teresa, quien ya estaba casada sin amor también. El hermoso Felipe colmaría a su concubina de mimos y joyas, pero ésta al parecer tenía un temperamente sexual demasiado ardoroso y no se conformó con amar solamente a Felipe. Cuando éste se percató que su adorada amante andaba con otros, la escapó de estrangular y nunca más quiso saber nada de ella. Otro hombre que lloraría por amor sería el rey español Alfonso XII. Alfonsito, hijo de la casquivana y sonsa Isabel II de Borbón, tuvo la inmensa dicha de casarse por amor con la princesa francesa Ma. Mercedes de Orléans, quien lo idolatraba a morir. No acababa el pueblo español de secarse las lágrimas de felicidad por la boda del rey enamorado cuando les tocó desempacar pañuelos para llorar nuevamente. Ma. Mercedes se murió de tisis poco después de la boda, y el pueblo cantó al dolor de Alfonso con coplas como "Adonde vas Alfonso XII, donde vas triste de tí, voy en busca de Mercedes que ayer tarde no la vi." Aunque Alfonso XII se casaría de nuevo y tendría su ansiado heredero varón, nunca volvería a amar a nadie. Para colmo, a su hijo Alfonso XIII le tocó saborear la desdicha tras casarse loco enamorado de Ena Victoria Eugenia de Battenberg, la princesa inglesa que intrdujo el gen de la hemofilia a la familia de los Borbones españoles. Alfonso XIII, quien sabía desde antes de casarse con su Ena que la muchacha era portadora del gen de la hemofilia, posteriormente castigaría injustamente con su desprecio a Ena tras el nacimiento de hijos hemofílicos.
Amores tremendamente desdichados fueron los de la princesa belga Carlota y su esposo Maximiliano de Habsburgo, destinados ambos a ser los emperadores postizos de México. Carlota se casó temblando de amor por Max, pero éste a pocos meses de la luna de miel se le escapó en un crucero al Brasil, de donde regresó infectado de sífilis como consecuencia de sus correrías con meretrices. Carlota no quiso volver a compartir jamás la cama de su marido.
El llorar por amor no fue privilegio de monarcas, y la cantante francesa Edith Piaf habría de derramar barriles de lágrimas cuando el amor de su vida murió en un accidente aéreo. El Gorrioncito de París, a como era apodada la romántica Piaf, tuvo un gran affaire con el boxeador marroquí Marcel Cerdan, quien ya estaba casado y tenía tres hijos. La Piaf insistió en que su adorado púgil la visitara en Nueva York mientras ella cantaba ahí, con la desgracia de que el avión en que iba Marcel para encontrarse con ella se estrelló encima de las Azores.La Piaf casi se suicida al saber la noticia y aunque ella posteriormente se casaría dos veces, jamás se quitó de encima el complejo de culpa y la añoranza por su amante árabe.

Qué pesado es mi roco!





Ringside familiar: Las relaciones Amor-Odio entre padres e hijos
Cecilia Ruiz de Ríos
Algunas de las reyertas y guerras más estrepitosas de la historia se han dado porque un padre y su hijo no podían entrar en relaciones armoniosas.Al conmemorarse mañana 23 de junio una efemérides más dedicada al Padre Nicaraguense, recordaremos a estos padres e hijos que no supieron gozar de una relación sana. Malas miradas entre el papi y el bebé comienzan desde muy temprano en la historia, y cuando Macedonia ya era un reino, Filipo II hasta llegó a dudar si Alejandro era realmente hijo suyo pues el muchacho lo miraba con dagas en los ojos. Quizás uno de los agravantes en esta relación turbulenta era que Filipo había apartado a Olympia, la madre de Alejandro, para casarse con una chavalona, y Olympia no escatimó esfuerzos para enemistar a Alejandro contra papi...a tal punto que se especula si el hombre que mató a Filipo II no estaba pagado con dinero del bolsillo de Alejandrito, a quien la historia recordaría como el gran conquistador Alejandro Magno.
Genghis Khan, gran señor de la estepas, amaba a sus hijos con pasión volcánica y cifraba sus esperanzas en ellos para que continuaran con las riendas de su pavoroso imperio. Aún albergando la duda en cuanto a si su primogénito era biológicamente suyo o de los captores de su esposa Burte(quien fue secuestrada poco después de ser estrenada por Genghis), Genghis era indulgente con sus muchachos, y los regañaba muy poco para evitar disgustos, pero tras su muerte estos resultaron ser mala imitación de papá. Uno de ellos se hizo musulmán, el otro se convirtió al cristianismo, y uno de los chiquitos se hizo tan adicto al opio que murió a los 17 años de edad. Por suerte para entonces que Genghis tenía rato de haber servido de almuerzo para los gusanos.
Los pleitos entre el gran sultán Seljuk Saladino y su papá no se originaban en falta de afecto o debilidad del carácter paterno, sino en gran diferencia de ambos en cuanto a su visión del mundo. El papá de Saladino era un tosco militarzote que había engendrado al muchacho con una sirvienta, haciéndose cargo del chico con gran ternura y dedicación siendo uno de los más exitosos padres solteros de la historia. Debido a la buena educación que el papi le dio a Saladino, éste pronto entró en divergencias con su progenitor, quien creía que el mundo se arreglaba a gritos y no mediante hábiles tácticas diplomáticas.
El hecho de que Enrique II de Plantagenet, rey de Inglaterra, le diera mucho quehacer con infidelidades a su esposa Leonor de Aquitania originó que ella lo enemistara con los hijos de ambos, a tal punto que Ricardo-futuro Corazón de León-desde chiquito aborreció a papá. Leonor incluso fomentó un levantamiento de Ricardo y sus hermanos contra el ya atribulado rey, quien al saber que Juan-futuro rey Juan Sin Tierra- estaba involucrado en el complot se sentó a llorar a moco tendido. Juan, siendo el benjamín de la familia, había sido muy mimado por Enrique II, y al rebelarse le pagaba todos sus privilegios traicionándole.Enrique por su parte se había portado muy mal con su hijo Ricardo quedándose con el mandado de Alais, la prometida de éste. Enrique la había convertido en su concubina, "ensuciándole la comida" al hijo, quien optó por no casarse con la chica porque ya era mercancía de segundas.
Pedro I de Portugal, llamado el Severo, se fue a la guerra contra su padre cuando el viejo rey hizo asesinar a Inés de Castro, la ex querida convertida en segunda esposa de Pedro. Aunque Carlos I de España y V de Alemania legitimó a sus dos bastardos Margarita y Juan de Austria, a Margarita le faltaron al respeto toda su vida por ser hija de una criada. Cuando la chica fue con quejas a papi, éste sencillamente se encogió de hombros.
Felipe II de España fue un sátrapa con su hijo don Carlos pero un tierno padre con las dos niñas que tuvo con su tercera esposa Elisabeth de Valois. Felipe II acusó a su tarado hijo Carlos de armar complots contra él y lo hizo encarcelar. La muerte del muchacho se le atribuye a Felipe II, de quien se dice que aprovechando que al enfermito le gustaba la pastelería, lo hizo envenenar con un enorme trozo de repostería. Sin embargo, el mismo monstruoso Felipe II lloró mucho cuando sus hijas se casaron, y les escribía largas y sentimentales cartas en las que les manifestaba cuánto las echaba de menos. Felipe IV de España adoró a Juan José, el bastardo que tuvo con la actriz María Calderón, y lo malcrió tanto que en una ocasión el chavalo le pegó a su papi.
Lucrecia Borgia sintió que aborrecía a su padre, el papa Alejandro VI, cuando el intrigante pontífice le ordenó divorciarse de Alfonso, el segundo esposo de quien la muchacha estaba perdidamente enamorada. Lucrecia le armó tremendo bochinche a su padre protestando ante el hecho de ser utilizada como pieza de ajedrez en un tablero político. Otra gran figura histórica que alternaba entre el odio y el amor por su padre era el gran rey de Prusia Federico II el Grande. El multitalentoso monarca era hijo de Federico Guillermo, un homosexual latente que adoraba a los soldados gigantescos. Federico Guillermo solía propinar unas palizas olímpicas a Federico cuando éste era joven, y en una ocasión solamente el llanto de una hermana de Federico evitó que el viejo rey matara al muchacho. Jacobo V de Escocia, al saber que el recién nacido que le tuvo su segunda mujer María de Guisa era mujer, aulló que era la peor noticia que la podía dar. La recién nacida era María Estuardo, y Jacobo se murió pocos días después de su nacimiento, sin saber que a través de ella y su hijo Jacobo los Estuardo estarían dominando a la temida Inglaterra mientras durara la dinastía con su nombre.
Enrique VIII fue otro monarca que protagonizó aparatosos pleitos con sus hijas. Al nacerle de su tercer matrimonio el anhleado varón, Eduardo VI, ya había declarado bastardas a sus hijas María(hija de su primer enlace con Catalina de Aragón) y Elizabeth(hija de su segundo matrimonio con Ana Bolena). Valorando solo a su varón, el cual murió tísico sin haber hecho nada más que el bulto, el cuadro y el ridículo, la historia se mofaría de Enrique por su error, registrando a Elizabeth I Tudor como una de las más grandes reinas de la historia.
La relación entre el rey inglés Jacobo II Estuardo y sus hijas María y Ana sería igualmente tormentosa, ya que las muchachas no descansaban en su afán de destronarle. En España, el odio que sentía el vendepatria, cobarde y perverso rey Fernando VII hacia su padre Carlos IV cobraría dimensiones de caricatura cuando Fernando genuflectaba ante el invasor Napoleón Bonaparte pidiendo que se apoderara del trono español y echara de Francia a sus exiliados padres.Y no podemos cerrar este artículo sin olvidar los ruidosos tirones de mechas entre Aurangzeb, monarca mugalo que derrocó a su triste y viudo padre Sha Jehan y Mehmet el Conquistador, sultán otomano quien conquistó Constantinopla, y su hijo Bayaceto II, a quien el viejo sultán coscorroneaba por dedicarse demasiado tiempo a escribir poesía.

Las jaquecas del corazón


LOS AMORES MAS CONTRARIADOS DE LA HISTORIA
Cecilia Ruiz de Rios
"Yo no veo telenovelas porque son irreales. Los cuentos de hadas terminan siempre en bodas, pero la vida real comienza con una y a veces acaba en tragedia, "me dijo una vez Claude Yvette Marais, Marquesa de Valois, eximia pianista francesa y una de las profesoras que tuve en mis tiempos universitarios. Pragmática y bella, Madame Marais fue la protagonista de un interminable
romance con su esposo senegalés Jean Claude, con quien procreó once hijos.
A lo largo de la historia, muchas parejas tuvieron amores muy contrariados debido a motivos muy ajenos a los del travieso Cupido. Si bien hubo romances de telenovela como el del rey Eduardo VIII de Inglaterra con Wallis Simpson, el matrimonio amoroso de Fernando de Aragón con su Isabel de Castilla o el del mariscal alemán Rommel con su adorada cónyuge, hubo otros enlaces que no fueron tan afortunados.
En México aún se escuchan relatos sobre la pareja de cheles extranjeros que fueron emperadores de dicho país: Maximiliano de Habsburgo y su belga esposa Carlota. Carlota era una bonita princesita cuando en 1856 conoció a maximiliano de Habsburgo, proveniente de una de las familias más influyentes de la rancia aristocracia europea.
Fue amor a primera vista para Carlota, quien desde el primer momento se hizo ilusiones en cuanto a ser su esposa. Maximiliano la encontró bonita, pero nada más. Tampoco le causó disgusto el tener que comenzar a organizar sus esponsales con ella. El 27 de julio de 1857 Maximiliano y Carlota se juraron fidelidad y amor eterno ante el altar. Carlota estaba perdidamente enamorada de su archiduque austríaco y a pesar de que en aquellos entonces se esperaba que la linajuda hembra de la especie a la hora de consumar el matrimonio no hiciera ruido ni sintiera deleite, Carlota gozó intensamente del "deporte nupcial" entre sábanas. Los esposos viajaron a Viena, Venecia y finalmente Trieste, donde se instalaron en un lujosísimo palacio.
De ahí fueron a Milán, y poco después Maximiliano, quien era buen marinero, expresó deseos de irse al mar para navegar por unos meses. Carlota no fue invitada a acompañarle. El faldero incorregible de Max se fue por tres meses y Carlota le esperó en el palacio. Cuando por fin regresó, el médico de cabecera de Max se adelantó para prohibirle a Carlota que tocara a su marido, explicándole que el hombre venía muy enfermo. Por fin Carlota pudo saber que la dolencia de su maridito era una galopante enfermedad venérea contraída con unas bailarinas brasileñas con las cuales Max y sus marineros se habían divertido aparatosamente en sus correrías.

Cuando Max superó su crisis de salud, buscó de nuevo el lecho de Carlota, solo para toparse con ácidos reproches y un portazo en las narices. A partir de entonces, Carlota, quien había amado a Max con delirio, jamás volvió a tener relaciones íntimas con su esposo... y con ningún otro hombre. Una vez que ellos se fueron a México en calidad de absurdos emperadores, Max no se abstuvo de contar con numerosas queridas criollas. Un 19 de junio de 1867 Maximiliano habría de morir fusilado, y su esposa Carlota le siguió a la tumba hasta en 1927. Ni siquiera en el sepulcro estuvieron juntos.
Otra pareja que tuvo amores muy contrariados fue la formada por el gran mogul Shah Jehan (1627-1666) y su esposa favorita Mumtaz Mahal. Jehan, un barbudo de ojos muy hermosos y gran valor en el fragor del combate, había sido un excelente gobernante en el siglo XVII en lo que hoy es la India. Su padre Jehan Gir fue un gobernante muy débil y Shah Jehan había hecho todo lo posible por restaurar el buen nombre de la dinastía.
Puso punto final a numerosas intrigas palaciegas, echó a todos a trabajar, suprimió las revueltas de los gobernadores provincianos y recapturó Kandahar del dominio persa, habiendo además arrebatado a Hongai de las garras de los portugueses. Mumtaz Mahal entró al harén de este mogul como una más, pero pronto su dulce voz, sus modales refinados, el verde esmeralda de sus ojos y su buen humor la hicieron la esposa favorita de Shah Jehan, quien llegó a adorarla. Sin embargo, la bella mujer falleció en la flor de la juventud y su viudo quedó como cucaracha sin patas. Como monumento de amor a su idolatrada esposa, Shah Jehan erigió esa joya arquitectónica que es el incomparable Taj Mahal. En él yacen los restos de la hermosa Mumtaz Mahal, la única mujer que subyugó a este poderoso monarca. La muerte de Mumtaz lo dejó tan atolondrado que en 1658 el melancólico monarca se vio depuesto por su propio hijo Aurangzeb...
Pocos imaginamos al rubio general norteamericano George Armstrong Custer como algo más allá de sus medallas ganadas en la cruenta Guerra de Secesión y como despiadado verdugo de los indios Sioux, a quienes buscó como despojarles de sus tierras...
Pero el chele general fue un hombre que conoció los estertores de la pasión carnal con su esposa, la hermosa Elizabeth Bacon. Al inicio la muchacha no le hacía mucho caso, pero después de un asedio de proporciones casi bélicas, Elizabeth se casó con el héroe de la Guerra de Secesión. Después que se enfrió el caldo de haber sido el hombre a quien el general Lee le rindió sus fuerzas en Appomattox, George quiso seguir siendo una gloria sobre patas y se fue a luchar en contra de los indios Sioux.
En la batalla de Little Big Horn saboreó el polvo de la derrota a manos de los indios, y poco después murió en combate, no sin antes haber sido el hazmerreír de sus soldados porque dentro de su uniforme vistoso llevaba una braga sin lavar de su mujer. Custer confesaba en sus cartas sentir unos deseos ardientes por estar en el lecho con Elizabeth, unas ansias tan exasperantes que hasta estuvo a punto de desertar, lanzar todo al carajo e irse "a apagar las llamas del corazón."
Para muchos resulta escandaloso que el forjador de la Rusia moderna, Pedro I El Grande, haya sido un hombre que abandonó a su zarina Eudoxia para luego acabar siendo el fiel esposo de una ex prostituta. Pedro, un gigante sifilítico y brillante que luchaba por sacar su país del atraso, ya tenía recluida a su esposa Eudoxia en un convento cuando conoció a Martha Skavronskaya, una
meretriz livonia que primero fue querida de su íntimo amigo, el príncipe Menshikov. Martha, sagaz y con pecho de paloma, supo comprender al zar a como nadie antes, y acabó casándose con él para darle varios hijos. A su muerte, subió al trono ruso como Catalina I.

Cuando hice el cuento "La Hembra de Techulca", la protagonista afirma que el "matrimonio es un cheque a dos firmas que la transacción bancaria de la vida se encarga de declarar como sin fondo." Me gané las más agrias críticas, y aunque muchos matrimonios bien llevados echan por tierra esta frase, otras parejas a lo largo de la historia se han encargado de hacernos pensar
que la relación amorosa solo produce jaqueca.
Uno de los hombres más desdichados en el amor fue el gran líder indígena norteamericano Caballo Loco. Siendo muy joven y ya dotado de su liderazgo, se enamoró de una mujer que acabó casándose con otro. Una vez matrimoniada, la mujer huyó con Caballo Loco abandonando a su esposo y este escándalo ocasionó que la imagen del líder indio sufriera grandes daños. Caballo Loco acabó librándose de su adorado tormento para casarse con otra señora, pero la sal siguió cayendo sobre él, y la hija que tuvo con su legítima esposa falleció cuando apenas contaba con 2 años.
En nuestro siglo, la historia de amor de la dulce morena italiana Clara Petacci con el aborrecido dictador Benito Mussolini ha sido ilustración de las nefastas consecuencias que puede tener para una joven el enamorarse de un hombre comprometido. Il Duce, un megalómano piojoso e imbañable que padecía de sífilis y delirio de persecusión, fue el objeto de amor de toda una vida para Clara, quien desde adolescente soñaba con él. Siendo Mussolini casado con la celosísima Rachele, Clara optó por casarse con el pretendiente insistente que ella tenía, pero el matrimonio resultó ser un fiasco. Ya libre de la presión de su familia, Clara se dedicó a seducir a Mussolini y vaya si lo logró. Al poco tiempo era su querida oficial y cuando Rachele se dio cuenta, fue a buscarla para pelear y gritarle que algún día iba a ir a parar a la Piazale Loretto, el refugio de las viejas y achacosas meretrices romanas. Clara no existía si no era en función de brindar amor a Mussolini. En una ocasión quedó encinta, pero el embarazo acabó mal y Clara casi se muere desangrada.
Curiosamente, la amenaza de Rachele Mussolini se vio cumplida cuando Clara Petacci y su adorado fascista fueron en efecto a parar a la plaza en cuestión, una vez que los partisanos ajusticiaron al dictador. Clara pudo haber seguido viva, pero escogió morir fusilada con su hombre. Cuando soltaron las balas contra Mussolini un 28 de abril de 1945, ella se atravesó para protegerlo con su cuerpo. Los cadáveres del Duce y Clara fueron llevados por el populacho iracundo hacia la Piazale Loretto, donde mujeres enfurecidas se orinaban encima de ellos y hombres cegados por la ira les pateaban sin piedad. Los cadáveres de estos dos amantes fueron colgados patas arriba, pero las cartas que se cruzaron entre el dictador italiano y su joven querida hasta la vez inspiran a muchos amantes por su ternura, sinceridad y pasión.
María Curie era una chelota aseada, sesuda como ella sola y muy buena mujer, pero ni su santa madre podría afirmar que era bella. Sin embargo logró desatar pasiones más que químicas en el científico francés Pedro Curie, quien la asedió con cartas para que accediera a ser su esposa. Como ama de casa, madre y compañera de trabajo, María fue la felicidad hecha a la medida de Pedro, y compartieron el Premio Nóbel. Sin embargo, la felicidad de estos científicos se vio truncada cuando Pedro murió atropellado, dejando a María sola con dos hijas que criar (una de ellas, Irene, estaba destinada a ganarse su propio Nóbel en compañía de su esposo de apellido Joliot). Pues un ex compañero de trabajo de Pedro Curie, el judío francés Paul Langevin, fue el hombre que volvió a encender la pasión explosiva de la erudita polaca.
El pelo en la sopa era que Paul ya estaba casado y con hijos, pero eso no impidió que vivieran un affaire au trés pétit sérieux que acabó en escándalo cuando un periodista publicó los pormenores del asunto en Le Journal en 1911. Paul había abandonado a su mujer y cuatro hijos para alquilar un apartamento a diez minutos del laboratorio de María. La enfurecida esposa de Paul consiguió
trozos de cartas de los amantes para exigir pensión y separación, y María se sintió tan sucia que no quiso seguir en su relación con su joven amante. María sentía que como viuda ensució el apellido de su difunto esposo y desde entonces fue hosca y seca en sus relaciones con los machos de la especie.
Uno de los hombres más desdichados en el amor fue sin duda el rey español Alfonso XII, hijo de Isabel II de Borbón y su amariconado marido. Alfonso XII era un hombre bello, agradable y muy inteligente cuando se prendó de Mademoiselle de Montpensier, Duquesa María Mercedes de Orléans. A pesar de que la mayor parte de los monarcas no se casan por amor sino por
intereses políticos, Alfonso insistió en pedir la mano de la preciosa francesita y ese gesto enterneció a sus súbditos. El 23 de enero de 1878, Alfonso XII y María Mercedes de Orléans contraen matrimonio rebosantes de felicidad, pero esta dicha habría de ser breve pues resulta que la linda francesa está enferma de tisis. Un 18 de junio, poco menos de 6 meses después de haberse casado, María Mercedes sufre un ataque en el cual casi vomita los pulmones. Un 24 de junio cumplió en su lecho de enferma sus 18 años y 2 días después, expira mientras Alfonso XII llora dando aullidos como de lobo mal tirado.
La tierna reina fue enterrada en el Panteón de Infantes de El Escorial, y la tristeza de Alfonso XII fue tan grande que se hicieron las célebres coplas que rezan, "Dónde vas, Alfonso XII, dónde vas, triste de tí, Voy en busca de Mercedes que ayer tarde no la vi." Alfonso XII después de mucho llanto y recuerdos imborrables, volverá a sus lides de hombre con una cantatriz llamada Elena Sanz (quien habría de darle varios bastardos) y posteriormente se casará para engendrar al desdichado Alfonso XIII con la archiduquesa austríaca Ma. Cristina de Habsburgo-Lorena. Por su parte su hijo Alfonso XIII protagonizará una triste historia de amor con Victoria Eugenia de Battenberg (la nieta de la reina Victoria quien introdujo la hemofilia a los genes de los Borbones y que por eso se vería repudiada por su marido). Pero poco antes de morir, el pobre Alfonso XII habrá de confesar entre tragos de jerez a un criado de confianza que "como a Merchita, jamás yo amé."