Bienvenidos a El Mundo según Cecilia

Ni en broma ni en serio sino que en ambas formas y gracias a la guìa de mi hija Elizabeth, aquì estoy dando a luz a mi cuarta intervenciòn en Internet, siendo mis anteriores websites www.cablenet.com.ni/historyarte , www.cablenet.com.ni/historia/histoper y www.cablenet.com.ni/rubendario .Soy Cecilia, historiadora y profesora de idiomas tan orgullosamente nicaraguense como nuestro rìo San Juan, tengo 48 años y 27 dìas al momento de comenzar este parto, y es un intento por saltarme la barrera de las censuras, derribar el muro de Berlìn de los convencionalismos gazmoños y evitar que mis aportes se vean entorpecidos por la mediocridad. Aquì encontrarèis mis artìculos sobre historia, mis relatos de terror que sacan tinta de la sangre de los campos de guerra de la Nicaragua violenta de los años80, mis pensamientos filosòficos y mi amor incondicional por los animales. Quizàs sea la màxima expresiòn del egocentrismo militante y el sadismo utilitario, pero os prometo que no estarèis indiferente a nada, que ya es algo en este mundo de tedio y aburrimiento. Pasad adelante y gozad, o a como dicen los "cops" en Estados Unidos: Relax and enjoy it!
Cecilia Ruiz de Ríos
31 de octubre de 2007,Managua


lunes, 7 de enero de 2008

el nuericidio mas atroz de la historia



SU MAJESTAD LUCE ALGO CADAVERICA: INES PIREZ DE CASTRO
Cecilia Ruiz de Ríos

Uno de los episodios más espeluznantes de la historia medieval de Portugal se dio cuando un rey llamado Pedro El Severo hizo coronar a su esposa cuando ésta ya era difunta, obligando a sus súbditos a besar el anillo al cadáver vestido en ricos ropajes. pero quién fue la mujer que inspiró un amor tan monumental en uno de los gobernantes más honestos de la historia?
Inés Pirez de Castro vino al mundo en 1320 en España, y algunas fuentes citan su nacimiento como el 17 o el 18 de diciembre de 1321. Era la hija del poderoso noble español Pedro Fernández de Castro y de su esposa linajuda portuguesa, nada menos que Beatriz, hija del príncipe Alfonso de Portugal. La madre de Inés era la sobrina predilecta del rey Denis I de Portugal. La niña Inés heredó la robusta salud del padre y la subyugante belleza de la autora de sus días, siendo una sonrosada chica con un gracioso lunar en la mejilla, ojos intensamente negros y sedosos cabellos rojizos. Gozando de buena educación en tiempo en que a las hembras de la especie no nos permitían aprender a leer ni a escribir, Inés tuvo los mejores tutores que le garantizaron que hablara portugués, latín, hebreo y francés. Inés, quien aprendió también a bordar, tejer, cocinar y escribir poesías, pronto fue asediada por nobles jovencitos que la buscaban para hacerla su esposa.Inés siempre mostró un corazón bondaoso, y era amante de los niños y de los animales.
Sin embargo, Inés no estaba destinada para ser la consorte de un noble cualquiera. Dado sus buenas relaciones de familia, fue seleccionada para que su prima, la princesa Contancia de Castilla,se la llevara a Portugal cuando Constancia fue seleccionada para ser la segunda esposa de Pedro, el heredero al trono portugués. Pedro ya dejaba tras de sí un matrimonio anulado, y estaba ansioso de tener hijos que garantizaran la continuidad de su estirpe regia.
Antes de emigrar a Portugal como dama de compañía de Constancia, una gitana le leyó la mano a Inés y estalló en llanto, suplicándole a la gentil muchacha que no fuera porque le esperaba un destino horrible. Sin embargo, Inés estaba resuelta a irse y hasta desbarató las ilusiones de un primo lejano, Alberto, quien esperaba convencerla para casarse con ella. "Si puedo vuelvo,"le dijo Inés a su enamorado rubio, a sabiendas que no lo haría.Inés se largó a Portugal con sus dos perros, tres gatos y un gorrión amaestrado que le regaló en su partida Alberto, su enamorado. Curiosamente, Alberto nunca se casaría aún después de saber del triste final de la que fue su amada.
En 1340, Inés arribó a Portugal y ahí conoció al amor de su vida. Reza la leyenda que Inés estaba degustando una sabrosa sopa cuando por fin la pudo ver Pedro, quien era un alto joven de ojos oscuros y cabellos castaño claro.Inés quedó tan impactada por la hermosura del futuro consorte de su prima que se derramó la sopa en la enagua.Pedro,solícito, le ofreció su ayuda para limpiarse, pero la muchacha salió huyendo muerta de la verguenza. Constancia se percató que Inés estaba infatuada de su marido, pero el cariño que se tenían las primas evitó cualquier conflicto por celos. Constancia habría de parirle dos hijos a Pedro antes de morirse en el parto del segundo muchacho. Inés mientras su prima vivió hizo lo posible por evitar a Pedro, quien a estas alturas del campeonato estaba más entusiasmado con ella que león joven en celo.
Sin embargo, Constancia murió de parto en 1345, dejando a Pedro viudo pero no inconsolable. Una vez enterrada Constancia, Inés pudo dar rienda suelta a su pasión por Pedro y se hizo su amante. Pedro le escribió algunos versos conmovedores después de la primera noche cuando ella sele entregó en un jardín de rosas a la luz de la luna.Cada vez más enamorado, Pedro pasaba horas enteras en la cama con ella, y como fruto de sus juegos amorosos, Inés le tuvo 4 chavalos a Pedro: Alfonso, Juan, Denis y la niña Leonor. La felicidad parecía sonreírle a Pedro y su familia cuando la fatalidad tocó a sus puertas. Alfonso IV, quien era rey de Portugal y el testarudo padre de Pedro, consideró que su hijo le prestaba demasiada atención a Inés y temió que en su infatuación con la joven, apartara de la sucesión a los hijos legítimos habidos con Constancia. Fernando, hijo de Constancia, temía que las ambiciones de Inés y de sus hermanos gallegos tuvieran influencia sobre el gobierno de Portugal cuando Pedro se hiciera rey. Fernando entonces se confabuló con su abuelo Alfonso y entre ambos tramaron la muerte de Inés de castro. Tres sicarios fueron contratados en 1355 y la bella mujer fue asesinada delante de sus hijitos mientras los niños lloraban pidiendo clemencia por la vida de su mamá.
Pedro, viendo el cadáver mutilado de su amada, creyó volverse loco de dolor e ira. Confesó que no era una simple concubina a quien habían matado, sino a su legítima esposa ya que él y la linda Inés se habían casado en secreto en 1354. Iracundo, Pedro se fue a las armas y organizó una revuelta contra su padre, y fue necesario que la reina interviniera para que Pedro no matara a su progenitor.Una muestra de la devoción y ternura que Inés inspiraba en todos la dio su gato Fanor, quien había viajado con ella desde España. El pobre miau peludo, extrañando a su ama, se colocó sobre su tumba y negándose a comer, expiró de inanición 2 semanas después de la muerte de su "socia."
En 1357, agobiado por la culpa y el odio que le demostraba su hijo Pedro, Alfonso IV de Portugal murió y Pedro subió al trono como Pedro I de Portugal Sus medidas justicieras, su amor por la honestidad y el trabajo y su crueldad para impartir castigo a malos funcionarios y delincuentes le ganaron el sobriquet de Pedro el Severo o Pedro El Cruel. Era un hombre amargado que extrañaba a su mujer de tal forma que cuando fue coronado, se le ocurrió hacer algo insólito. Hizo que sus sirvientes tomaran el cadáver de Inés, le untaran perfumes, le vistieran en ricos ropajes, le colocaran el anillo real en el dedo y le pusieran una corona para la ceremonia. Luego obligó a los obispos y funcionarios, así como a los nobles, a besar el anillo en la mano descarnada de Inés para mostrar lealtad y respeto.
Una vez terminada la ceremonia de coronación de Pedro y su difunta Inés, dicen las malas lenguas con la mía a la cabeza del desfile en este siglo, que Pedro se llevó a su amado cadáver a la alcoba para una última noche de amor antes de devolverla a la cripta.Reza la leyenda que después de ser inhumado el cadáver de nuevo, Pedro permaneció solo, llorando,durante horas. A pesar de que Pedro se echó a una vida licenciosa después del nuevo entierro de su adorada Inés, jmása logró olvidarla.Cuando él murió con el nombre de Inés en su último suspiro, pidió ser enterrado al lado de ella en el Monasterio de Alcobaca, a 30 kilómetros de Leiria. Junto a ellos fueron enterrados los hijos Denis, Juan y Alfonso cuando les llegó el turno de morir. Las esposas de los príncipes también están sepultadas junto a Inés y Pedro.

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