Bienvenidos a El Mundo según Cecilia

Ni en broma ni en serio sino que en ambas formas y gracias a la guìa de mi hija Elizabeth, aquì estoy dando a luz a mi cuarta intervenciòn en Internet, siendo mis anteriores websites www.cablenet.com.ni/historyarte , www.cablenet.com.ni/historia/histoper y www.cablenet.com.ni/rubendario .Soy Cecilia, historiadora y profesora de idiomas tan orgullosamente nicaraguense como nuestro rìo San Juan, tengo 48 años y 27 dìas al momento de comenzar este parto, y es un intento por saltarme la barrera de las censuras, derribar el muro de Berlìn de los convencionalismos gazmoños y evitar que mis aportes se vean entorpecidos por la mediocridad. Aquì encontrarèis mis artìculos sobre historia, mis relatos de terror que sacan tinta de la sangre de los campos de guerra de la Nicaragua violenta de los años80, mis pensamientos filosòficos y mi amor incondicional por los animales. Quizàs sea la màxima expresiòn del egocentrismo militante y el sadismo utilitario, pero os prometo que no estarèis indiferente a nada, que ya es algo en este mundo de tedio y aburrimiento. Pasad adelante y gozad, o a como dicen los "cops" en Estados Unidos: Relax and enjoy it!
Cecilia Ruiz de Ríos
31 de octubre de 2007,Managua

lunes, 28 de enero de 2008

me quedo mejor con mi carreta Nahua


HALLOWEEN:
LA PROSTITUCION DE UNA COSTUMBRE CELTA, AHORA MADE IN USA

Cecilia Ruiz de Ríos

Resulta curioso que en el país donde se celebra con más ruido y boato la festividad celta de Halloween sea en los Estados Unidos, el cual es el reino absoluto de la doble moral y los sepulcros mal blanqueados.
Hall ó ´ween significa en antiguo lenguaje celta "víspera de las almas" y se trataba de una noche entera en la cual los vivos ofrecían parte de la cosecha recién colectada y su tiempo para tratar de comunicarse con el más allá. Antes de que San Patricia cristianizara a la Isla Esmeralda, los irlandeses apartaban cualquier cosa para estar disponibles para una noche completa de rituales en los cuales se llamaba a los espíritus de los ancestros. Aunque San Patricio hizo muy buena labor llevando al catolicismo a Irlanda, la costumbre de Halloween siguió viva a través de los siglos desafiando Inquisición y fanatismo cristiano. Entonces no es de extrañarse que los irlandeses que luego vinieron al Nuevo Mundo cuando Inglaterra tomó posesión de lo que luego sería parte de Canadá y Estados Unidos trajeran consigo esta costumbre y la siguieran al pie de la letra en su nuevo domicilio.
Irlanda ha sido una de las naciones que más éxodo ha tenido de su población. Desde que a los ingleses se les antojó establecer dominio sobre los celtas, miles de irlandeses han salido a buscar mejores oportunidades lejos de su hermosa pero sufrida isla. Inicialmente, a los irlandeses en Estados Unidos se les trataba como inmigrantes indeseables, y luego a lo sumo como ciudadanos de cuarta categoría. Considerados ignorantes, bebedores y en general inútiles(algo que glorias mundiales como Michael Collins, Oscar Wilde, Sir Arnold Bax y William Butler Yeats han echado por tierra)se les empleaba en los menesteres más bajos del escalón laboral como morgueros, mucamas y barrenderos. Llenos de nostalgia, a estos pobres inmigrantes no les quedaba más que celebrar las dos efemérides mayores de su terruño: el Día de San Patricio con sus desfiles verdes y duendes alegres y Halloween. Cabe mencionar que algunas de las contribuciones más primorosas al "espíritu de Halloween" las hizo el Nuevo Mundo, ya que recordemos que la calabaza cuya pulpa se hace en pastel y cuya cáscara se hace en la rústica lámpara sonriente es un producto autóctono de América, y antes del encontronazo entre Europa y América que empezó con la fatídica llegada de Colón en 1492, en Irlanda no había ni un equivalente a nuestro rico ayote.
Los gatos erizos, particularmente en color negro, siempre fueron considerados como digna compañía y socios de las tan perseguidas brujas celtas. El gato de la bruja podía servir de mensajero o secretario de la misma, y era capaz de sentarse en la voluntad de alguien que le cayera muy gordo a la hechicera. El hecho de que se considerara de mal aguero ver un gato negro ocasionó que durante la oscura Edad Media miles de estas bellas criaturas fueran sacrificadas por ignorantes fanáticos. Lo de la mala suerte que aporta un gato negro incluso se ve desmentido en otros continentes, como en Africa. Para los zulúes, los gatos de color cobrizo(como mi propio mechudo José II de Habsburgo) son los socios de los brujos, y no los miaus negros.
La razón por la cual muchos se disfrazan para ir a una fiesta en este ocasión es por que tras la llegada del cristianismo a Irlanda, los que participaban en los aquelarres y reuniones satánicas nocturnas debían de disfrazarse para evitar ser reconocidos al día siguiente en el mercado o la iglesia de su poblado. Al ser reconocidos, la iglesia muy cristianamente disponía de ellos para un juicio lleno de torturas y posteriormente se les destinaba a ser un sabroso asado sin sal ni pimienta en una estaca, como cuando rostizaron a Santa Juana de Arco acusada de bruja y hereje en 1431 en Ruán. Hoy en día, no hay nada más chic que ataviarse de hechicero con un gorro puntudo y túnica negra, cuando algo semejante hubiera costado la vida del disfrazado en la Europa del aquel entonces.
La escoba de la bruja es una muestra más de como hasta en supersticiones y prácticas druidas, siempre hubo discriminación en contra de las hembras de la especie. Una buena parte de las brujas eran amas de casa, con la escoba como símbolo de su sumisión y apego a las únicas tareas que los hombres nos dejaban hacer en paz en aquellos entonces. Un equivalente moderno sería una aspiradora General Electric de quien sabe cuantas velocidades.
Lo más curioso de Halloween es que siendo una costumbre espiritista llevada por inmigrantes a Estados Unidos se haya convertido en uno de los fenómenos que más pujo comercial conlleva. Los gringos la adoptaron como suya y la convirtieron en una nochecita en que los chiquitos de la casa andan ofreciendo travesuras a quienes le niegan un confite, mientras que los adultos bajo una máscara pueden convertir a Halloween en buena excusa para cualquier cosa desde un exceso con la tarjeta de crédito hasta unos tragos de más que puedan llevar hasta a una dalliance suburbana. Todo un affaire au trés petit serieux. El boom de Halloween en los Estados Unidos no deja de sorprender a aquellos que hemos estudiado su convulsionada historia llena de máculas como el KuKlux Klan y las bombas sobre Hiroshima y Nagasaki. El lujo y alegría con que USA celebra esta festividad brujil no tiene lógica para aquellos que hemos sentido en carne propia el rigor de su doble moral, el odio hacia el ateísmo, el rechazo hacia los inmigrantes, el desprecio hacia el Tercer Mundo al cual dominan y depredan...por no decir el pavor que el gringo promedio tiene a cosas "exóticas y satánicas" que choquen con su rigidez puritana de WASP(white anglosaxon protestant, protestante blanco anglosajón)en la cual no hay cabida para hedonismos ni rarencias. Lo más inquietante es que el gringo promedio permita que sus tesoros mayores- sus hijos a quienes tanto sobreprotege- anden jugando a los diablillos y espantitos, sabiendo que en Halloween es una de esas noches en que más actos de vandalismo mayor se dan en el país más rico del mundo.
Halloween hasta ha servido-en su interpretación a manos de los estadounidenses-a fomentar la distorsión y difamación de figuras tan célebres como el príncipe Vladimir Drácula(máximo luchador independentista por su Rumanía y no un vulgar conde vampiro),Erszébet Bathory (La condesa sangrienta)o la inglesa Mary Shelley (quien siendo una adolescente escribió la famosa novela Frankenstein en la cual un médico trata de crear vida humana sin mujer ni embarazo, algo que muchos encuentran parecido con el actual hecho de que USA creó al frankesteniano Osama Bin Laden para que ahora el monstruo se les voltee en contra). Lo más patético del Halloween es que pasó a ser una celebrada festividad lejos de su lugar de origen(Irlanda), pasando a ser vulgarizada, distorsionada, comercializada y adoptada por una potencia que en resumen ni gastronomía propia tiene.