Bienvenidos a El Mundo según Cecilia

Ni en broma ni en serio sino que en ambas formas y gracias a la guìa de mi hija Elizabeth, aquì estoy dando a luz a mi cuarta intervenciòn en Internet, siendo mis anteriores websites www.cablenet.com.ni/historyarte , www.cablenet.com.ni/historia/histoper y www.cablenet.com.ni/rubendario .Soy Cecilia, historiadora y profesora de idiomas tan orgullosamente nicaraguense como nuestro rìo San Juan, tengo 48 años y 27 dìas al momento de comenzar este parto, y es un intento por saltarme la barrera de las censuras, derribar el muro de Berlìn de los convencionalismos gazmoños y evitar que mis aportes se vean entorpecidos por la mediocridad. Aquì encontrarèis mis artìculos sobre historia, mis relatos de terror que sacan tinta de la sangre de los campos de guerra de la Nicaragua violenta de los años80, mis pensamientos filosòficos y mi amor incondicional por los animales. Quizàs sea la màxima expresiòn del egocentrismo militante y el sadismo utilitario, pero os prometo que no estarèis indiferente a nada, que ya es algo en este mundo de tedio y aburrimiento. Pasad adelante y gozad, o a como dicen los "cops" en Estados Unidos: Relax and enjoy it!
Cecilia Ruiz de Ríos
31 de octubre de 2007,Managua

lunes, 28 de enero de 2008

Modelo de self-made Man


EDISON, EL MAGO DE MENLO PARK
Cecilia Ruiz de Ríos

Como teacher, la frase favorita que le menciono a mis pupilos cuando se me ponen amocepados ante la enrevesada gramática inglesa es la del genial gringo Thomas Alva Edison, quien afirmaba que el genio es 10 por ciento talento y 90 por ciento puro trabajo y tesón. Edison, quien viene al mundo un 11 de febrero de 1847 en Milan, Ohio, fue el mejor ejemplo de lo que predicaba.
Cuánto se equivocó el odioso maestro que le dijo a la madre de Thomas que el niño estaba confuso, no sabía leer (y efectivamente padeció de dislexia) y que sería ¡un ser de pocas luces! Para suerte de Thomas, su mamá Nancy Elliot había sido maestra de escuela antes de casarse con Sam Edison, un tesonero hombre-orquesta al que nada lo desanimaba. Tras pelearse con la administración del colegio, Nancy le dio toda su formación académica en casa.
Fue su mejor aliada, cómplice incondicional a la hora de armar un laboratorio en el sótano de la casa, y la que le proporcionó los mejores libros de ciencia y literatura. Siendo aún un preadolescente, el inquieto Thomas quiso ganarse su propio dinero y se fue a trabajar de vendeperiódicos en los trenes. Fue a bordo de un tren que editaba su periódico, El Heraldo. Posteriormente a bordo del mismo vagón de tren pondría su laboratorio con el permiso de la compañía de trenes, pero este episodio tuvo un final triste cuando los químicos se derramaron y el laboratorio se incendió. Thomas se vio defenestrado como "problemático." También de esta fecha data la sordera que atribuló a este genio.
En una ocasión Thomas casi se accidenta, y el asustado maquinista no tuvo mejor idea que asirlo de sus enormes orejas paradas de radar. Thomas luego afirmaría que al ser levantado de las orejas sintió que algo le tronó en la cabeza, y desde entonces su sentido auditivo fue de mal en peor. Al igual que Beethoven, quien al quedar sordo tuvo que dejar su vida de pianista para dedicarse a la composición, Thomas conforme se hacía más sordo se fue adentrando más en la invención y la lectura...para beneficio del mundo.
Thomas ya de adolescente amó el telégrafo, el cual había sido inventado por Samuel Morse 9 años antes de que Thomas asomara su privilegiada sesera en este mundo. A los 16 años, Thomas se fue de telegrafista a Toronto, Canadá, en calidad de asistente. El debía reportar señal a Toronto cada hora, y encontraba tedioso el procedimiento. Inventó un aditamento que funcionaba automáticamente, y así podía dormir sin interrupción, pero cuando su jefe lo pescó roncando como olla de nacatamales casi lo corren. Thomas tuvo diversos puestos como telegrafista en los Estados Unidos, solía dormir poco para leer enormes tomos de química, física y otras ciencias. No escatimaba dinero para adquirir libros, y en un invierno casi se muere de una bronquitis porque escogió comprar un libro de química carísimo en lugar de un buen abrigo!
Thomas a menudo mejoraba los inventos de otros, como el teléfono de Bell o el telégrafo de Morse. La máquina de escribir se vio alterada para bien por este genio, y el primer invento que le produjo 40 mil dólares (suma obesa en aquel entonces) fue el marcador del mercado bursátil, estrenado en Wall Street. Estos marcadores aún se usan en la meca del capital. En 1876 lo encontramos en Menlo Park, donde se estableció para hacer su fábrica de inventos con la ayuda de su progenitor, de quien heredó el optimismo que siempre le obró maravillas. Con el laboratorio funcionando, Thomas aplicaba a unas 400 patentes por año a la oficina gringa de patentes, la cual poco antes del arribo de Thomas hasta estuvo a punto de cerrar...
En ese mismo año a Thomas le tocó entrar en sociedad de negocios con algunos de los más golosos capitalistas del mundo: J.P. Morgan y los Vanderbilt. Entre ellos y el genio, se formó la Edison Electric Light Company, la cual comenzó a existir antes que Thomas pariera el bombillo incandescente. A pesar que la luz eléctrica sería lo que le daría más de comer y de gritar (por su pleito con George Westinghouse por el asunto de las corrientes directas o alterna, litigio en el cual Thomas sacó a bailar su caja de lustrar al mencionar oprobios contra Westinghouse), Thomas consideraba su invento favorito el fonógrafo. En 1879 la luz eléctrica fue una realidad, cuando Thomas logró que un bombillo con filamentos de algodón carbonizado fuera la base para la bujía incandescente.
Thomas como hombre era pésimo marido. Nunca tuvo un vigoroso impulso sexual, y a los 24 años de edad, apenas un mes de haberse casado con su primera esposa Mary Stilwell, comentó que su mujer no valía un cinco en cuestión de inteligencia. Mary habría de darle tres hijos y quejarse amargamente que Thomas apenas se daba cuenta que ella existía. En 1884, Thomas apenas sintió una pizca de remordimiento cuando Mary se murió. Dos años más tarde se casaba con Mina Miller, quien le daría tres hijos más. Thomas no toleraba la pereza en ninguna de sus formas, y eso incluía a su familia. A duras penas dormía, por lo cual la comprensiva Mina le arregló un colchón en su estudio para que pudiera dormir siestas de gato.
La curiosidad de Thomas no se limitaba a sus inventos. En una ocasión que halló un escarabajo muy maloliente, sacó tiempo para escribirle al notable científico inglés Charles Darwin para reportarle su hallazgo. Thomas como jefe era exigente, pero le encantaba estimular la imaginación y los avances en sus empleados. Entre sus subalternos estuvo nada menos que Henry Ford, el fascita pero ingenioso creador del carro modelo T, y Thomas tuvo como amigo al célebre Harvey Firestone (el papá de los neumáticos que hoy llevan su nombre), llegando a sembrar plantas de hule con Firestone para tener materia prima para el negocio de Firestone. Thomas adoraba hablar con los jóvenes, pero cuando se enteró que los adolescentes aceleraban la velocidad con la cual giraba el cilindro de su fonógrafo para oír la música a ritmo más veloz, Thomas exigió que sus fonógrafos llevaran control de velocidad mientras censuraba en gruñidos el atrevimiento de los chiquillos.
Thomas nunca dejó de trabajar, y a los 84 años estaba tan tozudo y vivaz como siempre. Murió un 18 de octubre de 1931 mientras una multitud esperaba afuera de su residencia en Menlo Park para orar por su salud. Durante tres días las luces fueron apagadas en honor al Mago de Menlo Park tras su sepelio. Tanto Thomas como su viuda Mina fueron sepultados en la propiedad de ambos.
Para muchos, Edison sigue siendo el perfecto modelo del self-made man que llegó muy alto gracias a su tesón y sacrificio, y resulta inconcebible que la Academia Sueca que otorga los Premios Nóbel se lo haya negado por tecnicismos burdos. Para los amantes de los animales, Thomas es el verdugo de miles de caballos, vacas, conejos, gatos, ardillas y perros al experimentar su corriente con ellos. Cada vez que le fríen los sesos a alguien en la silla eléctrica, es probable que se le echen maldiciones a Thomas por haberla inventado, mientras que los cinéfilos le agradecemos a este hermoso chele el haber inventado el kinetoscopio. Pero todos, cada vez que prendemos un bombillo... rendimos silencioso tributo al hombre cuyo "bombillo" genial siempre fue incandescente.