Bienvenidos a El Mundo según Cecilia

Ni en broma ni en serio sino que en ambas formas y gracias a la guìa de mi hija Elizabeth, aquì estoy dando a luz a mi cuarta intervenciòn en Internet, siendo mis anteriores websites www.cablenet.com.ni/historyarte , www.cablenet.com.ni/historia/histoper y www.cablenet.com.ni/rubendario .Soy Cecilia, historiadora y profesora de idiomas tan orgullosamente nicaraguense como nuestro rìo San Juan, tengo 48 años y 27 dìas al momento de comenzar este parto, y es un intento por saltarme la barrera de las censuras, derribar el muro de Berlìn de los convencionalismos gazmoños y evitar que mis aportes se vean entorpecidos por la mediocridad. Aquì encontrarèis mis artìculos sobre historia, mis relatos de terror que sacan tinta de la sangre de los campos de guerra de la Nicaragua violenta de los años80, mis pensamientos filosòficos y mi amor incondicional por los animales. Quizàs sea la màxima expresiòn del egocentrismo militante y el sadismo utilitario, pero os prometo que no estarèis indiferente a nada, que ya es algo en este mundo de tedio y aburrimiento. Pasad adelante y gozad, o a como dicen los "cops" en Estados Unidos: Relax and enjoy it!
Cecilia Ruiz de Ríos
31 de octubre de 2007,Managua

viernes, 21 de marzo de 2008

"Gnat is the cat that I am looking at"


GNAT DE NORMANDIA, LA GATA MAS AMADA DE LA HISTORIA
Cecilia Ruiz de Ros
Hoy que los "gatómanos" celebramos una efemérides más del Día Mundial del Gato, vamos a recordar a uno de los miaus más adorados de la historia: Gnat de Normandía. En kindergarten mi maestra nos enseñó que "Gnat is the cat that I´m looking at" (Gnat es la gata a la que estoy mirando), uno de los poemas más célebres del inefable bardo Juan Alejandro de Normandía. Tras esas sencillas líneas se encuentra una de las historias más tiernas de amor entre un humano y un animal.
Juan Alejandro de Normandía, noble, periodista empírico, traductor, poeta y favorito del rey galo Enrique III de Francia, nació en Ruán un 24 de junio de 1545 y murió de un infarto en 1640 ya siendo un chimbarón viejito, pero entre cuna y tumba le tocó vivir una de las vidas más emocionantes al ser el favorito del homosexual rey francés Enrique III. Alto, pelirrojo y bello, Juan Alejandro recibiría de su regio amante un regalo que traería consigo las semillas de su futura felicidad. Cuando Juan Alejandro se casó con una judía en enero de 1589, 7 meses antes que Enrique III fuera asesinado el rey entre miles de regalos que le hiciera a la pareja le llevó una inmensa gata pelirroja con abundante mechaje, conociendo el amor que Juan Alejandro sentía por los animales y en particular por los gatos. El erudito Juan Alejandro la llamó Jadwiga en honor a una bella reina polaca, y pronto la enorme micifuz se hizo la favorita entre los numerosos gatos de la casa. La naturaleza obró sabiamente y pronto Jadwiga presentó a su socio Juan Alejandro con numerosos gatitos. Una de esas felinas paridas por Jadwiga fue Wu Chao, llamada así en honor a la famosa emperatriz china.
Wu Chao con el correr de los años, poco antes de morir, tuvo su última camada de gatitos y entre ellos vino quien sería la famosa Gnat de Normandía. Gnat nació el 4 de octubre de 1626 a medianoche mientras su pobre madre se revolvía del dolor. Un insomne Juan Alejandro, ayudado por su hija menor Leonor, recurrió a una cuchara empapada en vino blanco para experimentarse como partero, y con dicho instrumento cuchareó hacia el mundo a Gnat. Gnat no respiraba al inicio, pero untándole con una mezcla de yema de huevo con vino blanco, Juan Alejandro y su hija pudieron reanimar a la bebé micifuz. Cuando Wu Chao murió 6 meses después, Gnat y sus hermanas Fabiola de Caen y Eloísa de Nantes ya eran robustas ejemplares de un prodigioso cruce de angora, abisinio y Manx. Sólo Gnat lucía una esplendorosa cola, mientras que sus hermanas eran de cola chinga como una graciosa borlita.

Gnat fue nombrada así por la palabra inglesa para denominar al tábano, ya que Leonor, la hija predilecta de Juan Alejandro, decía que neciaba más que un tábano en primavera. Gnat y el poeta hicieron muy buenas migas desde el inicio Juan Alejandro, a quien la vejez jamás le endureció los músculos ni le hizo imbañable, era tan fanático del aseo personal que acostumbró a la peluda Gnat a bañarse todos los sábados. La gata al inicio le hacía trizas las manos, pero luego se habituó tanto a su baño que se preparaba de antemano para él, frotando su larga cola mechuda en los pies del poeta para solicitar ser aseada. Juan Alejandro, quien en esta etapa de la vida ya estaba fundando orfelinatos y gozando de sus nietos, no se desprendía a Gnat de su lado, y muchas veces, el pelo rubicundo del poeta se confundía con el pelaje de Gnat ya que se la colocaba como estola alrededor del cuello.
En varias ocasiones que Juan Alejandro visitó la corte francesa, el rey Luis XIII jugó con Gnat y en una ocasión le pidió al bardo que si la animalita paría hembras, le regalara un par para comenzar su propia dinastía gatuna. Gnat, quien parecía tener un sexto sentido para apreciar quién la amaba y quién la detestaba, en una ocasión se le lanzó como bala con uñas y dientes a la cara a la reina María de Médicis, la gordinflona y espantosa madre del rey Luis XIII. Ante la reina, Juan Alejandro se mostró apenado y contrito, pero una vez en casa, el bardo se rascaba la barriga de la risa y le decía a su gata,"Duro con ella, Gnat, la próxima vez quizás le logras sacar un ojo ya que a mí me cae fatal esa vieja".
Gnat acabó con varios tesoros de la lujosa casa del bardo. Una colección de jarrones chinos que databan de la dinastía Tang fueron hechos añicos por los vuelos repentinos de Gnat, quien adoraba perseguir moscas, cucarachas y cualquier cosa que volara. Juan Alejandro se limitaba a recoger los tucos de las obras ultimadas resignadamente mientras Gnat le miraba con cara de falso arrepentimiento. Cuando Juan Alejandro se retiraba a su escritorio a escribir, su acompañante inseparable era Gnat. De esa forma, Gnat propició que su socio la inmortalizara con poemas como "Los Verbos de Gnat", "Gnat", "Edén", "Lo mejor del Gato", "Angeles" y un centenar de obras más que Juan Alejandro dedicó a su consentida minina. Curiosamente, muchos de estos poemas fueron escritos originalmente en inglés y no en el francés natal del bardo ya que Juan Alejandro luego se los mandaba a un duque inglés que también tenía más de 50 gatos.
La primera jaqueca fuerte que Gnat le dio a su socio fue cuando Juan Alejandro recibió de manos de un duque inglés que fue gran amigo suyo a un gato cola chinga, de la mejor estirpe Manx, a quien le pusieron el nombre de Edén. El flechazo entre Gnat y Edén fue tan fulminante que la gata jamás pariría gatitos que no fueran de él. Juan Alejandro escribió en su diario personal,"Son tan aparatosamente felices en sus samotanas que hasta me arrogo el derecho de estar celoso." Dos de las primeras gatitas habidas por Gnat fueron entregadas a Luis XIII a como prometido, pero Juan Alejandro se negó a separar a los gatos de su Gnat de la familia, conservando a los 25 micifuces que la gata parió a lo largo de su mimada vida. La segunda jaqueca que Gnat le dio a su socio fue cuando se le perdió por 15 días.
Accidentalmente, Juan Alejandro la había dejado olvidada en París en casa de una amiga, sin embargo, la gata agarró rumbo propio y tardó en aparecer por la ciudad de Ruán, donde vivía el bardo. Juan Alejandro creyó volverse loco, más al ver la aflicción de Edén, quien se negaba a comer sin su "esposa". Juan Alejandro puso avisos por doquier, lloró a mares y finalmente, una tarde de verano mientras se bañaba en el río Sena, vio a Gnat aparecer toda sucia y flaca, pero en buen estado. Juan Alejandro salió corriendo desnudo detrás de la gata mientras su hija, su yerno, sus nietos y sus criados lo seguían con una manta para evitar que el pobre viejo hiciera el ridículo.
Cuando Juan Alejandro murió de un ataque al corazón mientras chapoteaba en una alberca, Gnat se negó a separarse del cuerpo de su socio. Durmió encima del féretro de Juan Alejandro y al momento de irlo a enterrar a orillas del Sena, ella encabezó el cortejo fúnebre a como lo harían mascotas tan adoradas como el perro del rey Eduardo VII en el siglo XIX o el terrier Fala de Franklin Delano Roosevelt en el siglo XX. Una vez sepultado Juan Alejandro, Gnat se acomodó encima de la tumba y procedió a morirse de hambre.

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