Bienvenidos a El Mundo según Cecilia

Ni en broma ni en serio sino que en ambas formas y gracias a la guìa de mi hija Elizabeth, aquì estoy dando a luz a mi cuarta intervenciòn en Internet, siendo mis anteriores websites www.cablenet.com.ni/historyarte , www.cablenet.com.ni/historia/histoper y www.cablenet.com.ni/rubendario .Soy Cecilia, historiadora y profesora de idiomas tan orgullosamente nicaraguense como nuestro rìo San Juan, tengo 48 años y 27 dìas al momento de comenzar este parto, y es un intento por saltarme la barrera de las censuras, derribar el muro de Berlìn de los convencionalismos gazmoños y evitar que mis aportes se vean entorpecidos por la mediocridad. Aquì encontrarèis mis artìculos sobre historia, mis relatos de terror que sacan tinta de la sangre de los campos de guerra de la Nicaragua violenta de los años80, mis pensamientos filosòficos y mi amor incondicional por los animales. Quizàs sea la màxima expresiòn del egocentrismo militante y el sadismo utilitario, pero os prometo que no estarèis indiferente a nada, que ya es algo en este mundo de tedio y aburrimiento. Pasad adelante y gozad, o a como dicen los "cops" en Estados Unidos: Relax and enjoy it!
Cecilia Ruiz de Ríos
31 de octubre de 2007,Managua

martes, 12 de febrero de 2008

El papi involuntario del croissant


El buen Rey que salvo a Viena :Juan Sobieski
Cecilia Ruiz de Ríos

Entre los hombres más valientes, honestos, galantes e íntegros que se han ceñido una corona figura un barbudísimo polaco llamado Juan Sobiesky, quien en la sucesión de soberanos de Polonia figura como Juan III. Gracias a su rauda intervención a lomos de su aguerrido corcel Salvador en 1683 para salvar a los Habsburgos de Austria Europa es hoy mayormente cristiana y no musulmana.
Juan Sobiesky vino al mundo en medio de una tormenta en que poco faltó para que llovieran lagartos rosados un 17 de agosto de 1629 en el castillo familiar de Olesko, hijo de la matrona Teófila Janina y su esposo Jacobo Sobieski. Teófila era una mujer de armas tomar y patriota ardiente.Apenas dio sus primeros pasitos tambaleantes, Juan y su hermano mayor Marcos obtuvieron pequeñas versiones del curvo sable que portan los guerreros polacos. Su padre los entrenó en las lides de la lucha, y la madre de los muchachos tras llevarlos a misa les acompañaba a que oraran en las tumbas de sus ancestros guerreros en Zolkiew. A los 11 años, Juan y su hermano se fueron a cursar estudios a Cracovia. Juan se destacó como buen alumno, mientras que Marcos era apenas promedio.Tras completar sus estudios, en 1646 su padre los envió en una gira europea para adquirir conocimientos más mundanos. Hicieron buenas migas con la familia Estuardo que estaba exiliada en Francia.
En 1648 los cosacos hicieron una revuelta, obligando a Juan y Marcos a regresar a casa arriesgándose al cruzar las líneas cosacas. El padre de ambos, Jacobo, había muerto en las turbulencias y la madre instó a sus retoños a que cumplieran con su deber de defender la patria, advirtiéndoles que no tuvieran miedo en combate.Ambos chicos obedecieron a la autora de sus días y regresaron cubiertos de gloria. En 1651 Juan y Marcos regresarían al campo de batalla contra cosacos y tártaros, y Juan resultó herido en la Batalla de Beresteczko. Para su convalescencia, Juan fue llevado a Lvov, donde se enamoró de una bella lituana que le sirvió de enfermera. Lo malo era que la lituana ya estaba prometida al noble lituano Michael Pac, quien retó a duelo a Juan. Michael al fin se quedó con la dama, pero siempre guardó malos recuerdos del futuro rey de Polonia.
En 1652 Juan no pudo estar en la Batalla de Batoh contra los cosacos porque aún estaba convalesciente de sus heridas habidas en el duelo de amor. Para colmo, los polacos se vieron sopapeados en esta batalla, y Marcos Sobieski fue asesinado y decapitado en ella. Cuando la madre de Juan se enteró que Juan no solo no había estado en la batalla, sino que la cabeza de su otro hijo se había extraviado en mano de los cosacos, su ira contra Juan fue tan grande que tradó años en volverle a hablar.
En 1665, Juan por fin se casó por amor, ayudado por la orden de la reina de Polonia de lavar el buen nombre de su dama de honor. La monarca polaca había encontrado a Juan Sobieski y a la francesa María Casimira de la Grange d´Arquien, quien había nacido en Nevers en 1641 en tremendo arrumaco.Ma. Casimira al llegar al altar para darle el sí a Juan ya llegaba viuda de su primer marido, un noble polaco de modales patanes y bolo consuetudinario llamado Zamoyski. Antes de saborear las mieles con Juan, Ma. Casimira había aguantado por 7 años a su desastre de marido y le había parido 3 criaturas que murieron siendo bebés.Su único consuelo había sido escribir cartas secretas a Juan mientras su marido empinaba la botella o sus hijos morían prematuramente.
En abril de 1665 Juan fue nombrado Hetman(general al mando) de las fuerzas armadas polacas.Juan tenía 36 años y María Casimira apenas 24, y estaban destinados a ser obscenamente felices. Juan aún conservaba excelente figura, una dentadura pareja, unos ojos azules sonrientes y una erudición capaz de cautivar a cualquiera. Ella era bella, voluntariosa, y muy letrada.
En 1673 una maltrecha armada polaca de unos 30 mil caballeros se hincaron en la nieve para rezarle a la Virgen de Czestochowa y luego procedieron a vencer a un ejército turco de más de 70 mil hombres. Al regreso de la batalla, Juan pasó echándole un ojo a su adorada esposa, quien había estado enferma. Fue recibido en Polonia como héroe, sobre todo que había tráido 60 banderas turcas y un buen botín. El 21 de mayo de 1674 Juan fue coronado rey de Polonia obedeciendo a un unico código de caballería que permitía que cualquier noble caballero fuera ungido rey por sus méritos, no por derecho dinástico. Juan III de Polonia aún cosecharía más glorias, sobre todo en 1683 cuando a lomos de su adorado corcel Salvador y con 400 mil hombres bajo su mando, le sacaría las barbas del fuego a la dinastía de los Habsburgo en Viena al llegar justo a tiempo cuando los autríacos estaban a un pelito de rendirse ante los otomanos. Los turcos bajo el mando de Kara Mustafá había entrado a Europa por lo que hoy es Serbia, montando un sorpresivo sitio a la ciudad de Viena. Aunque Juan ya era un señorón de 54 años y respetable barriga, seguía siendo tan excelente guerrero como cuando joven y pronto le mostró a los turcos con cuántas papas se hace un guiso. El 11 de agosto de 1683 Juan derrotó a los turcos con la facilidad con que se bebía una buena copa de vino. La tierra quedó empapada con la sangre de los turcos.Unos 2 mil efectivos de Juan murieron, mientras que el conteo para los otomanos fue de más de 10 mil vidas perdidas. Los panaderos de Viena, burlándose de la media luna que es el símbolo del Islam, presentaron a las tropas de Juan los famosos croissants, o cachos de hojaldre, Y la leyenda reza que entre Juan y su caballo se comieron unas 10 sartenes de ellos.Juan como rey de Polonia fue conocido por sus patronatos de las artes, su apoyo a los artesanos y por ser un rey bromista y campechano al cual todo mundo tenía acceso. Sus cartas a la idolatrada María Casimira muestran un hombre dotado de gran sentido del humor, fina destreza poética y un estilo propio que lo hubiera llevado a ser gran escritor si el reinado le hubiera dejado más tiempo para escribir.Juan murió el 17 de junio de 1696 en el Palacio de Wilanow.Una súbita apoplejía lo atacó súbitamente tras haber ido a misa y aunque María Casimira mandó a llamar a un médico y un cura, Juan solo recobró el conocimiento para despedirse de su mujer y familia. Murió al atardecer. María Casimira quedó como cúcala desarbolada, quedando con el título de Duquesa de Jaroslav y dedicándose a viajar por Europa para vivir luego por unos años en Roma. En 1716 María Casimira moriría en Blois, Francia. Fue enterrada con honores dignos de su rango. Pero poco después en el monasterio de los capuchinos en Cracovia pasó algo raro: a medianoche un alto hombre de negro apareció y tocó al portón de los capuchinos. Nada dijo y solo dejó un ataúd negro. El ataúd fue llevado adentro y cuando los monjes lo abrieron, habían los restos de una vieja coronada y con un cetro en la mano. Dentro de la boca de la difunta estaba un medallón con el nombre María Casimira grabado. De esta forma, Juan y su adorada consorte pudieron juntarse tras la muerte. Fueron sepultados en tumbas conjuntas en el Castillo de Cracovia, y hasta hoy la tumba siempre está cubierta de flores frescas.