Bienvenidos a El Mundo según Cecilia

Ni en broma ni en serio sino que en ambas formas y gracias a la guìa de mi hija Elizabeth, aquì estoy dando a luz a mi cuarta intervenciòn en Internet, siendo mis anteriores websites www.cablenet.com.ni/historyarte , www.cablenet.com.ni/historia/histoper y www.cablenet.com.ni/rubendario .Soy Cecilia, historiadora y profesora de idiomas tan orgullosamente nicaraguense como nuestro rìo San Juan, tengo 48 años y 27 dìas al momento de comenzar este parto, y es un intento por saltarme la barrera de las censuras, derribar el muro de Berlìn de los convencionalismos gazmoños y evitar que mis aportes se vean entorpecidos por la mediocridad. Aquì encontrarèis mis artìculos sobre historia, mis relatos de terror que sacan tinta de la sangre de los campos de guerra de la Nicaragua violenta de los años80, mis pensamientos filosòficos y mi amor incondicional por los animales. Quizàs sea la màxima expresiòn del egocentrismo militante y el sadismo utilitario, pero os prometo que no estarèis indiferente a nada, que ya es algo en este mundo de tedio y aburrimiento. Pasad adelante y gozad, o a como dicen los "cops" en Estados Unidos: Relax and enjoy it!
Cecilia Ruiz de Ríos
31 de octubre de 2007,Managua

jueves, 7 de febrero de 2008

lo màs antipàtico Made in Spain


Felipe II. "El Demonio del Sur"
Cecilia Ruiz de Ríos
Una de las figuras más aborrecibles de la historia sin lugar a dudas es el rey español Felipe II, a quien muchos conocen como "El Demonio del Sur" por las incontables atrocidades y saqueos que este feo hombre permitió contra nuestros indígenas. Chaparrito, con un rostro petulante de chocoyo empachado y una crueldad a prueba de bombas, nació en Valladolid el 21 de mayo de 1527, siendo hijo del fabuloso Carlos I de España y V de Alemania y de su bella esposa Isabel de Portugal.
Felipe desde chico gozó de los mejores tutores, aprendiendo a amar las letras, los idiomas (francés, italiano, latín y un poco de hebreo) y las armas. Felipe desde temprana edad se dio cuenta de las infidelidades mutuas de sus padres (Carlos tuvo amores con numerosas mujeres, entre ellas Bárbara Blomberg, quien le dio a Juan de Austria...mientras que Isabel se refocilaba con su pintor Tiziano y varios duques de la corte). En 1538 su hermosa madre moría a causa de un aborto maltraveseado tratando de ocultar los cachos que le puso a su regio marido, y a Felipe le tocó presenciar cómo el casi-líquido y pestilente cadáver de su progenitora era vertido en un tambor de lata mientras los cortesanos que la llevaban a su última morada se tapaban las narices con pañuelos perfumados. Para un chico de once años el trauma iba a quedar profundamente grabado en su siquis, y de ahí en adelante sería taciturno y amargado. A los quince años, Felipe participó personalmente en la defensa de Perpignán y un 15 de noviembre de 1543 se casa con su prima hermana María Manuela de Portugal. En 1545 María Manuela le daría a su primogénito, Carlitos, muriendo de una infección post-parto 4 días después. El afligido viudo pasaría por tremenda depresión, pero en 1554 se casaría en segundas nupcias en un 25 de julio con la fea, amargada y odiosa reina inglesa María Tudor, primogénita habido del glotón Enrique VIII con Catalina de Aragón (quien era tía abuela de Felipe). Reza la leyenda que Felipe no quería consumar el matrimonio con María debido al poco aseo de la reina, mientras que otros afirman que Felipe aún estaba resentido por las condiciones leoninas que la feísima María "La Sangrienta" (llamada así por sus pavorosas persecusiones contra los protestantes) había impuesto para conceder su mano en boda. Para colmo, María resultó con vientre abultado no debido a un embarazo (aunque así hizo creer al pueblo inglés y a su hermana Elizabeth) sino a causa de un patético cáncer ovárico que la llevó a la tumba sin poder dejar descendencia. Una vez muerta su espantosa segunda mujer, Felipe le propuso matrimonio a la bella pelirroja de su cuñada, la futura Elizabeth I la " Reina Virgen" pero ésta le lanzó una estruendosa carcajada como respuesta. Desde entonces, Felipe habría de odiar con pasión a Elizabeth I, quien estaba destinada a ser su enemigo y la persona que le haría morder el polvo de la derrota en el futuro.
Felipe posteriormente habría de casarse con la princesa francesa Isabel de Valois-hija de Enrique II de Valois-y tendría dos niñas con ella, Isabel Clara Eugenia y Catalina. Pero este matrimonio habría de acabar muy mal, dado que la bella Isabel murió en circunstancias aún no esclarecidas y muchos dedos acusatorios apuntaron hacia el viudo, afirmándose qué el la había asesinado. El tufo de asesino sería algo difícil de quitarse de encima para Felipe, pues cuando su primogénito Carlos murió, también le echaron el muerto a él. Felipe habría de llevar luto cerrado desde la muerte de su muchacho. Destinado a nunca ser feliz en el matrimonio, Felipe se casó en cuartos esponsales con su prima Ana de Austria, quien se puso a parir como coneja de inmediato, pero debido a los lazos de consaguinidad entre los esposos, algunos retoños salieron bastante "fallados de fábrica" y solo sobrevivió el futuro y decepcionante Felipe II.
Los líos parecían multiplicarse para el atribulado Felipe, a quien no hay que negarle el reconocimiento por haber sido muy trabajador, acucioso y religioso. En 1559 Felipe se había servido de su hermana bastarda Margarita de Parma, para amansar a los países bajos en calidad de gobernadora. Pero los flamencos querían independencia y libertad de cultos, y esto último le sabía a bilis a Felipe. A la cabeza de los rebeldes estaban el Conde de Egmont y el valiente Guillermo El Taciturno, Príncipe de Orange. En 1565 la situación se puso al rojo vivo cuando los nobles flamencos y la burguesía local se aliaron en la Liga de los Mendigos y armaron revueltas, llegando a saquear y destruir templos católicos. Felipe II botó la gorra y mandó al sanguinario Duque de Alba a decapitar a Raimundo y medpio mundo mediante el tristemente célebre Tribunal de la Sangre. En 1568 los españoles mataron a los ilustres condes de Egmont y de Horn. Felipe II también envió a asesinar al aguerrido y gallardo Guillermo el Taciturno, y lo hizo "en nombre de Dios."Los mal pagados soldados españoles optaron por saquear la ciudad de Amberes en 1576, ganando el odio inmortal de los flamencos hacia los españoles.
Aunque desde 1543 Felipe II había asumido la regencia de España cuando su padre se quiso retirar a cantar con los monjes en Yuste, y desde la muerte de éste en 1558 fue rey de España, cometía errores que ningún aprendiz de político-mucho menos de estadista- debió de haber hecho. Si bien en 1571 Felipe se sirvió de su hermano bastardo Juan de Austria para ganarles a los turcos en la Batalla de Lepanto un 7 de octubre (lucha en la cual Miguel de Cervantes quedó manco), no fue hasta en 1581 que las cortes portugesas le reconocen como rey. Soberbio y prepotente, su fanatismo religioso no le permitía reconocer el excesivo orgullo como pecado capital, y fue esa misma imperiosidad lo que causaría que su ex cuñada Elizabeth I de Inglaterra le hiciera saborear lo que en nuestros tiempos Gabo llama "desayunar con la soberbia para luego almorzar con la verguenza." Elizabeth I se burlaba de su ex cuñado apoyando financieramente a los rebeldes flamencos. Además, los piratas ingleses como Francis Drake asaltaban los barcos españoles que regresaban pesados de tesoros saqueados al Nuevo Mundo. Felipe creía que su armada era invencible. Impaciente por deschincacar la flota inglesa, hizo que sus navíos zarparan antes de tiempo cargando toneles de madera verde, sin dejar que estos pudieran añejarse debidamente. Una vez en camino al pleito, las provisiones de los marinos españoles se pudrieron debido a la madera joven en que estaban almacenadas, y los soldados pasaban más tiempo vomitando que planificando cómo luchar. Para colmo una pavorosa tormenta se fraguó y los ingleses saborearon la victoria en agosto de 1588 al derrotar a lo que posteriormente se llamaría con sorna "La Armada Invencible."
Felipe murió un 13 de septiembre de 1598 en su palacio de El Escorial cubierto de piojos y llagas, sosteniendo un crucifijo mientras su hija oraba al lado suyo y su heredero Felipe III lo contemplaba espantado e impacientemente esperando que muriera para ceñirse la corona de España.