Bienvenidos a El Mundo según Cecilia

Ni en broma ni en serio sino que en ambas formas y gracias a la guìa de mi hija Elizabeth, aquì estoy dando a luz a mi cuarta intervenciòn en Internet, siendo mis anteriores websites www.cablenet.com.ni/historyarte , www.cablenet.com.ni/historia/histoper y www.cablenet.com.ni/rubendario .Soy Cecilia, historiadora y profesora de idiomas tan orgullosamente nicaraguense como nuestro rìo San Juan, tengo 48 años y 27 dìas al momento de comenzar este parto, y es un intento por saltarme la barrera de las censuras, derribar el muro de Berlìn de los convencionalismos gazmoños y evitar que mis aportes se vean entorpecidos por la mediocridad. Aquì encontrarèis mis artìculos sobre historia, mis relatos de terror que sacan tinta de la sangre de los campos de guerra de la Nicaragua violenta de los años80, mis pensamientos filosòficos y mi amor incondicional por los animales. Quizàs sea la màxima expresiòn del egocentrismo militante y el sadismo utilitario, pero os prometo que no estarèis indiferente a nada, que ya es algo en este mundo de tedio y aburrimiento. Pasad adelante y gozad, o a como dicen los "cops" en Estados Unidos: Relax and enjoy it!
Cecilia Ruiz de Ríos
31 de octubre de 2007,Managua

domingo, 4 de noviembre de 2007

El Genial Wagner


MALA PAGA, ZANGANISIMO Y RACISTA PERO AUTOR SUBLIME: RICARDO WAGNER
Cecilia Ruiz de Ríos
Es increíble que uno de los seres que produjeron la música más sublime y las óperas más deliciosas haya sido un desastre como hombre: Ricardo Wagner. Este compositor alemán, considerado a la par de Carlos María von Weber y Cristóbal Gluck como el hombre que más contribuyó a la formación de la ópera netamente alemana, combinaba en un solo cuerpo y alma las virtudes más exaltadas y los defectos más horrendos que puede poseer un hijo de Adán. Nacido un 22 de mayo de 1813 y muerto un 13 de febrero de 1883 en Venecia en brazos de Cósima Liszt, la mujer que le robó a su mejor amigo, Wagner era mala paga, mujeriego, altanero, soberbio, racista, mentiroso y despiadado. Sin embargo, de la misma mano que apaleó a mujeres, negó el pago a los que le prestaban dinero y zurró a caballos desobedientes, brotaron obras tan exquisitas como la tetralogía El Anillo de Los Nibelungos, Tristán e Isolda, Parsifal, Los Maestros Cantores de Nuremberg, Tannhausser, Lohengrin y el Idilio de Sigfrido.
Wagner, quien tanto odiaba a los judíos, comparte una duda sobre su origen con el hombre que lo habría de admirar en este siglo, Adolfo Hitler. La madre de Wagner no era precisamente un modelo de fidelidad conyugal, y tenía un amiguito judío que a menudo la visitaba. Cuando su esposo murió, Frau Wagner inmediatamente se casó con el judío que para muchos fue el verdadero padre de Wagner. Desde niño, Wagner sintió atracción por el teatro, la poesía, la música y las bellas artes. Era en extremo sensible y mitómano, llegando a creerse sus propias invenciones.
Estuvo al borde del incesto cuando siendo un preadolescente, se excitaba con la ropa sucia de su hermana. Wagner cuando comenzó a encaminarse por el pentagrama no tenía estilo propio.
Luchó a brazo partido para darse a conocer. En esos entonces, se casó con la mediocre actriz Minna Planer, a quien le dio desde el comienzo vida de perro, haciéndole pasar privaciones y palizas. Wagner tenía un talento inusitado para hacerse de enemigos.
No se medía la lengua, vivía lujosamente cuando con costo podía costearse pan y agua, huía de sus acreedores y creía merecerlo todo. Trataba a sus amigos con desconsideración, era bueno a su pichel de cerveza y muchas veces irresponsable como padre ya que dejó muchos hijos regados sin reconocerlos. A las mujeres, las manipulaba y tras una noche de placer, solía olvidarlas con facilidad. Patán y descortés, a muchas de ellas avergonzó en público cuando ellas le recriminaban sus maltratos. Minna debía soportar sus continuas infidelidades sin chistar.
Wagner era un hombre que tenía un concepto extrañísimo de la amistad. Sus amigos debían soportarle todo, desde tolerar que les quitara las mujeres hasta el perdón de las deudas. De esta forma alienó a varios de sus patrocinadores. Uno de los casos más escandalosos que protagonizó Wagner fue cuando Otto Von Wesendock, un acaudalado hombre de negocios, decidió apoyarlo. Wagner se bebió la leche y luego maldijo la vaca, por así decirlo, cuando correspondió a su amigo y patrocinador teniendo un affaire con Mathilde, la esposa de Otto. Minna-la mujer de Wagner- y Mathilde en una ocasión se trenzaron a golpes por el amor de este germano de ojos azules y piel rubicunda. Los amores tormentosos entre Mathilde y Wagner sirvieron de material para la ópera Tristán e Isolda.
La vida licenciosa de Wagner no se limitaba a las mujeres. No faltó quien dijera que tanto disgusto le ocasionó el infarto que llevara a Minna -su esposa- a la muerte. Wagner, quien era muy amante de lujos sin importarle el precio, encontró provechoso el amor desmedido que le ofrecía el rey Luis II de Baviera, maricón y loco de atar. El Loco Luis, a como era llamado este soberano, se prendó de Wagner a tal punto que lo llevó a su castillo y le dio abundante plata del erario de su reino. Wagner, para seguirle la corriente y extricarle más dinero al Loco Luis, lo vestía del Caballero Lohengrin del Cisne antes de revolcarse con él en el lecho. En ese entonces, Wagner comenzaba su affaire con Cósima Liszt de día mientras complacía al rey de noche, y Cósima a pesar de saber de sus andanzas, no decía ni pío.
Wagner siempre se vio apadrinado por el húngaro Franz Liszt, compositor y pianista de renombre que además era gran mecenas de los jóvenes valores del pentagrama. Wagner le pagó sus desvelos a Liszt enrolándose en un tormentoso affaire con Cósima Liszt, la libidinosa hija del pianista que estaba casada con el director de orquesta alemán Hans Von Bulow. Von Bulow, para mayor desastre, era uno de los defensores de Wagner y su patrocinador, y el viejo Liszt casi se muere de un pasón al ver que Wagner preñó dos veces a la lujuriosa y adúltera Cósima antes de que ésta consiguiera su divorcio de Bulow y pudiera casarse con el zanganete de Wagner. Liszt -quien en su juventud no fue santo varón ni nada parecido-, habiendo engendrado a la misma Cósima en amores adúlteros con una alborotada condesita francesa, escogió retirarle el habla a Wagner por un tiempo, pero luego capituló al ver a su rubio yerno convertido en hombre de familia y marido modelo.
Dicen que no hay mejor marido que el Don Juan reformado, y Wagner halló en Cósima la horma de su zapato. Fue en sus brazos que murió el implacable Wagner en Venecia cuando lo sacudió un pavoroso ataque cardíaco, dejando el recuerdo salobre de rábido antisemita que no puso reparos en aceptar plata de los "despreciables judíos" para montar su última obra Parsifal.