Bienvenidos a El Mundo según Cecilia

Ni en broma ni en serio sino que en ambas formas y gracias a la guìa de mi hija Elizabeth, aquì estoy dando a luz a mi cuarta intervenciòn en Internet, siendo mis anteriores websites www.cablenet.com.ni/historyarte , www.cablenet.com.ni/historia/histoper y www.cablenet.com.ni/rubendario .Soy Cecilia, historiadora y profesora de idiomas tan orgullosamente nicaraguense como nuestro rìo San Juan, tengo 48 años y 27 dìas al momento de comenzar este parto, y es un intento por saltarme la barrera de las censuras, derribar el muro de Berlìn de los convencionalismos gazmoños y evitar que mis aportes se vean entorpecidos por la mediocridad. Aquì encontrarèis mis artìculos sobre historia, mis relatos de terror que sacan tinta de la sangre de los campos de guerra de la Nicaragua violenta de los años80, mis pensamientos filosòficos y mi amor incondicional por los animales. Quizàs sea la màxima expresiòn del egocentrismo militante y el sadismo utilitario, pero os prometo que no estarèis indiferente a nada, que ya es algo en este mundo de tedio y aburrimiento. Pasad adelante y gozad, o a como dicen los "cops" en Estados Unidos: Relax and enjoy it!
Cecilia Ruiz de Ríos
31 de octubre de 2007,Managua

domingo, 18 de noviembre de 2007

todo un valioso guerrero contra la geofagia blanca



PONTIAC, REBELDE Y UNICO

Cuando estudiaba en Francia, tuve un pleito fabuloso con un inglesito llamado Owen que quiso discriminarme por proceder de "una paisito desgraciado e híbrido del Tercer Mundo." A mucha honra le dije que mientras sus ancestros se columpiaban como changos imbañables antes de que los romanos los llegaran a invadir, la mitad de mis antepasados ya tenían el Torah en mano mientras la otra mitad poseía el calendario maya y tenían líderes como Pontiac, el hombre que en este siglo diera su nombre a un carro. Mutis inmediato del chele.

El genuino nombre de este gran líder piel roja nacido en 1720 en el seno de la tribu Ottawa era Bwon-Diac, pero acabó siendo llamado Pontiac por accidentes de la traducción. Al llegar a la adolescencia, Pontiac era un hermosísimo ejemplar de macho humano de casi 6 pies 4 pulgadas, tenía una musculatura respetable y una inteligencia poco común. Era el favorito entre las hembras de la especie, diestro en el manejo de armas y un gran gastrónomo a quien le encantaba la miel de arce (la que hoy consumimos encima de los pancakes). A pesar de poseer una espesa cabellera caoba como para envidiar, Pontiac a los 18 años optó por prescindir de ella para lucir la sensual mollera desnuda que luego lucieron Telly Savalas, Jan Sibelius y hasta nuestro Patrono de la Bolsa. Reza la leyenda que Pontiac se rapó en señal de luto por una bella india a quien los ingleses la violaron y luego mataron.

Recordemos que ya para 1680, 40 años antes del debut de Pontiac en este valle de lágrimas, los indios Ottawa ya comerciaban con sus invasores ingleses y franceses. Los blancos les daban cuentas, espejos, tijeras, ollas metálicas y rifles a cambio de pieles de animales, maíz, metales y tintes. Los franceses eran menos discriminativos con los pieles rojas, llegando a casarse con algunas indias y alternar socialmente con ellos. Los ingleses, sin embargo, eran tremendos racistas y sin bien les gustaban las tierras de los indígenas, no consideraban adecuado tratarles como gente.

Pontiac se vio inspirado por un Profeta Loco que existía en la tribu de los Delaware, y se basó en sus enseñanzas para juntar el engranaje de su rebelión.
Para 1760 ya Pontiac era un aguerrido guerrero. Decidió que su gente debía rechazar al invasor inglés. Son nuestras tierras, y no hay por qué cederlas, rezaba Pontiac. En 1763 se ha firmado ya el tratado de París en el cual Francia no salió muy bien parada.
Tras tantas luchas entre Francia e Inglaterra por el dominio de lo que hoy son Estados Unidos y Canadá, los ingleses quieren ganarse la voluntad de los indios, quienes andan muy enfurruñados.

Designan a un general chele racista llamado Jeffrey Amherst para la tarea de lidiar con ellos, y este señor espera pescar más moscas con hiel que con miel.

Opina que los indios no son humanos y que hay que castigarlos por malportados. Al contrario de los franceses, quienes han sido generosos con los indios con regalos y halagos, Pontiac es recibido fríamente en el Fuerte Detroit, donde Amherst es señor. Un 27 de abril de 1763 Pontiac reúne a una enorme asamblea de indios de las más diversas tribus. Los delegados rememoran los maltratos, las humillaciones, las violaciones y los muertos por obra y gracia de los ingleses.

Pontiac añade leña al fuego al citar las palabras del Profeta Loco de los Delaware."La tierra fue hecha por el Creador para nosotros, no para otros. Fuera con los blancos!" Las tribus, que hasta la vez estaban tirándose de las mechas entre ellos, logran unirse para una coalición de 12 tribus. Pontiac está urdiendo la rebelión. Objetivo, una cadena de 11 fuertes británicos. Todos estos fuertes tienen poca gente, están aislados y en sus inmediaciones viven franceses.

El fuerte de Detroit le merece especial atención a Pontiac. Cerca de él está su terruño.

El primer domingo de mayo de 1763 Pontiac hace una "visita de cortesía" al Fuerte de Detroit so pretexto de bailarle un poco a los ingleses. Pontiac no se pierde detalle dentro del fuerte. Hay sólo unos 35 hombres, mal aprovisionados. Si él lograra meterse con sólo 60 hombres los ingleses estarían "peinados de moña". Luego se reúne con su gente.
Establece que al momento de atacar, la señal será un cinturón Wampun. Si él muestra blanco, no ataquen. Si muestra lado coloreado, al ataque!. Un sábado en mayo de 1763 Pontiac prepara el ataque y se lleva un palmo de narices al encontrar a los británicos bien armados, bayonetas listas y bien avituallados. Pontiac saca el lado blanco del fajón. Pontiac ha sido traicionado por una mujer francesa, la solterona Angélique Cuillerier, la hija de un francés donde Pontiac urdió su plan de ataque. El novio de la francesita es uno de los soldados ingleses, y ella filtró la información que oyó en casa de su padre.

Los ansiosos guerreros indios regañan a Pontiac, y este líder, viendo que se puede desmoronar la frágil unidad indígena, decide atacar un 7 de mayo desde afuera del fuerte. Las rebeliones indias se prenden como mecha, y el 2 de junio otro fuerte es atacado por los Chippewas, aliados de Pontiac. Estos deciden atacar a los ingleses tras un juego de lacrosse, aprovechando que el balón entra al fuerte, piden entrar y una vez adentro sacan las armas. En rápida sucesión, un 16 de mayo de 1763 cae el Fuerte Sandusky, seguido 7 días después por el Fuerte Miami. Un 25 de mayo cae el Fuerte San José y el 29 de mayo, sitian el Fuerte Pitt.

Entre el 16 de mayo y el 20 de junio, 9 de los once fuertes han caído. Los fuertes Pitt y Detroit están sitiados. A inicios de julio, los ingleses logran matar al sobrino de uno de los jefes indios aliados de Pontiac. Los enardecidos indígenas en venganza logran ponerle manos a un gordo y miope inglés, el capitán Campbell, quien se escapó del Fuerte Detroit en busca de ayuda. El fofo Campbell se ve librado de su cuero cabelludo, y los indios le sacan el corazón y se beben su colesterólica sangre. El Gral. Amherst pone precio a la cabeza de Pontiac, primero en 100 libras esterlinas, y luego en 200.

Después de tanta sangre, Pontiac se sienta con los cheles a firmar el tratado Croghan-Pontiac. Acuerdan intercambiar prisioneros de guerra. El caldo parece enfriarse cuando Pontiac, de la boca para afuera, se declara leal súbdito del rey Jorge de Inglaterra. En 1769, 5 años tras la fumada de la pipa de la paz, Pontiac deambula solo en territorio de Ilinois.

Entra a beberse un trago en la tienda de Bayton. Al salir, es asesinado por un vil sicario de la tribu de los Peoria. El asesino se vendió por una caja de licor de las bodegas de los ingleses. La muerte de Pontiac trae más sangre tras de sí, y los implicados en el complot fueron torturados en unas piedras hasta que murieron de inanición. Pontiac, llamado por algunos el Satán del Paraíso del Bosque, pasa a ser una leyenda en la malagradecida historia y no tiene más monumento que esas piedras donde vengaron su muerte...y un carro que corre menos raudo de lo que volaba su ansia de independencia y unidad para los indios.