Bienvenidos a El Mundo según Cecilia

Ni en broma ni en serio sino que en ambas formas y gracias a la guìa de mi hija Elizabeth, aquì estoy dando a luz a mi cuarta intervenciòn en Internet, siendo mis anteriores websites www.cablenet.com.ni/historyarte , www.cablenet.com.ni/historia/histoper y www.cablenet.com.ni/rubendario .Soy Cecilia, historiadora y profesora de idiomas tan orgullosamente nicaraguense como nuestro rìo San Juan, tengo 48 años y 27 dìas al momento de comenzar este parto, y es un intento por saltarme la barrera de las censuras, derribar el muro de Berlìn de los convencionalismos gazmoños y evitar que mis aportes se vean entorpecidos por la mediocridad. Aquì encontrarèis mis artìculos sobre historia, mis relatos de terror que sacan tinta de la sangre de los campos de guerra de la Nicaragua violenta de los años80, mis pensamientos filosòficos y mi amor incondicional por los animales. Quizàs sea la màxima expresiòn del egocentrismo militante y el sadismo utilitario, pero os prometo que no estarèis indiferente a nada, que ya es algo en este mundo de tedio y aburrimiento. Pasad adelante y gozad, o a como dicen los "cops" en Estados Unidos: Relax and enjoy it!
Cecilia Ruiz de Ríos
31 de octubre de 2007,Managua

domingo, 4 de noviembre de 2007

un imperio lleno de clavos



LAS ALBOROTADAS PERIPECIAS DEL TRONO DEL AMAZONAS
Cecilia Ruiz de Ríos

Resulta increíble que incluso muchos profesores de historia-y no hablo solamente de los que laboran en los despectivamente llamados "colegios públicos" y que deben luchar con las uñas para conseguir textos buenos-tienen una completa ignorancia en cuanto a los imperios que existieron en nuestro continente.Hace poco una ex pupila mía confesó estar más "perdida que el hijo de Lindbergh" en cuanto al pasado imperial del Brasil después de haberle solicitado a su importada maestra chelita que le hablara más en detalle de don Pedro de Braganza, último emperador del Brasil.
En el siglo XIX, Brasil aún era una colonia portuguesa, y muy próspera por cierto... Pero se le ocurrió al liliputiense Napoleón Bonaparte llegar a interferir en los asuntos de la península ibérica y la familia real de Portugal salió huyendo como monos en desbandada hacia su colonia más productiva, Brasil. Don Juan, futuro Juan VI de Portugal, metió en un barco a su madre demente(María I de Portugal), su esposa Carlota Joaquina y resto de familia para huir de las huestes napoleónicas y un 21 de enero de 1808, después de haber pasado más de dos meses en travesía marítima, arribaron a las soleadas costas del Brasil. María, quien ya estaba más deschavetada que una cabra, al ver a los negros acercarse al muelle gritó que había arribado al infierno.La "vieja loca"(a como fue llamada María) no fue obstáculo para que los exiliados portugueses fueran bien recibidos en Brasil. En marzo del mismo año se estaban instalando en Río de Janeiro y don Juan montó su corte en exilio.Compró fincas para meter a su disfuncional familia lejos del mundanal ruido y como una araña intrigante, don Juan comenzó a tramar.
En 1814 se le acabó la buena leche a Napoleón Bonaparte y cayó en desgracia, llevando consigo a pique todo un sistema.El borrachín de su hermano José fue echado del trono de España y el pobre Napo iría a dar a Santa Helena con sus pobres huesos.Para entonces ninguno de los dos hijos varones de don Juan eran mayores de edad, con Pedro(futuro Pedro I)de 16 añitos y Miguel 4 años menor. Para colmo en 1816 doña María I murió.Juan fue coronado como Juan VI en Brasil en medio de un boato nunca visto. Viéndose rey, comenzó a buscarle esposas a sus hijos. Para Pedrito fue seleccionada María Leopoldina de Habsburgo, una archiduquesa austríaca que era hija del emperador Francisco I y para colmo era hermana de Ma. Luisa, la tufosa que fue segunda esposa del venido a menos Napoleón Bonaparte.Don Pedro nunca la había visto, estaba muy ocupado persiguiendo mulatas, entre ellas la famosísima Ofenisia que le dio varios bastardos. Leopoldina arribó al Brasil en 1817, y al parecer la belleza chela de la austríaca debe haberle entusiasmado las hormonas a Pedro ya que pronto quedó embarazada, aunque esta preñez acabó en malparto.El clima del Brasil no le sentaba nada bien a Leopoldina. En 1819 la pareja tuvo una hija, Ma. Gloria, seguida en 1821 por el ansiado macho, a quien llamaron Juancito. Tras el nacimiento de este niño, Juan VI se regresó a Portugal mientras que Pedrito se quedó en el Brasil como regente de su padre. Pedro no era el mejor de los maridos y le restregaba numerosas queridas en la cara a su esposa Leopoldina, quien se estaba gastando inútilmente pariendo.En 1822 el bebé Juancito murió, y en 1823 nació otra hija, Paula Mariana. A Pedro urgíale tener un heredero varón ya que su hermano menor Miguel cada vez se ponía más inmanejable y zumbón. Ya para septiembre de 1822 Pedro había decidido emancipar al Brasil del yugo de Lisboa. Juan VI -su padre- le aconsejó montar un golpe de estado para poder cortar el cordón umbilical limpiamente. A los 24 años de edad, Pedro de Braganza se vio a sí mismo como el primer emperador del Brasil independiente.
Tras el nacimiento de una hija, Francisca Carolina en 1824, Pedro I perdió la paciencia con su esposa y la trataba con mucha crueldad.No era ganga ser emperatriz, y Leopoldina se iba deprimiendo cada vez más.El emperador Francisco I de Austria se refería a su yerno como "ese maldito canalla." A fines de 1825 Leopoldina por fin parió al que sería posteriormente Pedro II del Brasil.Pedrito no gozaría por largo tiempo de los mimos de Leopoldina, pues la pobre mujer murió cuando él tenía apenas un año de nacido.
El viejo rey Juan VI murió en 1826.Pedro I del Brasil renunció a sus derechos al trono portugués a favor de su hija Ma. Gloria, y don Miguel, el necio hermanito menor del emperador brasileño, fue nombrado regente de Portugal. Ma. Gloria debía de casarse con su tío Miguel para cimentar la posición política de los Braganza.Miguel, sin embargo, quería quedarse con el trono portugués sin tener que aguantar las malacrianzas de su sobrina.Miguel dio un golpe de estado asegurándose el trono para él. Ma. Gloria, asustada ante la actitud rebelde y hostil de su prometido, se refugió en Londres.Pedro I no exigió satisfacciones de parte de su hermano para con Ma. Gloria ya que estaba en orgías con sus mulatas y en particular con una descarada Marquesa Domitila de Santos.Ma. Gloria regresó el Brasil en el mismo barco en que iba la futura segunda consorte de su papá, la princesa Amelia de Leuchtenberg.
La presencia de Amelia en Brasil sirvió para arrancar al zanganísimo Pedro I de los brazos de la mujer que le hizo un infierno los últimos años a la finada Leopoldina: Domitila, Marquesa de Santos. Esta mujerzuela le había parido varios espurios a Pedro I, envenenándolo en contra de la sufrida Leopoldina, Al morir la desdichada austríaca, Domitila había exigido a Pedro I que legitimara a los bastardos y se casara con ella. Pedro I,asustado ante tales cantaletas de su querida y sabiendo que no debía pagar por lo que consiguió gratis tras la puerta, había mandado a buscar nueva esposa a Europa.Siendo Amelia hija de Eugenio de Beauharnais(Duque de Leuchtenberg), tenía la muchacha los mejores credenciales.
Al ver a Amelia, Pedro I se enamoró a primera vista como un adolescente. Amelia, con su natural dulzura y fogosidad entre sábanas, echó al olvido a la exigente y atrevida Domitila.Aunque Amelia resultó ser más machorra que una mula, su gusto por los niños le hizo ganarse el amor incondicional de sus hijastros. Para 1831 Pedro I finalmente decidió encarar el problema de su rebelde hermano Miguel. Pedro I también estaba siendo criticado por sus súbditos brasileños, por lo cual durante un paseo de campo con su mujer, el barbudo emperador decidió dejar caer la corona brasileña sobre su hijo Pedrito. De esta forma Pedro I podría sacar tiempo para ir a Portugal y sacar a su hermanito del trono.Pedro I abdicó a su corona de emperador del Brasil y su hijo subió al trono como Pedro II. Libre de responsabilidad en Brasil, Pedro papi y su esposa Amelia, junto a la burlada Ma. Gloria, se montaron en un navío inglés rumbo a Europa. Pedro tenía 24 años de no ver su Portugal.En anterior entrega, mencionábamos al primer emperador del Brasil buscando cómo echar del trono a su hermano menor Miguel, en una actitud muy poco filial quizás.
Apenas arribaron a Europa, Pedro y su esposa Amelia viajaron por varias cortes para buscar apoyo monetario que financiara un derrocamiento de Miguel. Aunque los otros reyes de Europa no veían con buenos ojos a Miguel, no estaban listos para abrir sus billeteras y soltarle pasta a Pedro.Al visitar Francia, fue en la corte del rey Luis Felipe "El Rey Ciudadano" que una gran comunidad de portugueses exiliados le manifestaron a Pedro su deseo de apoyarle.Pedro hipotecó una gran parte de sus propiedades y hasta las joyas de Amelia fueron a la casa de empeño en Londres. En 1832 la fuerza de rebeldes se congregó en las islas Azores, de donde salieron rumbo a Portugal. 7 mil efectivos militares cayeron sobre Oporto en julio de 1832. La sorpresa fue tan grande que Pedro se vio victorioso sin haber permitido que las huestes gubernamentales soltaran un solo tiro. Un año después, Pedro y su hermanito Miguel se vieron las caras con expresiones poco hermanables en el campo de batalla.Miguel, unos días después, salió huyendo de Portugal como cachinflín mal prendido, rumbo a Francia. Miguel estaba destinado a nunca recuperar su trono, y se fue primero a Francia y luego a Austria, donde se casó con una princesa de la casa Lowenstein-Wertheim para procrear varios retoños. Los descendientes de Pedro I y Miguel se reconciliarían hasta en la década de 1920, probando que todo caldo se enfría con el soplo de los años.
Pedro por su parte no vivió mucho tiempo para gozar de su triunfo. A un año de haber sacado del trono a su hermano menor, murió tan súbitamente que no faltaron las malas lenguas que afirmaran que fue envenenado.Lo triste del caso es que apenas tenía 35 años de edad.María II, su hija, era apenas una quinceañera al morir Pedro y no estaba casada para producir su propio heredero. En 1835 María II le dio el sí al guapísimo príncipe Augusto de Leuchtenberg, hermano menor de su madrastra Amelia.María enviudaría a los 8 meses de casada sin haber logrado quedar encinta. Desconsolada y sola en su palacio de Lisboa, María II casi pedía marido a gritos. Varios candidatos fueron propuestos, ganando la mano de la joven viuda el príncipe Fernando de Saxe Coburgo Gotha, sobrino de Leopoldo I de Bélgica. firmándose a finales de 1835 el contrato matrimonial. Fernando arribó a Portugal para que la boda se verificara un 8 de abril de 1836.
Mientras tanto, en el caluroso Brasil el joven Pedro II ignoraba todas las desgracias que se habían arpillado encima de su hermana mayor María II. El niño emperador fue puesto bajo una regencia hasta que pudiera llegar a una edad en que reinara sin supervisión.Los tutores del joven Pedro quisieron que no fuera un zanganete como su papá, y le inculcaron altos valores morales, construyendo un gran lazo de amor entre Pedro y sus hermanas. Además, el agridulce recuerdo de su madre Leopoldina fue sacado del catafalco para convertirla en casi una mártir. En 1840 la regencia tocó a su fin.Pedro, con sus ojos azules y pelo rubio heredado de su mamá,tenía solo 15 años. No lo habían terminado de coronar cuando lo apresuraron a buscar cómo casarse y tener hijos. Bajo las leyes del Brasil de entonces las mujeres podían acceder al trono solamente si no había herederos varones.Debían además buscarle buenos maridos a las hermanas de Pedro.El clavo es que para ese entonces, no eran muchos los posibles consortes que desearían dejar sus palacios en Europa para venir a vivir "al otro lado del charco" y con un clima considerado infernal. Una princesa nacida en la Casa de las Dos Sicilias,Teresa, fue seleccionada para Pedro II.No era bella, pero era modesta y quieta. Cuando el rubio Pedro II por fin fue presentado a su futura esposa, no pudo ocultar su decepción."Mujercita más espantosa. Es terrible,no puedo copular con ella, huy!"dijo afligido.
Uno de sus tutores nuevamente sacó a bailar la desdicha de la sacrificada Leopoldina, y Pedro, recordando las lágrimas de su fenecida madrecita, optó por aguantar y aceptar a Teresa de una vez por todas. Pedro II por fin se casó con su prima napolitana y comenzaron a fabricar gente mientras las hermanas de Pedro se casaban a su vez con príncipes europeos.
Tras un año de matrimonio, Pedro y Teresa tuvieron a un chiquillo, Alfonsito, quien fue recibido en este valle de lágrimas en 1845 con gran alegría. Un año después nació la princesita Isabel. En 1847 la tragedia tocó al hogar de Pedro II cuando su hijo Alfonso fue encontrado muerto en su cunita. A pesar de que Teresa poco después le tuvo otra hija-Leopoldina-Pedro estuvo tan deprimido que escribió sonetos alusivos a la muerte de su hijito. En 1848 otro varón nació, bautizado Pedro, pero dos años después este varoncito también se les murió chiquito. Tras la pérdida del segundo varoncito, Pedro y Teresa no tuvieron más hijos. Pedro II se resignó a que su hija Isabel fuera creada Princesa Imperial del Brasil. Pedro con el correr de los años fue apartando protocolo y esto permitió que tuviera mejor contacto con su pueblo. Pedro II fue aplaudido como gobernante liberal, en el buen sentido de la palabra.Brasil se encontraba con el vergonzante cáncer de la esclavitud de los negros, y eso le caía gordísimo al gentil Pedro II. Para estos entonces, Gran Bretaña-cuyo pasado había sido manchado por la sangre de los negros esclavos- ahora era la lideresa mundial en la pugna por abolir cualquier forma de esclavitud. En 1826 Gran Bretaña y Brasil habían firmado un pacto para acabar con el tráfico de esclavos, pero a como sucede con muchos tratados, dormía el sueño de los justos ya que Pedro I nunca le había puesto mucha mente al acuerdo. 2 décadas después de haber firmado este tratado, Gran Bretaña le estaba respirando fogoso sobre la nuca al Brasil para renovar el acuerdo. Ante el caos económico que podría venir, algunos asesores le aconsejaron a Pedro II que se "hiciera el sueco." Londres enfurecida envió patrulleros a acechar las costas brasileñas y al no poderse defender, el Brasil tuvo que bailar con la loca de las exigencias inglesas. En 1850 Pedro II y su gobierno cambiaron de postura.Se firmó un nuevo pacto con los ingleses y en 1871, un envalentonado Pedro II patrocinó la ley que liberaba las entrañas de las esclavas, lo cual significaba que cualquier chiquillo nacido de esclava era automáticamente ciudadano libre. En 1885 Pedro II se relamió del gusto cuando se pasó una ley mediante la cual todo esclavo mayor de 60 años por fin era libre. Un 13 de mayo de 1888, aprovechando una ausencia de su papi del país, la princesita Isabel actuando como regente de Pedro II abolió finalmente la esclavitud en todas sus formas en el Brasil.
La bella y dulce Isabel sería premiada por el destino con una boda por amor con Gastón de Borbón Orleans, quien la amó desde la primera vez que la vio.Ella dio el sí a Gastón.Tras parir una niña que murió poco después de nacer, Isabel tuvo tres hijos(Pedro en 1875, Luis en 1878 y Antonio en 1881).Como consecuencia de la Ley Dorada con la cual liberó a los esclavos, se proclamó el 16 de noviembre de 1889.Don Pedro II y su familia fueron retirados al exilio con suma cortesía. Primero arribaron en Portugal, donde Pedro II quedó viudo al morir su esposa Teresa, quien falleció añorando la exhuberancia del Brasil.Pedro II, como papalote sin cola, murió en París durante una visita el 5 de diciembre de 1891, como punto final del episodio del trono del Amazonas.

1 comentario:

Luisa dijo...

Gracias Cecilia. Me ayudaste mucho a dilucidar algunos misterios imperiales. En mi familia figuran importantes documentos que datan de aquella época. Nada menos que la carta original firmamada por Francisco I, concediéndole la mano de su hija Leopoldina a Pedro I.
Hemos intentando durante muchos años verder dichos documentos al gobierno de Brasil, pero no se ha concretado.
Mucha suerte y te felicito
Luisa Edwards
Santiago, Chile